El fantasma del mar de Aral, ya casi desaparecido, se cierne sobre el Caspio. Se trata del principal cuerpo de agua interior del mundo, con una superficie similar a la de Alemania, pero su importancia no se limita a su tamaño. En su lecho hay yacimientos de gas y petróleo, y su ubicación es clave en el tránsito que conecta Asia Oriental con Europa. Además, cuenta con un rico ecosistema. Todo ello está ahora en peligro.
Aparte del cambio climático, Rusia está contribuyendo al declive del mar Caspio. Las autoridades rusas llevan años limitando los flujos fluviales de los que se alimenta y, más recientemente, han aprovechado el propio mar como plataforma para lanzar ataques contra Ucrania. Tanto el Caspio como sus cinco países ribereños —Rusia, Irán, Azerbaiyán, Kazajistán y Turkmenistán— han comenzado a ver las consecuencias.
Un mar en retroceso
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