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No es el fin del mundo

El pódcast semanal de El Orden Mundial para entender qué pasa en el mundo. Análisis, contexto y matices sobre la realidad internacional.

Del Titánic a la Atlántida: la batalla por los tesoros hundidos

Bajo la superficie del mar hay un pasado anterior a las fronteras actuales, anterior a las naciones tal y como las conocemos hoy. Galeones españoles, ciudades romanas, barcos vikingos o restos de la Segunda Guerra Mundial descansan en el fondo marino y, aunque parezcan reliquias ajenas al presente, se han convertido en objeto de disputa entre Estados, empresas y cazatesoros. La historia bajo el mar no es solo arqueología: es también una herramienta para construir relatos nacionales, legitimar reclamaciones territoriales y disputarse la propiedad de lo que el agua ha guardado durante siglos.

Solo se ha explorado en detalle el 26% del fondo marino, así que lo que aún no conocemos supera con creces lo que ya hemos encontrado. Lo que sí sabemos es que no todo lo hundido cuenta como patrimonio: la UNESCO exige que un resto lleve sumergido de forma periódica o continua al menos 100 años para poder considerarlo parte de la cultura subacuática, algo que regula desde 2001 la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático. Ese marco, sin embargo, no ha zanjado los conflictos: apenas 81 Estados lo han ratificado, y entre las ausencias llama la atención la de países con enorme patrimonio hundido, como Grecia o China.

Qué se esconde bajo el agua y por qué genera conflicto

En el lecho marino hay de todo: ánforas griegas, cadenas de barcos esclavistas, cables submarinos o restos de cohetes de la Guerra Fría. Pero solo una parte reducida se considera patrimonio con valor histórico o cultural, y esa selección ya genera fricciones. Buques de guerra hundidos, por ejemplo, gozan de inmunidad soberana: siguen siendo propiedad del Estado al que pertenecían, esté donde esté el pecio y pase el tiempo que pase, salvo que ese país renuncie expresamente a ellos. Eso significa que un galeón español puede encontrarse frente a las costas de otro continente y, aun así, seguir siendo legalmente español.

El problema llega cuando dos países reclaman lo mismo o cuando el hallazgo se produce en una zona con soberanía en disputa, como ocurre con las excavaciones chinas en el mar de la China Meridional o con los pecios de Crimea, reclamados a la vez por Ucrania y por Rusia. En el episodio del podcast repasamos con detalle casos como el del galeón San José, disputado entre España y Colombia, o el litigio entre España y la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration por el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, un pulso legal que se prolongó durante años antes de resolverse a favor del Estado español.

Menos conocido que Marte: la exploración del fondo marino

Cazatesoros, cooperación y los retos de la historia bajo el mar

No todo depende de los Estados. Empresas privadas y cazatesoros llevan siglos rastreando el fondo marino en busca de tesoros, y su papel complica todavía más la gestión de este patrimonio. El caso del Titanic es paradigmático: al tratarse de un buque civil hundido en alta mar, sin ningún Estado que reclame inmunidad soberana, los tribunales tuvieron que decidir quién podía intervenir sobre sus restos y en qué condiciones, sin que eso implicara convertirlos en mercancía. Son precisamente estos vacíos legales, junto al expolio y el comercio ilícito de piezas arqueológicas, los que empujaron a la comunidad internacional a regular la historia bajo el mar a partir de los años noventa.

A los retos legales se suman ahora las amenazas físicas: la minería submarina, la instalación de parques eólicos marinos o el propio cambio climático alteran las corrientes, la temperatura y la salinidad del agua, condiciones de las que depende la conservación de un pecio centenario. Frente a todo ello, la cooperación internacional se perfila como la única vía sostenible, ya sea a través de acuerdos bilaterales como los que mantiene España con países como México o Panamá, o de proyectos conjuntos como el que reunió a ocho países mediterráneos para explorar el Canal de Sicilia y los Bancos de Skerki. En este episodio de No es el fin del mundo, que cuenta con el patrocinio de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultur, desgranamos estos y otros ejemplos, desde la dinastía Ming hasta los restos vikingos, para entender por qué lo que yace bajo el agua sigue moviendo hilos muy actuales en la política internacional.

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