Nazis y anarquistas en la cima: la política del alpinismo, con Pablo Batalla
El 29 de mayo de 1953 Edmund Hillary y Tenzing Norgay pisaron por primera vez la cima del Everest, y la noticia se guardó en secreto varios días para que llegara a Londres justo a tiempo de la coronación de Isabel II. Unas décadas antes, la Alemania nazi había enviado a sus mejores escaladores a morir en la cara norte del Eiger para demostrar la superioridad de la raza aria, y unas décadas después la Unión Soviética rebautizó su montaña más alta como Pico Comunismo. Las montañas nunca han sido solo montañas: son púlpitos, trincheras, santuarios y escaparates, y todas las ideologías, sin excepción, han querido clavar su bandera en la cumbre.
Esa es la premisa del libro «La bandera en la cumbre», del historiador y periodista Pablo Batalla, que en nuestro nuevo episodio de No es el fin del mundo recorremos junto a él y a Jon Salvador. Un viaje de dos siglos por el fascismo, el comunismo, el conservadurismo, el feminismo o el movimiento obrero, todos ellos leídos a través de sus ascensiones, sus héroes y sus símbolos en las alturas. Porque, como se pregunta el propio libro, ¿qué busca realmente el ser humano ahí arriba y qué queda de todo aquello hoy, cuando hay colas para hacerse un selfi en el Everest?
La bandera en la cumbre: por qué cada ideología quiso conquistar una cima
El alpinismo moderno suele situarse en 1786, cuando Jacques Balmat y Michel Gabriel Paccard coronan el Mont Blanc, apenas tres años antes de la Revolución Francesa, aunque el libro rescata un antecedente fascinante: Petrarca subiendo el Mont Ventoux en 1336 solo por el placer de contemplar el paisaje. Desde entonces, la montaña ha funcionado como un espacio casi religioso incluso para quienes no creen en nada: el comunista ateo habla de purificación y comunión con la naturaleza con el mismo vocabulario místico que el cristiano que ve en las cumbres la obra de Dios. Hay picos, como el Kailash, que ninguna ideología ni ningún alpinista, ni siquiera Reinhold Messner, se ha atrevido a coronar por puro respeto sagrado.
Pero junto a ese misticismo aparece la cara más oscura de la bandera en la cumbre: la muerte convertida en espectáculo y en propaganda de Estado. Los nazis mandaron a decenas de jóvenes escaladores a morir en la pared asesina del Eiger para fabricar mártires del Reich, mientras el desastre de la expedición francesa al Annapurna en 1950, con amputaciones improvisadas en pleno descanso, se transformó en un best seller y en un monumento nacional en Francia. Del Sermón de la Montaña de Jesús a Fidel Castro refugiado en Sierra Maestra, pasando por la Larga Marcha de Mao o los maquis en los Picos de Europa, las grandes revoluciones parecen necesitar siempre una temporada en las alturas antes de bajar a cambiar la ciudad. En el episodio profundizamos en todos estos casos con Pablo Batalla.
España, un país de montañas y de disputas por ellas
España es, después de Suiza, uno de los países más montañosos de Europa, con una cultura alpina que va de los batallones militares a los clubes excursionistas populares, así que no es extraño que estos debates ideológicos sigan muy vivos aquí. Este mismo verano la cruz del Aneto fue cortada con una radial y arrojada monte abajo, una polémica que resume bien la tensión entre memoria, símbolo y territorio que atraviesa el libro. Mientras tanto, la masificación del monte no deja de crecer: si en 2010 apenas un 8,7% de la población española había hecho al menos una ruta de montaña en el año, esa cifra ha llegado a superar el 30% tras la pandemia, disparando también los rescates de la Guardia Civil.
Esa democratización convive con un fenómeno inverso, el de la privatización de las cumbres. Nepal acaba de subir el precio del permiso para subir al Everest de 11.000 a 15.000 dólares, hay expediciones comerciales que cuestan hasta 100.000 dólares, y en Ordesa o el Teide el acceso libre ha dado paso a cupos, autobuses lanzadera y permisos con semanas de antelación. La montaña que conquistaron como espacio público los obreros del Naturfreunde o los invasores de Kinder Scout corre el riesgo de volver a ser, otra vez, un privilegio de quien puede pagarlo. Si hoy alguien planta de nuevo la bandera en la cumbre, ¿qué ideología es? En el episodio, junto a Pablo Batalla, tratamos de responder a esa pregunta y a muchas más sobre la historia política de las montañas.
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