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Nadie, ni siquiera Hamás, esperaba que el ataque del pasado 7 de octubre sobre Israel fuera tan devastador. El plan inicial de la organización palestina era hacerse con unos treinta rehenes, pero acabó penetrando decenas de kilómetros dentro del territorio israelí. Desde entonces, tanto el grupo islamista como sus aliados internacionales, y en sentido contrario Israel, están tratando de improvisar un plan.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu buscó recuperar el control de la periferia de la Franja de Gaza en los primeros días, pero evidenció su indecisión. Estados Unidos presionó para posponer una respuesta terrestre hasta que llevara refuerzos a Oriente Próximo y que se le presentara un plan para la invasión. El presidente Joe Biden había aceptado que el ataque de Hamás era el 11S de Israel.
La situación llamaba a una demostración de fuerza israelí ante su población y sus rivales internacionales, pero al mismo tiempo Washington exigió una hoja de ruta concreta, incluida una posible retirada. Las opciones que se barajan son desde una misión de paz internacional hasta la ocupación del territorio, como piden altos cargos israelíes.
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