Las armas nucleares ya están prohibidas, pero el desarme aún está lejos

La entrada en vigor del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares es un avance hacia el desarme nuclear total. Sin embargo, la renovación al mismo tiempo del Tratado Nuevo START entre Estados Unidos y Rusia indica que desmantelar estas armas aún depende de la voluntad de las potencias nucleares. A esto se suma el renovado interés de países como Irán o China por adquirir o incrementar su tecnología nuclear. Pese a que estas armas ya están prohibidas, todo apunta a que el desarme nuclear todavía está lejos.
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Las armas nucleares ya están prohibidas, pero el desarme aún está lejos
Fuente: elaboración propia.

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Dos noticias sobre proliferación nuclear en las primeras semanas de 2021 han dado un nuevo impulso al movimiento internacional por el desarme nuclear. La primera es la entrada en vigor del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) el pasado 22 de enero, con 54 Estados partes, seguida cuatro días más tarde por el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia para extender otros cinco años el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START. Pese al gran número de países partidarios del desarme, así como el compromiso entre las dos grandes potencias nucleares para limitar sus respectivos arsenales, estos dos tratados están lejos de reducir las armas nucleares en el mundo de forma significativa.

El TPAN y el Nuevo START han puesto de relieve la existencia de dos universos paralelos en la proliferación nuclear. Por un lado, los países nucleares y sus aliados son partidarios de mantener e incluso mejorar los arsenales nucleares existentes, con acuerdos bilaterales para limitar la proliferación cuando sea necesario. Por otro, están los países que no poseen armas nucleares, muchos de los cuales han sido víctimas de las consecuencias de las pruebas nucleares y la radiación. Estos países presionan a las potencias nucleares para lograr el desarme, sobre todo a través de tratados internacionales como el TPAN, pero se encuentran ante una incapacidad frustrante para conseguirlo.

La utopía del Tratado de Prohibición

El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, que entró en vigor el 22 de enero de 2021, se ha convertido en el primer acuerdo internacional vinculante que busca abolir las armas nucleares. El TPAN prohíbe el desarrollo, prueba, producción, almacenamiento, estacionamiento, transferencia, uso y amenaza de uso de armas nucleares para los Estados partes. Inspirado en tratados previos que limitan armas como las minas antipersona o las armas químicas, el Tratado envía una señal a la comunidad internacional sobre la inmoralidad de usar armas nucleares y sobre sus catastróficas consecuencias.

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Pese a que el Tratado es vinculante para los países firmantes, no incorpora mecanismos para verificar su cumplimiento. Además, ningún país con armas nucleares lo ha firmado, por lo que no están obligados a cumplirlo. A este rechazo también se han unido los países que tienen alianzas militares que incluyen disuasión nuclear, como Japón, Corea del Sur o los miembros de la OTAN con Estados Unidos. Washington anunció que si estos países firmaban el tratado perderían la protección nuclear estadounidense. Por tanto, la no participación de las potencias nucleares y sus aliados en el TPAN muestra que, aunque el Tratado es un paso más para deslegitimar las armas nucleares, el mundo aún está lejos de su desmantelamiento total.

El TPAN es una señal de la frustración de los países sin armas nucleares hacia el aumento de la proliferación. Desde el final de la Guerra Fría en 1991, el número de armas nucleares en el mundo ha pasado de 49,000 a 13,500, más del 90% de las cuales pertenecen a Estados Unidos y Rusia. Pese a este avance, el desarme se ha ralentizado e incluso revertido en la última década. Por ejemplo, la Administración Obama invirtió alrededor de un billón de dólares en modernizar el arsenal estadounidense para cumplir con las condiciones que los republicanos del Senado habían impuesto para ratificar el Nuevo START.

Otro factor que ha socavado los esfuerzos hacia el desarme nuclear ha sido la creciente asertividad de Rusia, después de que Vladímir Putin volviera a asumir la presidencia en 2012. Desde entonces, el país ha modernizado su arsenal y ha adquirido nuevas armas como misiles de crucero de propulsión nuclear, misiles hipersónicos y drones submarinos. Además, existe una amenaza continua de Irán, Corea del Norte o China, que se han interesado en adquirir y ampliar su tecnología nuclear a causa del aumento de las tensiones geopolíticas.

Las armas nucleares significan poder, y las potencias no quieren renunciar a él

El avance de la proliferación nuclear en la última década es una prueba más de que las armas nucleares aún tienen valor para la comunidad internacional, tanto en el campo estratégico como en el legal. Por un lado, los países con armas nucleares dan mucha importancia a su componente estratégico. Corea del Norte, por ejemplo, utiliza su arsenal como instrumento disuasorio ante un posible ataque estadounidense, a la vez que mantiene en tensión a potencias vecinas como Japón y Corea del Sur, quienes renunciaron a las armas nucleares en favor de garantías de seguridad de Estados Unidos.

