El dilema fáustico de Alemania
El contraste entre la frialdad de los cálculos estratégicos y la pasión de las identidades puede provocar grandes disonancias. Cuando se producen rápidas transformaciones geopolíticas y cambios drásticos en los equilibrios de poder que dan lugar a problemas de seguridad, la conciliación no resulta nada sencilla. Alemania está siendo un claro ejemplo. El diario alemán Die Welt publicaba este verano una polémica tribuna en la que se defendía que el país teutón necesitaba hacerse con sus propias armas nucleares. Muchos se preguntaron cómo era posible que un país pacifista como Alemania estuviese discutiendo semejante cuestión. El artículo, que tuvo gran repercusión tanto dentro como fuera de Alemania, lo planteaba de forma seca y llana: realpolitik.
Por razones de disuasión ante el empuje ruso en el flanco oriental y dada la ambivalencia del presidente Trump con respecto a la cláusula de defensa mutua de la OTAN, Alemania no debía descartar fórmulas que, bien mediante su europeización, bien de forma autónoma, pudiesen conducirla al desarrollo de unas capacidades de disuasión nuclear propias. La tenencia de estas armas sería, siguiendo el razonamiento del artículo, un seguro de vida. Paradójicamente, esto las convertiría en un instrumento de paz al permitir recalibrar la relación de fuerzas existente con potenciales adversarios, reduciéndose así los incentivos para iniciar posibles hostilidades.
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