La llaman “ciberguerra fría”, “la nueva Guerra Mundial” o simplemente “ciberguerra”, pero el concepto es el mismo: una batalla que se está librando online y que entraña dos consecuencias distintas a la de la guerra tradicional. En primer lugar, los atacantes no son fácilmente identificables; en segundo, no hacen falta tantos recursos como en la guerra física, con lo que casi cualquier país puede hacer daño a otros.
La ciberguerra, por tanto, abre escenarios geopolíticos nuevos. Los países aliados en el terreno físico no tienen por qué serlo en el digital, con lo que sus presidentes pueden charlar amistosamente en una cumbre internacional mientras sus ciberejércitos luchan. Y esos ataques no generarán tensión política entre ellos, al menos no de manera pública. Este es un escenario en el que todos vigilan y atacan a todos, aunque nadie lo reconozca.
Los atacantes y los atacados
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