Política y Sociedad Asia Central

Festivales y misiles: el panturquismo en el siglo XXI

Festivales y misiles: el panturquismo en el siglo XXI
Bandera del Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica. Fuente: Turkkon

Los pueblos túrquicos están dispersos entre varios países, unos como población mayoritaria y otros como minorías étnicas. Hubo un tiempo en el que el movimiento panturquista pretendió unirlos en un solo Estado, pero la aspiración se diluyó durante el siglo XX, afectada por el fin del Imperio otomano. Con la caída de la URSS y el liderazgo de Turquía, el panturquismo resurgió, se adaptó y ahora es fuente de cooperación regional, festivales culturales y alianzas políticas y económicas.

Cuando surgió el panturquismo, el mundo no era el de hoy. Las potencias de finales del siglo XIX se disputaban el control de África y Asia Central y las fronteras no estaban consolidadas. El Imperio otomano todavía existía, pero perdía territorios en el norte de África y en Europa, y estaba debilitado por levantamientos populares y guerras en los Balcanes, Crimea y Creta. En otras partes del mundo estaban surgiendo movimientos basados en la identidad nacional, con dos exponentes principales: el paneslavismo y el pangermanismo. El primero abogaba por la unión política de los pueblos eslavos. El segundo había conseguido poco antes su primer objetivo: la unificación de Alemania en 1871. El fundamento ideológico de ambos movimientos era el concepto, a veces difuso, de la pertenencia a un mismo origen étnico. 

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El panturquismo también germinó de esta idea. A finales del siglo XIX, el único país con población de mayoría túrquica era el Imperio otomano, pero también había pueblos túrquicos en Europa oriental y Asia. La aspiración de los intelectuales panturquistas era unir estos pueblos en una confederación o en un solo Estado. Aunque no consiguieron su objetivo, el panturquismo está lejos de desaparecer, y el apoyo de Turquía a Azerbaiyán en el reciente conflicto en el Alto Karabaj es solo una de sus manifestaciones.

¡Pueblos túrquicos del mundo, uníos!

Las lenguas túrquicas pertenecen a la macrofamilia altaica, originaria de Asia Central. Existen veintitrés y pueden plasmarse en el alifato —el alfabeto árabe— y en los alfabetos latino y cirílico, pero la mayoría se parecen y se entienden entre sí. Las más habladas son el turco, uzbeko, azerí, kazajo, uigur, turkmeno y tártaro, aunque no todas tienen estatus oficial en el país en el que se practican. El panturquismo surgió a partir del criterio lingüístico, dirigiéndose a los pueblos que hablaban lenguas túrquicas.

Mapa actual de lenguas túrquicas. En azul oscuro, países donde una lengua túrquica es oficial, en azul, regiones en las que una lengua túrquica es oficial. En azul claro, regiones en las que una lengua túrquica es mayoritaria, y en rojo, países con minorías de habla túrquica. Fuente: Wikimedia

A finales del siglo XIX, estos pueblos vivían en los imperios otomano, ruso y persa, Afganistán y China. Aunque el Imperio otomano era el único Estado de mayoría túrquica y estaba gobernado por sultanes turcos de la dinastía osmanlí, estos pueblos no eran los únicos súbditos otomanos. La división étnico-religiosa del Imperio daba lugar a tres grupos principales: musulmanes, griegos y armenios, además de otras minorías. Y el grupo musulmán englobaba, además de a pueblos túrquicos, a árabes y kurdos. El Imperio ruso también llevaba la semilla del panturquismo: varios pueblos de habla túrquica vivían en la península de Crimea, en regiones del Volga, el Cáucaso, Siberia y Asia Central.

Bajo la influencia del paneslavismo y el pangermanismo, la idea de unir a los pueblos túrquicos encontró adeptos en ambos imperios, pero no había acuerdo sobre cómo hacerlo ni bajo qué forma. En el Imperio ruso destacaban las propuestas de dos intelectuales: el tártaro de Crimea Ismail Gaspirali y el tártaro del Volga Yusuf Akçura. El primero abogaba desde 1880 por una unión cultural y transfronteriza, basada en “la unidad de lenguaje, pensamiento y acción”. Treinta años más tarde, el segundo planteó unir a los pueblos túrquicos en una nación e integrarlos en un único Estado. Tampoco compartían la opinión sobre el papel del islam. La religión era un componente esencial de la propuesta de Gaspirali porque los musulmanes del Imperio ruso eran de mayoría túrquica, así que era casi indiferente apelar a lo etno-lingüístico o a la religión. Akçura, en cambio, defendía que el panturquismo debía ser secular para facilitar su expansión fuera de Rusia.

