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El fósforo blanco es una sustancia química de uso militar como material incendiario, columna de humo y para marcar objetivos. Arde en contacto con el oxígeno, llegando a temperaturas de 815 grados Celsius, hasta que se oxida o queda privado de este elemento. Esta reacción es muy difícil de extinguir y puede reactivarse tras haber sido apagada. Produce un humo denso e irritante que las fuerzas militares usan para ocultarse e identificar objetivos, e interfiere con ópticos infrarrojos y tecnologías de seguimiento.
El contacto humano con el fósforo blanco ardiendo produce quemaduras de segundo y tercer grado que pueden llegar a corroer los huesos. Su ardido continuo dificulta curarlo, e incluso las quemaduras pueden reactivarse. Por ello es necesario retirar todas las partículas de fósforo, que se adhieren a la piel y la ropa. La exposición con los ojos genera quemaduras en la córnea, y su absorción puede dañar el corazón, hígado, pulmones y riñones, o provocar efectos cardiovasculares y la muerte. Además, los supervivientes sufren contracturas crónicas, discapacidades físicas y daños psicológicos que pueden derivar en exclusión social.
Prohibido contra civiles
Las armas de fósforo blanco no son ilegales en el derecho internacional, pero sí lo es su uso contra civiles. Se consideran armas incendiarias, ya que su utilidad se centra en su quema y el humo que generan. Por ello están reguladas en el Protocolo III de la Convención de Armas Convencionales de 1980. Ésta prohíbe el uso de armas incendiarias liberadas por aire en zonas con civiles, pero excluye aquellas armas lanzadas desde tierra cuyos efectos incendiarios sean secundarios. Algunos países usan esta exclusión para alegar que no es ilegal usar el fósforo blanco porque tiene otros usos. Sin embargo, la comunidad internacional ha solicitado que se arregle este vacío, pues ignora el grave daño que producen las armas incendiarias.
Además, existe un debate sobre si el fósforo blanco debería ser considerado arma química por su toxicidad. El uso de armas químicas está prohibido desde la Convención de 1997. En cualquier caso, el derecho internacional humanitario, que regula las guerras, obliga a tomar todas las precauciones posibles para evitar el daño a civiles y prohíbe los ataques indiscriminados. Aun así, los países que han usado armas de fósforo blanco lo han hecho a menudo en núcleos con concentración de civiles.
El fósforo blanco, de las guerras mundiales a Israel
El Reino Unido, Estados Unidos o Japón empezaron a desarrollar armas de fósforo blanco en la Primera Guerra Mundial, pero se usaron con más frecuencia en la Segunda. En las décadas siguientes el Ejército estadounidense lo usó en las guerras de Vietnam e Irak. La coalición liderada por Washington también lanzó munición con fósforo blanco en la guerra civil siria. Marruecos, por su parte, lo usó en 1976 sobre la población saharaui en campamentos del desierto. Por ello once altos cargos militares fueron procesados por genocido. Asimismo, Ucrania ha acusado a Rusia de usar armas de fósforo blanco en la guerra desde 2022.
Israel también ha usado armas de fósforo blanco. En 2009 lo lanzó durante varias ofensivas militares en áreas densamente pobladas de la Franja de Gaza, hiriendo y matando a decenas de civiles palestinos. Pese a que ha intentado negarlo, la organización Human Rights Watch publicó un informe con testimonios y pruebas de las consecuencias. Tras las acusaciones, el Gobierno israelí apeló que el uso del fósforo blanco había sido conforme a la Convención de Armas Convencionales.
Sin embargo, las fuerzas israelíes han vuelto a usar fósforo blanco en la ocupación de la Franja que comenzó el pasado octubre. Se han publicado vídeos de bombardeos con artillería de fósforo blanco a zonas de gran densidad de población en Gaza y a dos localidades de la frontera de Israel con Líbano. Human Rights Watch verificó los vídeos y ha denunciado el uso de fósforo blanco sobre civiles, pero Israel lo niega. No obstante, Amnistía Internacional ha denunciado su uso en ataques posteriores. La Media Luna Roja Palestina también reconoció haber tratado quemaduras a civiles que podrían ser causadas por fósforo blanco, y que por tanto supondrían un crimen de guerra al ser indiscriminados y no prevenir el daño.