Europa no quiere seguir a Estados Unidos en su lucha contra China
Las críticas de Macron a la estrategia de confrontación de Estados Unidos hacia China han tensionado la relación transatlántica, pero también abren el debate sobre una vía europea con Pekín. La Unión parte dividida, y Bruselas busca un equilibrio entre su aliado y su primer socio comercial.
“Europa tiene que evitar verse atrapada en crisis que no son nuestras”, dijo Emmanuel Macron a su regreso el pasado 9 de abril de la visita oficial a China. El mensaje llegaba horas antes de que Pekín iniciase maniobras militares alrededor de Taiwán en respuesta a la visita de la presidenta taiwanesa a Estados Unidos. En pleno aumento de tensiones entre la Casa Blanca y China, el presidente francés marca distancias con Washington. Algunos congresistas estadounidenses tildaron sus palabras de “traición” a Taiwán, y socios europeos como la República Checa y Polonia mostraron su incomodidad.
Macron recupera la idea de la autonomía estratégica mientras Washington ha ganado poder sobre Europa, especialmente en materia de seguridad. No quiere caer en la narrativa estadounidense de aislar o confrontar a China, ni participar en su estrategia de seguridad para el Indo-Pacífico. Aunque no lo digan de forma tan directa, es una postura que comparten Alemania o España, que también han profundizado sus relaciones con Pekín. No obstante, las divisiones en la Unión Europea y su dependencia de China complican una vía alternativa a la estadounidense.
La relación transatlántica es complicada
La guerra de Ucrania ha estrechado la alianza de seguridad entre Estados Unidos y Europa. Apenas un año después de que Macron declarase a la OTAN en “muerte cerebral”, la amenaza que plantea Rusia la ha revivido. Finlandia, país tradicionalmente neutral con Moscú, se sumó a la Alianza hace unas semanas, y a Suecia solo le falta superar el veto de Turquía y Hungría. Estados Unidos cuenta con un gasto en defensa que fue del 3,5% de su PIB en 2021, bastante superior al 1,5% de media de la UE, y con 1.800 cabezas nucleares desplegadas. Son capacidades militares clave para Europa si quiere disuadir a Rusia de un ataque. Pero más allá de la seguridad, las relaciones transatlánticas son complejas, en especial las comerciales.