Desde el Cáucaso ruso, el escritor azerí Ali Hüseyinzade definió los tres pilares del panturquismo: turquización, islamización y europeización. El panturquismo de Hüseyinzade estaba muy ligado al turanismo, movimiento que también se dirigía a los pueblos uralo-altaicos, como los mongoles o los magiares —más conocidos como húngaros, los pobladores de la actual Hungría—. Con la unión de estos pueblos, se pretendía crear en Asia Central el gran Estado de Turán. 

En el Imperio otomano, el panturquismo chocaba con la falta de cohesión en torno a una identidad nacional. Frente a las minorías de otros grupos étnico-religiosos, como el griego, que proclamó su independencia en 1821, los turcos tardaron más en adoptar los postulados del nacionalismo. Esto se debía a que los principales movimientos políticos turcos se identificaban más con el otomanismo, la idea de devolver la grandeza de antaño al flaqueado Imperio. Por ejemplo, en 1889 se creó el Comité de la Unión Otomana, una sociedad secreta que aunaba el otomanismo, el islam y el nacionalismo. Ese comité se convirtió en el Comité de Unión y Progreso de los Jóvenes Turcos (CUP) en 1906, y dos años más tarde protagonizó la revolución que puso fin a la monarquía absoluta en el Imperio otomano. 

El precio de una nación homogénea

Uno de los ideólogos del CUP era el sociólogo Ziya Gökalp, que desarrolló su propia teoría del panturquismo con tres etapas. El primer paso era turquizar el Imperio otomano para crear un Estado uninacional y sin influencia de otras etnias, asimilando o expulsando a las minorías. Después, se crearía una unión política con Azerbaiyán y la región noroccidental de Irán, o Azerbaiyán del sur, territorios poblados por azeríes, otro pueblo túrquico. Por último, se promovería la consolidación de las identidades nacionales de otros pueblos uralo-altaicos, que pasarían a formar parte del Gran Turán. Aunque la segunda y la tercera etapas del panturquismo de Gökalp no se hicieron realidad, sí se dieron varios pasos para convertir al Imperio otomano en un país exclusivamente túrquico antes de su caída en 1922.

La homogeneidad étnico-religiosa era una condición para la unidad nacional, y los armenios, de mayoría cristiana, eran vistos como un obstáculo para el panturquismo. Ya habían sufrido represión entre 1894 y 1896, antes de la revolución de la CUP. Aun así, a comienzos del siglo XX, uno de cada siete habitantes del Imperio otomano era armenio. En la Primera Guerra Mundial, las autoridades otomanas acusaron a los armenios de traición y colaboración con el Imperio ruso, del bando contrario, y empezaron su traslado forzoso a desiertos sirios. Turquía reconoce hoy que durante ese proceso se produjeron asesinatos masivos de armenios, estimados entre 600.000 y más de un millón, pero niega que fueran sistemáticos y rechaza las acusaciones de genocidio. Sin embargo, así lo califican treinta países, más la propia Armenia, e instituciones internacionales como el Parlamento Europeo. Las masacres contra la población armenia coincidieron con la primera etapa de la teoría de Ziya Gökalp, y dada su proximidad con el Gobierno del momento, se le ha acusado de idear la expulsión de las minorías. 

Frente al ocaso del Imperio otomano con su derrota en la Primera Guerra Mundial, el panturquismo vio en 1918 el nacimiento de la República de Azerbaiyán, independiente durante solo dos años. El partido gobernante, Müsavat, adoptó los tres elementos del panturquismo de Ali Hüseyinzade —turquización, islamización y europeización—, que pasaron a representar las franjas de la bandera del país. La franja superior azul simboliza desde entonces el carácter túrquico del pueblo azerí

En 1920, Azerbaiyán fue invadida por el Ejército Rojo y se convirtió en una República Socialista Soviética. También se crearon cuatro repúblicas túrquicas en Asia Central como parte de la URSS: Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán. Para evitar que el panturquismo amenazara a la unidad territorial, a partir de los años veinte Moscú restringió el islam, cerró mezquitas y obligó a los pueblos túrquicos a pasar del alifato al alfabeto latino y, después, al cirílico. En Turquía, sucesora del Imperio otomano, hubo una reforma parecida bajo el Gobierno de Mustafá Kemal Atatürk: en 1928, la lengua turca empezó a escribirse en alfabeto latino. Pero, en este caso, la reforma lingüística respondía a la aspiración de modernizar el país y acercarlo a Occidente, con el panturquismo desapareciendo de su política exterior.

