Sudáfrica es un agente clave en la geopolítica de África. Durante mucho tiempo ha pretendido ser la gran potencia del continente, aunque lo cierto es que ha tenido que rivalizar con otras potencias regionales hasta el punto de ser en la actualidad una potencia regional solamente del sur de África y que se enfrenta al auge de Angola.
Sudáfrica es el país del continente africano más marcado por la colonización europea. Este proceso se inició en 1652 con la llegada de los neerlandeses a la actual Ciudad del Cabo, a los que se sumaron hugonotes franceses y más tarde británicos. Como resultado, Sudáfrica es el país africano con mayor población de ascendencia europea, con millones de habitantes blancos y mulatos y una lengua indoeuropea desarrollada en el país, el afrikáans.
De hecho, el país está compuesto por la suma de la colonia neerlandesa del Cabo y las repúblicas bóeres del Estado Libre de Orange, Transvaal y Natal, que posteriormente fueron anexionadas por los británicos. De esta unión de colonias surgió el reparto del poder entre las capitales de El Cabo, Estado Libre de Orange y Transvaal, haciendo de Sudáfrica el único país con tres capitales: Ciudad del Cabo, la capital legislativa; Pretoria, la capital ejecutiva; y Bloemfontein, la capital judicial.
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