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La Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea (PESC) es la estrategia para la acción diplomática y defensiva conjunta del bloque comunitario. Sus objetivos son mantener la paz, reforzar la seguridad y fomentar la cooperación internacional, consolidar la democracia, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales. Asimismo, fomenta el comercio, la ayuda humanitaria y la cooperación. Mediante unas relaciones sólidas y favorables, la PESC pretende hacer de Europa un actor internacional más fuerte, capaz y efectivo.
Consolidar a la UE como actor internacional
La Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea ha evolucionado con la propia UE. Se instauró en 1993 con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht del año anterior, como uno de los tres pilares de la Unión. Después, el Tratado de Ámsterdam de 1997 y el Tratado de Niza de 2001 fortalecieron la toma de decisiones. Ya en 2009, el Tratado de Lisboa le dio personalidad jurídica a la UE. Con ello le dio estructura jurídica a la PESC, incluida la figura del alto representante, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y una actualización de la política común de seguridad y defensa, surgida en 2003.
Para desarrollar sus tareas, la PESC cuenta con varios órganos. El SEAE es el brazo diplomático: tiene 145 oficinas y delegaciones, además de veinte misiones y operaciones que realizan tareas humanitarias, de evacuación y de mantenimiento de paz. El Consejo de Asuntos Exteriores, encabezado por el alto representante, reúne a los ministros de Exteriores y se ocupa de la acción de la UE en política exterior, comercio, defensa y seguridad, ayuda humanitaria y cooperación para el desarrollo. También está la Agencia Europea de Defensa, que coordina, fomenta e investiga las necesidades y capacidades militares.
La PESC y el reto de la unanimidad
Las decisiones más importantes de la UE en política exterior y de seguridad se adoptan por consenso entre los Estados miembros, que actúan a través del Consejo Europeo. Esto exige llegar a acuerdos que fortalecen la acción conjunta, pero el propio requisito de la unanimidad dificulta conseguirlos. Por eso ha habido actores como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente francés Emmanuel Macron o el canciller alemán Olaf Scholz que han abogado por acabar con esta exigencia para darles más peso a los Estados miembros. Asimismo, éstos financian algunos proyectos de defensa.
Las diferencias entre los Estados miembros se ven en las relaciones internacionales y en las necesidades en seguridad. Por ejemplo, la invasión rusa ha llevado a la UE a apoyar a Ucrania, pero para adoptar sanciones contra Moscú ha tenido que negociar con Hungría, cercana al Kremlin por su dependencia energética. Además, ha habido una división entre europeístas y atlantistas por la defensa de Europa, que no tiene un ejército propio. La guerra en Ucrania le ha dado más peso a los segundos con el refuerzo de la OTAN. No obstante, el gasto en defensa y los retos de seguridad también dividen a los Estados miembros en la PESC: el sur mira al Sahel o la migración en el Mediterráneo, mientras que en el este pesa más el miedo a Rusia.
Un paso al frente
En la UE se han aprobado varios documentos para el futuro de la Política Exterior y de Seguridad Común. La Estrategia Global, de 2020, impulsó la acción en seguridad energética, migración, cambio climático y contra el extremismo violento y las amenazas híbridas, para estas últimas reforzando la ciberseguridad. Sus prioridades son la seguridad y defensa, la resiliencia estatal y social, un “enfoque integrado de los conflictos y las crisis”, la cooperación regional y la “gobernanza mundial basada en las normas”.
En ese marco, la Brújula Estratégica aprobada en 2022 marca el camino de la defensa conjunta en los próximos años. Para ello señala cuatro frentes: mejorar la actuación frente a crisis, garantizar la seguridad ciudadana, invertir en capacidades y tecnologías y reforzar alianzas. Además, creará una fuerza de 5.000 militares para 2025 que aumentará la capacidad de reacción rápida de la UE. Los objetivos de la Brújula están enmarcados en las prioridades y amenazas —inestabilidad fronteriza— identificadas en la Estrategia Global. Asimismo, el informe final de la Conferencia sobre el Futuro de Europa de 2022 propuso que la UE tome decisiones más rápidas y efectivas en política exterior para consolidarse como actor global.