El ser humano conoce mejor Marte que sus océanos: mientras que ya ha mapeado en alta resolución casi el 90% del planeta rojo, apenas ha explorado en detalle el 25% del fondo marino de la Tierra. Más allá de la curiosidad, conocer con exactitud el lecho de nuestros mares es crucial para identificar peligros submarinos, desplegar infraestructura, proteger la fauna y flora marina o luchar contra el cambio climático.
En 2005, por ejemplo, el USS San Francisco, un submarino nuclear de la Armada estadounidense, chocó contra un monte desconocido a 160 metros de profundidad al sur de Guam. El accidente hirió a dos tercios de los 137 miembros de la tripulación y uno de ellos acabó muriendo más tarde a causa de las lesiones.
Las rutas de navegación son lógicamente los tramos del lecho marino más explorados, pero a medida que el mar se aleja de los centros urbanos aumenta la probabilidad de que se desconozca su fondo. Eso no quiere decir, sin embargo, que no se intuya su relieve: la mayor parte de la batimetría del océano ha sido trazada a partir de datos de gravedad recopilados por satélites.
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Metodología
La proyección usada para el mapa recibe el nombre de Spilhaus, en honor al oceanógrafo y geofísico sudafricano-estadounidense Athelstan Frederick Spilhaus, que la acuñó en 1942 para representar los mares y océanos de forma continua.
