Escucha este artículo
El capitalismo es el sistema económico en el que individuos y empresas privadas poseen los medios de producción. Se caracteriza por la libre competencia de mercado, con poca o ninguna intervención estatal en la economía, lo que permite que las leyes de oferta y demanda dicten los precios y las decisiones de producción. También se basa en ideas como la acumulación de capital, entendida como el aumento de beneficios mediante la inversión en tecnologías, expansión de mercados y adquisición de recursos.
Un sistema consolidado
El origen del capitalismo se remonta a la Europa de los siglos XV y XVI, con el auge de una economía basada en el comercio. Las ciudades-Estado italianas introdujeron los bancos, mientras que la exploración marítima permitió una mayor acumulación de capital. España, Portugal, Países Bajos e Inglaterra establecieron colonias y rutas comerciales en América, África y Asia, surgieron las compañías por acciones y se crearon las bolsas de valores. Esto propició el auge de la burguesía como nueva clase social.
Con la Revolución Industrial, el capitalismo comenzó a transformar la producción a gran escala. La mecanización de la agricultura y la manufactura disparó la producción, lo que generó una transición desde una economía agraria y artesanal a una industrial. Esta época también vio el auge del ferrocarril, el crecimiento de las ciudades y de una clase obrera que trabajaba en las nuevas fábricas, así como la acumulación de capital por parte de industriales y empresarios.
Desde entonces, el capitalismo también ha enfrentado diferentes crisis y cuestionamientos. En el siglo XIX surgieron el socialismo o el anarquismo, que criticaron la explotación del sistema capitalista. Ya en el XX, la Primera Guerra Mundial llevó a cuestionar el liberalismo en el que se había apoyado, y la Gran Depresión de 1929 supuso una crisis económica mundial. Después la Guerra Fría planteó la competencia del comunismo, y la Gran Recesión de 2008 volvió a poner sobre la mesa los límites del modelo capitalista.
No obstante, tras la caída del telón de acero, el dominio de Estados Unidos terminó de instaurar al capitalismo como sistema dominante a nivel mundial. Desde entonces han avanzado la globalización, el avance tecnológico y la liberalización del mercado. Los resultados han sido un mercado más interconectado y corporaciones con poder sin precedentes, así como nuevos debates sobre regulaciones y equidad.
La “mano invisible”
El capitalismo surgió de las relaciones productivas en distintas sociedades. No obstante, el escocés Adam Smith es considerado el padre de la economía moderna. En su obra La riqueza de las naciones, de 1776, sentó las bases de la libre competencia y el mercado como regulador de la economía. Otros pensadores, como David Ricardo y John Stuart Mill, teorizaron sobre la renta, el valor y la distribución del ingreso.
Desde entonces, el capitalismo se ha fundamentado en varias ideas clave, como la propiedad privada, la libre empresa, la competencia o la ley de oferta y demanda. También están el mercado laboral, entendido como la oferta y demanda de trabajo, la división del propio trabajo en tareas específicas, el riesgo, la especulación o la acumulación de capital. Otro concepto es la “mano invisible”, acuñado por Adam Smith, según la cual la búsqueda de intereses personales puede beneficiar a la sociedad.
El capitalismo ante su espejo
El capitalismo, por un lado, ha sido un motor para el desarrollo tecnológico y la innovación. La competencia de mercado incentiva a las empresas a mejorar sus productos y servicios, desde la competencia entre Ford y General Motors, que estandarizó el automóvil, hasta la revolución digital de Apple y Microsoft. Asimismo, bajo el capitalismo ha crecido la economía mundial: entre 1990 y 2013, la pobreza extrema global se redujo del 37,8% al 11,7%, según datos del Banco Mundial.
Sin embargo, el capitalismo también ha aumentado la desigualdad. De acuerdo con la recopilación del World Inequality Lab, el 10% más rico de la población mundial ha acaparado cada vez más riqueza en los dos últimos siglos, hasta alcanzar más del 50% en todos los continentes. En ese sentido, el sistema capitalista ha favorecido más a quienes ya tienen capital, creando barreras para el resto. A su vez, esta concentración le ha dado más influencia a los intereses privados sobre la política y las leyes.
Igualmente, el avance del capitalismo ha deteriorado el medioambiente. El énfasis en el crecimiento perpetuo y el consumo ha llevado al abuso de los recursos naturales y una mayor contaminación. La crisis climática actual está exacerbada por décadas de emisiones industriales de carbono sin considerar las consecuencias a largo plazo. A su vez, esto ha implicado la explotación laboral en algunas industrias, sobre todo en países del Sur Global, debido a las presiones por minimizar costos y maximizar rendimientos.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.