Mayorías y minorías

En las seis décadas siguientes, el panturquismo pasó a segundo plano, silenciado en la Unión Soviética y con Turquía apostando por el nacionalismo. Todo cambió en 1991 cuando, tras la desintegración de la URSS, Turquía dejó de ser el único Estado de mayoría túrquica. Desde entonces comparte este carácter con Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán. En el caso azerí, la independencia hizo resurgir el panturquismo y también la hostilidad hacia la vecina Armenia. Una de sus manifestaciones es el conflicto del Alto Karabaj, intermitente desde 1988. Desde los años noventa, Turquía ha apoyado a Azerbaiyán, al que considera un país hermano bajo el principio de “Una nación, dos Estados”, un guiño al panturquismo. Por eso, Ankara ofrece entrenamiento a los oficiales azeríes y es uno de los principales proveedores de armas de Bakú. En julio de 2020, Turquía anunció que toda su “experiencia, tecnología y capacidades, desde los vehículos voladores no tripulados hasta las municiones, misiles y sistemas electrónicos de guerra” estaban a disposición de Azerbaiyán. La compraventa de armas entre los dos países ha ascendido en lo que va de 2020 a 123 millones de dólares.

La bandera de Azerbaiyán, adoptada en 1918 y readoptada tras la caída de la URSS. La franja azul representa el turquismo, la roja, la modernización —una reelaboración de la europeización de Hüseyinzade—, y la verde el islam. Fuente: Wikimedia

Pero no todos los pueblos túrquicos viven en países donde son mayoría. Como en tiempos imperiales, Rusia sigue siendo hogar de tártaros, baskires, yakutos, tuvanos y otras minorías túrquicas, que tienen un estatus desigual. Mientras que los tártaros del Volga se constituyen en la República de Tartaristán y cuentan con mayor autonomía, otros pueblos túrquicos ven sus lenguas en riesgo de desaparición. Es el caso, por ejemplo, de los idiomas chulym y tofa en Siberia central y oriental, que suman menos de cien hablantes y figuran en el Atlas de las Lenguas Amenazadas de la Unesco. 

Pero esta no es la mayor amenaza a la que se enfrentan hoy los pueblos túrquicos. En la región china de Xinjiang, la minoría uigur sufre detenciones en campos de reeducación y trabajo forzoso desde 2015. Mientras que el Gobierno chino lo justifica como una medida antiterrorista preventiva, hay expertos y organizaciones activistas que lo acusan de genocidio. Turquía condena esta persecución, pero su postura es más retórica que real, pues ha colaborado con las autoridades chinas en la repatriación de uigures. 

El panturquismo político no ha desaparecido, pero ha adaptado sus pretensiones a la nueva realidad: pocos aspiran hoy a crear un macroestado túrquico entre la península de Anatolia y Asia Central. El panturquismo más radical ha quedado relegado a los extremos. En Turquía, el partido de extrema derecha Acción Nacionalista (MHP, por sus siglas en turco), que obtuvo un 11% en las elecciones parlamentarias de 2018, comparte algunos postulados del panturquismo y del panturanismo. Uno de sus símbolos es la loba gris, la madre legendaria de todos los pueblos túrquicos, que da nombre a los Lobos Grises, una organización paramilitar vinculada con el partido. En Azerbaiyán también existe un partido relacionado con los Lobos Grises, pero nunca ha tenido representación parlamentaria. En el siglo XXI, el lugar del panturquismo no es los parlamentos nacionales, sino la cooperación regional.

Cooperación regional y festivales musicales

Azerbaiyán estaba de suerte en 2013: su cantante Farid Hasanov acababa de triunfar en el primer festival de Turkvisión, en el que participaron veinticuatro países y regiones. Desde el escenario sonaron el turco, azerí, kazajo, kirguís, tártaro, baskir y el uzbeko, entre otras, todas lenguas túrquicas. Turkvisión se ha celebrado dos veces más, y la cuarta edición fue interrumpida por la pandemia del coronavirus. Pero no solo importa la música: igual que en Eurovisión, su versión túrquica tiene que ver con la política. 

Conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por el Alto Karabaj
El panturquismo es una de las razones por las que Turquía apoya a Azerbaiyán en la guerra del Alto Karabaj.

Turkvisión no fue una iniciativa espontánea: se creó en el seno de la Organización Internacional de la Cultura Túrquica, o Türksoy, que existe desde 1993. Aquel año, Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Turquía acordaron establecer un marco de cooperación para reforzar la relación entre los pueblos túrquicos a través de actividades tradicionales, culturales y académicas. Esta decisión llegó poco después de la caída de la Unión Soviética y supuso un contrapeso para la influencia de Rusia en las regiones postsoviéticas del Cáucaso y de Asia Central. 

