La nuclear es el origen del 67% de la producción eléctrica en 2020 de Francia. De hecho, es el país del mundo que más uso hace de esta fuente de energía. Es también el segundo que más reactores tiene —56—; el segundo que más energía nuclear produce en términos absolutos y el segundo mayor exportador neto de electricidad, en los dos primeros casos solo por detrás de Estados Unidos y en el tercero de Canadá.
Por si fuera poco, Francia es uno de los pocos países que puede presumir de tener un ciclo de combustible nuclear cerrado —además de civil—: desde que entra en el país, todo el proceso de tratamiento de uranio, desde su concentración y enriquecimiento hasta su reciclaje y almacenamiento, sucede en suelo francés, sin ser necesaria la externalización de ninguna fase.
De esta manera, el mapa de la energía nuclear en Francia comienza con la importación de uranio en su estado natural a través del puerto de El Havre desde Níger y Canadá, principalmente, o ya enriquecido en Rusia cuando proviene de Kazajistán. Durante la segunda mitad del siglo pasado la extracción en territorio nacional pudo sostener la demanda interna, pero a medida que el apetito nuclear francés aumentó y que las minas metropolitanas fueron perdiendo rentabilidad París tuvo que buscar proveedores extranjeros.
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