RuNet, el proyecto de Putin para desconectar a Rusia del internet global

Rusia pretende aislarse de la red global de internet. El proyecto, RuNet, busca dar seguridad frente a ciberataques externos y controlar la información a la que acceden los ciudadanos rusos. Es la gran apuesta de Moscú por un internet fragmentado en islas independientes.
Tecnología y cienciaRusia y espacio postsoviético
RuNet, el proyecto de Putin para desconectar a Rusia del internet global
Fuente: elaboración propia con imágenes de Pxhere y PMGall

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

“Internet es un proyecto de la CIA”, sentenció Vladímir Putin en 2014. Desde entonces el Kremlin ha intentado censurar redes sociales y otras páginas web, pero ahora quiere ir más allá: pretende aislar al país de la red global de internet. El proyecto, conocido como RuNet, sería una red disponible solo en Rusia, similar a la intranet interna de algunas empresas e instituciones. 

El objetivo oficial es blindar al país frente a amenazas externas que aprovechen la apertura del internet global para desestabilizar a Moscú. Pero en la práctica, este modelo cerrado otorgaría al Gobierno ruso la capacidad para rastrear e interceptar todo el tráfico de esta red nacional, controlando el contenido en línea accesible desde el país. Este poder ayudaría a evitar que los ciudadanos se movilicen a través de las redes como ocurrió en 2021 con las protestas en apoyo al opositor Alexéi Navalni

Una internet soberana y controlada

El propio Gobierno ruso se encargaría de filtrar, regular y redirigir el tráfico de RuNet a través de Roskomnadzor, la agencia federal para la supervisión de telecomunicaciones, medios y tecnologías. Roskomnadzor actuaría como una especie de aduana digital que permitiría al Kremlin bloquear de forma extrajudicial aquellos contenidos y páginas que considere una amenaza.

Esta práctica eliminaría las constantes tensiones con plataformas estadounidenses como Twitter. En marzo de 2021, Roskomnadzor ralentizó la velocidad de esta red social en Rusia como represalia por no haber eliminado contenido que el Kremlin consideraba “prohibido”. Ese mismo año Rusia se convirtió en el segundo país que más solicitudes estatales de eliminación de contenidos envió a Twitter.

https://elordenmundial.com/navalni-sera-un-icono-para-occidente-pero-tiene-poco-apoyo-en-rusia/

La iniciativa de RuNet se recoge en la Ley de Internet Soberano de 2019, y el Gobierno lleva desde entonces trabajando para superar las complicaciones técnicas que entraña un proyecto de esta magnitud. En 2019 y 2021 las autoridades confirmaron que hicieron pruebas para desconectar a los usuarios rusos de la red mundial y redirigirles a RuNet. En ambos casos informaron de que fueron exitosas y sin contratiempos. Incluso aclararon que los usuarios no habían percibido el cambio. Sin embargo, algunos operadores de telecomunicaciones rusos alertaron de ralentizaciones e interrupciones del servicio durante las primeras pruebas, y varios expertos dudan de su fiabilidad por falta de datos.

RuNet cambiará la estrategia de ciberdefensa rusa

La posibilidad de que Rusia pueda aislarse del internet global tiene implicaciones geopolíticas para el país y para la ciberseguridad del resto del mundo. RuNet podría cambiar la estrategia de ciberdefensa rusa. El país ya realiza ciberataques ofensivos y de búsqueda de información contra objetivos en todo el mundo. Para ello suele utilizar intermediarios, como proxys cibernéticos o servidores no estatales. De hecho, el 58% de los ataques cibernéticos de agentes respaldados por Estados entre julio de 2020 y junio de 2021 provenían de Rusia

Estas incursiones solo pueden llevarse a cabo si los ciberatacantes están conectados a la red global y tienen capacidad para actuar a nivel internacional. Es decir, la apertura y la universalidad de internet permiten asaltar sistemas extranjeros desde otro país. Pero si Rusia se aislara de internet perdería su capacidad para lanzar estas operaciones transfronterizas. 

Para superar el autobloqueo, el Kremlin tendría dos opciones no exentas de riesgo. La primera consiste en abrir el cerco: habilitar puntualmente el acceso al internet global desde dentro del país. Sin embargo, eso haría muy fácil identificar de dónde provienen los ciberataques y conocer su autoría. La segunda solución se basa en deslocalizar: usar servidores de confianza fuera de Rusia. De esta forma, sus cibermercenarios podrían atacar objetivos extranjeros a través de la red global sin comprometer directamente a Moscú. Este planteamiento ya se ha probado con operaciones rusas desde países como Ghana o Nigeria para atacar objetivos estadounidenses. 

¿Una falsa sensación de seguridad?

Para que RuNet pueda operar, Rusia debe asegurarse de que el contenido accesible esté ubicado en servidores alojados en su territorio y no en el extranjero, como ocurre ahora. De esta manera, podrá desviar todo el tráfico de internet a puntos de intercambio controlados por Roskomnazor con la colaboración de los operadores de telecomunicaciones rusos.

Pero RuNet encierra una vulnerabilidad: un internet nacional centralizado y autónomo también es una red más débil e insegura. La gran ventaja de la arquitectura del internet global es que tiene servidores repartidos por todo el mundo, lo que dificulta la trazabilidad de las comunicaciones y facilita la supervivencia de la red si un nodo deja de estar operativo.

En cambio, si Rusia genera un internet nacional con servidores dentro de sus fronteras, quedaría expuesto a agentes maliciosos. De esta forma sería más sencillo manipular el enrutamiento del tráfico dentro de Rusia desde un único punto y espiar el tráfico de RuNet. La concentración puede facilitar el acceso de hackers, servicios de inteligencia extranjeros y otros actores a la información confidencial del país. 

De fragmentar internet a la autarquía tecnológica

“No tenéis soberanía donde nos reunimos”, sentenció John P. Barlow en la Declaración de Independencia del Ciberespacio de 1996. Este ciberactivista se refirió así a la incapacidad de “los Gobiernos industriales del mundo” de mandar sobre internet. Más de dos décadas después, la conclusión de Barlow hace aguas.

La idea de Rusia sobre fragmentar internet no es nueva. El cambio está en su método, en la forma y no en el fondo. Mientras Moscú apuesta por romper con la infraestructura, otros países han levantado muros en los contenidos de la red. El más conocido es el Escudo Dorado de China, un sistema que actúa como cortafuegos para filtrar el contenido accesible para los usuarios chinos. A esta lista se suman Irán, Vietnam o Egipto.

El software y la estandarización de tecnologías como el 6G son otros ámbitos donde puede darse una fractura entre Occidente y China. En 2020, en plena guerra tecnológica entre China y Estados Unidos, Donald Trump prohibió la instalación de software estadounidense en dispositivos Huawei, a lo que la empresa china respondió lanzando su propio sistema operativo. Esta tendencia a crear islas tecnológicas aisladas no solo genera retos geopolíticos y socava la seguridad del ciberespacio, sino que es síntoma de una grave crisis de confianza internacional que ahora se traslada al ámbito digital.

Raquel Carretero

Doble graduada en Relaciones Internacionales y Periodismo. Contribuyo al debate sobre el diseño de políticas digitales y regulación tecnológica en el área de Políticas Públicas de Telefónica. Antes conocí la magia de la radio en “Hoy por hoy”, en Cadena SER. Interesada en el análisis del impacto de la tecnología en la economía y la sociedad internacional.