El acercamiento también se produjo en el ámbito lingüístico: tras la caída de la URSS, todos los Estados túrquicos menos Kirguistán adoptaron el alfabeto latino, siguiendo el ejemplo de Turquía. La última en hacerlo fue Kazajistán en 2017. Además, existe el proyecto del ortaturk, una lengua común creada a partir de todas las lenguas túrquicas, al modo del esperanto, aunque puede correr la misma suerte que el intereslavo, otro idioma artificial que no ha despegado.

La siguiente etapa del panturquismo institucional empezó en 2009, con la creación del Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica, también conocido como Consejo Túrquico. El Consejo lo conforman los mismos países que la Türksoy menos Turkmenistán, cuya política de neutralidad perpetua le impide mantener alianzas multilaterales. Además, Hungría se adhirió como país observador y manifestó su voluntad actuar de puente entre el mundo túrquico y la Unión Europea. A diferencia de la Türksoy, el Consejo Túrquico se abre a la cooperación política y económica, por ejemplo, en el turismo o la inversión.

Turquía es el epicentro de estos movimientos: acoge las sedes de la Türksoy y del Consejo, la primera edición de Turkvisión se celebró en la región turca de Eskisehir y el Gobierno turco ofrece numerosas becas a estudiantes universitarios centroasiáticos. Además, Turquía es un socio comercial importante para Azerbaiyán y los países de Asia Central, y actúa como nexo entre los algunos bienes producidos en esta región y los mercados de la UE. 

¿Una alternativa a la Unión Europea?

El papel central de Turquía en la cooperación de los pueblos túrquicos va de la mano con la expansión de su influencia internacional. El Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan promueve la cultura y la lengua turcas a través del Instituto Yunus Emre, que combina con su intervención militar en Siria y Libia, el apoyo al bando azerí en el conflicto del Alto Karabaj y las disputas con Grecia por las aguas territoriales del Egeo. Esta política expansionista, unida al panturquismo, convierte a Turquía en el actor más fuerte entre los países de habla túrquica. 

Presencia del Instituto Yunus Emre
El Instituto Yunus Emre tiene sede en más de cuarenta países, entre ellos, Kazajistán y Azerbaiyán.

Sin embargo, Turquía no termina de afianzar su papel en Europa. Desde la creación de la Unión Europea, ha buscado en vano acceder al club, al que cada vez es menos probable que llegue a entrar. No obstante, Ankara puede crear su propio proyecto de integración regional. Frente a los 447 millones de habitantes de la UE, el Consejo Túrquico es tres veces más pequeño. Pero, a diferencia de la posición periférica que Turquía podría tener en Europa, la integración de los países túrquicos en el Consejo de Cooperación le ofrece un papel central. Mientras, Turquía presta apoyo militar a Azerbaiyán, y algunos diarios turcos proponen incluso “una OTAN túrquica” para responder a las amenazas comunes.

Esta expansión del panturquismo no le gusta a Rusia, que quiere mantener el control sobre las repúblicas túrquicas de la antigua URSS: Azerbaiyán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán. Para contrarrestar a Turquía, el Kremlin propone que la integración regional abarque a toda la comunidad euroasiática, pero bajo el liderazgo de Moscú. China también tiene intereses en los países túrquicos de Asia Central, clave en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda. Además, el panturquismo puede ser una amenaza para Pekín y sus políticas hacia la minoría uigur, aunque el Gobierno turco no haya adoptado ninguna medida de orientación panturquista al respecto. Otra potencia que recela del panturquismo es Irán, que teme que un Azerbaiyán reforzado intente movilizar a los azeríes iraníes, la principal minoría étnica del país. 

Tras madurar durante más de un siglo, el panturquismo avanza. El de hoy se parece poco a las ideas de Akçura, Hüseyinzade o Gökalp: ya no pretende unir a todos los pueblos túrquicos en un Estado y no sueña con el Gran Turán. El Imperio otomano, que en su momento fue el único país túrquico del mundo, no sobrevivió a la Primera Guerra Mundial, pero Turquía, su sucesora, sigue guiando a los nuevos países túrquicos hacia una cooperación cada vez más estrecha. No solo los une la proximidad lingüística, religiosa y cultural; ahora comparten festivales, misiles y alianzas políticas y económicas. La gran ventaja del panturquismo moderno es su giro hacia la cooperación regional: está adaptado al presente y dirigido al futuro.

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