Sin embargo, las armas nucleares no solo sirven para hacer la guerra o amedrentar a la potencia rival, sino también para legitimar a los países que las poseen y a sus líderes, al aumentar su relevancia internacional. Es el caso de Rusia, que utiliza su capacidad nuclear para hacerse un hueco en la mesa pese a tener un PIB menor que países sin armas nucleares, como Italia y Alemania. Moscú saca partido de su inmensa capacidad nuclear para mostrarse como una potencia fuerte y segura de sí misma, lo cual le facilita conseguir sus objetivos en política exterior. 

El Nuevo START es un ejemplo de cómo Rusia saca partido a su arsenal nuclear para presentarse como una gran potencia al nivel de Estados Unidos. Negociado por los entonces presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev en 2010, este tratado limita la capacidad nuclear de ambas potencias a un máximo de 1.550 ojivas y 800 sistemas balísticos de más de 5.500 kilómetros de alcance. El pasado 26 de enero, solo unos días después de la entrada en vigor del TPAN, la recién inaugurada Administración de Joe Biden llegó a un acuerdo con Rusia para extender el Tratado cinco años más, hasta 2026. De no haber llegado a un pacto, los arsenales de las dos mayores potencias nucleares no tendrían límites verificables, lo que abriría la puerta a una posible carrera armamentista. La extensión del Nuevo START muestra que, pese a que el TPAN prohíba las armas nucleares sobre el papel, cualquier avance hacia el desarme sigue en manos de las potencias nucleares.

Ante la imposibilidad de obligar a las potencias nucleares a renunciar a sus armas nucleares, la comunidad internacional solo puede estigmatizarlas y deslegitimarlas. Como gran parte de la relevancia de estos arsenales está en el valor que la sociedad y los líderes les otorgan, un rechazo social internacional más contundente podrían disuadir a países que se plantean incrementar y modernizar sus arsenales nucleares. Es el caso de China, que, incentivada por la renovación del Nuevo START, ya se plantea incrementar su arsenal para ponerse a la altura de rusos y estadounidenses en un esfuerzo por consolidarse como gran potencia militar y estratégica. 

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El arsenal nuclear de China, la nueva amenaza

China ha pasado de ser vista como un país en desarrollo a ser una gran potencia con capacidad de competir con Estados Unidos en un gran número de campos, desde el económico hasta el tecnológico. Sin embargo, su nueva posición en el panorama internacional no se ha traducido en un arsenal nuclear a la altura de Rusia o Estados Unidos. Pekín ha establecido varios objetivos en los ámbitos militar, tecnológico y económico para 2049, cuando se celebrará el centenario de la fundación de la República Popular. Dado el valor de las armas nucleares en términos de legitimidad y poder, es probable que el Gobierno chino decida incrementar su capacidad nuclear para ponerse a la altura de los otros dos países.

Estados Unidos tiene razones para preocuparse por el ascenso nuclear chino. En un informe publicado en septiembre del 2020, el Departamento de Defensa estadounidense advirtió que China esperaba duplicar su arsenal durante la próxima década. Esto tendría consecuencias geopolíticas importantes en Asia, sobre todo para países que rivalizan con Pekín, como India o Japón, pero también para Rusia, que pese a su nueva cercanía con China no vería con buenos ojos la presencia de otra potencia nuclear en el continente. Consciente de esto, la Administración Trump ya propuso extender el tratado Nuevo START para incluir a China, pero Pekín se opuso. Se estima que China posee unas 350 ojivas nucleares, muy lejos de las 1.550 que el tratado permite, por lo que su postura sería lógica. En cualquier caso, el Nuevo START ha abierto el debate sobre si conviene negociar un tratado de control de armas nucleares con China. 

Es difícil saber si el TPAN y el Nuevo START han acercado al mundo hacia el desarme nuclear total. Por un lado, la prohibición de las armas nucleares del TPAN no garantiza el desarme a corto y medio plazo debido a la ausencia de un mecanismo de cumplimiento. Asimismo, la extensión del Nuevo START deja aún muchos frentes abiertos y cuestiones sin resolver, como el futuro del arsenal nuclear chino. El mundo ha tardado 76 años desde de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en declarar ilegales las armas nucleares; el desarme total podría tardar aún más.

Marta Granados

Barcelona, 1999. Graduada en Relaciones Internacionales y Asuntos Humanitarios en Fordham University (EE. UU.). Interesada en la Nueva Ruta de la Seda china y las relaciones entre Europa y China.