El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) es la organización que regula la seguridad de la tecnología nuclear a nivel mundial. Se fundó en 1957 como organismo conexo al sistema de Naciones Unidas y tiene su sede en Viena. El OIEA cuenta con 175 Estados miembros para garantizar la aplicación de los tratados que regulan el uso de esta tecnología con fines pacíficos y la seguridad de las personas y el medioambiente. Sin embargo, carece del poder para hacer cumplir las normas en cada país.
El OIEA trabaja en los ámbitos de tecnología y aplicaciones nucleares, seguridad tecnológica y física, y salvaguardias para desalentar la propagación de armas nucleares. A su vez, ofrece servicios de cooperación técnica, investigación o asesoramiento. Para detectar usos indebidos acuerda inspecciones en las que revisa las instalaciones, toma muestras y verifica que no haya actividades no declaradas sobre la energía nuclear.
Centrales y cabezas nucleares: cada vez más trabajo para el OIEA
El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial había plantado el miedo a los posibles usos de la tecnología nuclear, pero también evidenció que estas armas podían usarse como elemento disuasorio y herramienta de poder. Muchos países ansiaban desarrollarlas. El Organismo Internacional de Energía Atómica, por tanto, surgió en el seno de la ONU a partir del discurso del presidente estadounidense Dwight Eisenhower para promover su uso pacífico y seguro.
Desde entonces, el OIEA ha introducido normas de seguridad de consenso mundial sobre la explotación, uso y transporte de la tecnología nuclear, para proteger a la población de la radiación y prevenir riesgos. Aunque aplicarlas está en manos de los Estados, la carrera armamentística de la Guerra Fría o los accidentes de Chernóbil en 1986 y Fukushima en 2011 llevaron a aumentar la cooperación internacional.
Por un lado, las armas nucleares pasaron a ser clave para la geopolítica mundial. El Tratado de No Proliferación Nuclear se creó en 1968 para prohibir su desarrollo, pero los países pueden escoger si firmarlo o no y seguir adquiriendo armas de este tipo. Hoy en día nueve países poseen armas nucleares y ninguno ha firmado el Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares, el primer tratado vinculante al respecto. De hecho, en 2022 aumentó el número de cabezas nucleares desplegadas, las potencias han modernizado su armamento y es posible que en la próxima década dejen de reducir su arsenal nuclear.
Por otro lado, el auge de la energía atómica en la segunda mitad del siglo XX permitió producir electricidad en las primeras centrales nucleares. En la actualidad, 32 países producen energía nuclear en 440 reactores y treinta más consideran sumarse. Esta energía representa más de la mitad de la producción eléctrica en Francia, Ucrania o Eslovaquia, y el 10% de la energía mundial. Mientras, Bielorusia, Turquía o Bangladés están construyendo su primera central. El OIEA se encarga de asegurar que esos reactores sean seguros.
Alertas en Ucrania, Irán y Corea del Norte
El Organismo Internacional de Energía Atómica ha ganado atención en 2022 por la guerra en Ucrania. En concreto, ha alertado del riesgo de un accidente nuclear en la planta nuclear de Zaporiyia, que con seis reactores nucleares es la mayor central de Europa. Las fuerzas rusas ocuparon la central pocos días después de iniciar la invasión y desde entonces ambos bandos se acusan de atacarla. Una explosión podría dañar el suministro eléctrico que refrigera los reactores, y aunque apagados como están ahora requieren menos energía para enfriarse, podría producirse una catástrofe. Por ello, el equipo de expertos del OIEA que visitó Zaporiyia entre agosto y septiembre pidió que se establezca una zona de protección para evitar más daños.
El OIEA también ha mostrado su preocupación por los avances nucleares de Irán y Corea del Norte. Desde que el entonces presidente estadounidense Donald Trump abandonó el acuerdo nuclear con Irán en 2018, Teherán ha retomado su programa. El Organismo encontró un aumento del uranio enriquecido al 60% necesario para desarrollar bombas atómicas y quedó sin visibilidad porque las centrales eliminaron las cámaras de monitorización. Mientras tanto, Corea del Norte está reabriendo instalaciones que había cerrado en 2017, y el OIEA también advirtió que Pionyang estaba ampliando su programa de enriquecimiento de uranio.






