¿Qué es el imperialismo?

El imperialismo, que defiende la dominación de una nación o Estado sobre otros, protagonizó el reparto del mundo entre 1875 y 1914
EOM explicaGeopolíticaMundo
¿Qué es el imperialismo?
La Conferencia de Berlín en el Ilustrierte Zeitung (1884). Fuente: WikiCommons

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

El imperialismo es la doctrina que defiende la dominación de una nación o Estado sobre otros territorios y pueblos a través de la adquisición de tierras o la imposición de un control político y económico. Por lo tanto, conlleva la expansión de la autoridad del Estado más allá de sus fronteras. El término “imperio” y sus ejemplos tienen largo recorrido en la historia, pero el imperialismo como sistema global puede acotarse al periodo 1875-1914, conocida como “la era de los imperios”.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial media docena de Estados, la mayoría europeos, se distribuyeron alrededor de una cuarta parte de la superficie del planeta. Excepto Etiopía y Liberia, toda África pertenecía a distintas potencias, mientras que en el Pacífico no quedó ningún territorio independiente. Por su parte, Asia mantuvo zonas nominalmente autónomas, pero los imperios europeos ampliaron y reforzaron sus posesiones, y Japón se hizo con el control de Corea. El único continente que quedó libre de esas rivalidades fue América, protegida por la doctrina Monroe, por la cual Estados Unidos no permitía la injerencia de las potencias europeas en la región.

Una competición económica y geopolítica

A comienzos del siglo XIX convivían imperios en decadencia, como el español, que perdía sus últimas posesiones americanas; otros en apogeo, como el británico y el francés, y otros que empezaban a despuntar, como Japón o incluso Estados Unidos. Poco a poco, el imperialismo se convertía en un sistema universal. Las potencias buscaban expandir su territorio por motivos económicos, como ampliar sus redes comerciales y explotar las materias primas de sus colonias. En las décadas anteriores habían vivido una revolución industrial y una explosión demográfica, por lo que necesitaban movilizar a su población y asegurarse recursos para satisfacer una creciente demanda a través de tecnologías novedosas.

Cuantas más colonias y más territorio abarcaba un imperio, más poderoso se hacía y más seguro estaba. De ahí que surgiera una competición geopolítica por ampliar y asegurar dominios. Ejemplos de la confrontación fueron el incidente de Fachoda de 1898 entre el Reino Unido y Francia, cuando chocaron en el actual Sudán del Sur por conectar sus respectivas colonias, o las guerras de los bóeres entre el Reino Unido y colonos neerlandeses en la actual Sudáfrica a finales del siglo XIX.

Explicar y analizar cómo funciona el mundo es posible gracias a quienes nos apoyan.

Aun así, el imperialismo global también se construyó a partir de acuerdos internacionales. Prueba de ello fue el “reparto de África” en la Conferencia de Berlín de 1884 y 1885. Los imperios participantes acordaron unos principios para ocupar el continente, desde la libre navegación por los ríos Congo y Níger hasta las condiciones necesarias para reclamar soberanía sobre un territorio.

El imperialismo, la doctrina que cambió el mundo

El imperialismo tuvo un importante impacto social y cultural. En las sociedades de países colonialistas dio alas al nacionalismo, así como al sentimiento de superioridad moral y racial, que serían determinantes en las décadas siguientes. La competición imperial fue uno de los factores que potenciaron la tensión que vivía Europa y que derivó en la Primera Guerra Mundial.

En paralelo, el efecto sobre los territorios dominados fue la reconfiguración violenta de sus Gobiernos, economías, culturas y fronteras. En el caso de estas últimas se hizo desde Londres, París o Berlín, lo que dio lugar a territorios con fronteras rectas que mezclan o dividen pueblos. Los resultados de este reparto han sido innumerables conflictos que sufren hoy países de África u Oriente Próximo.

La decadencia del imperialismo comenzó en el periodo de entreguerras y culminó con la descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, sus heridas y efectos permean la actualidad, especialmente en aquellos países que surgieron de la dominación colonial. Por otro lado, existe la interpretación de que el imperialismo todavía vertebra la política exterior de potencias como Estados Unidos, al considerar que sus objetivos son equiparables aunque con otras técnicas de dominación. De hecho, la justificación de los imperios era civilizar territorios lejanos y promulgar los valores liberales. Es prácticamente la misma lógica que legitima hoy en día el intervencionismo de muchos Estados: salvaguardar la democracia y la globalización frente a la expansión de valores opuestos.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.