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Cartografía Política y Sociedad Mundo

Del mar territorial a la zona económica exclusiva

Descripción del mapa

El los mapas se suelen representar los países sobre sus superficies y fronteras terrestres, aunque lo cierto es que su soberanía se extiende también por el aire y por el mar, cuya superficie ocupa el 71% del planeta, a través de las aguas territoriales y zonas económicas exclusivas (ZEE).

La propiedad del mar queda establecida por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar o “Convención de Montego Bay”. En ella se establece la extensión que se puede reclamar de aguas interiores, mar territorial, zona contigua y zona económica exclusiva.

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¿Cuál es la diferencia entre la zona económica exclusiva y las aguas territoriales de un país?

Las aguas interiores son una pequeña franja que coincide con la línea de bajamar, aunque en archipiélagos y zonas escarpadas con fiordos, rías, cabos e islas, suele trazarse una línea recta de referencia llamada línea de base. Desde esta demarcación se extiende el mar territorial —lo que comúnmente se conocen como aguas territoriales— hasta 12 millas náuticas. A partir de ahí nace la llamada zona contigua, que se prolonga hasta otras 12 millas desde el final del mar territorial. Por último tenemos la zona económica exclusiva, que se extiende 200 millas náuticas desde la línea de base, aunque si existe una plataforma continental se puede reclamar su extensión hasta 350 millas. ¿Pero esto último realmente qué significa?

Las plataformas continentales son grandes superficies que en nuestro planeta se extienden desde los 200 metros bajo el nivel del mar hasta las cordilleras más altas. Como podemos intuir, estas plataformas continentales quedan sumergidas bajo las aguas del mar en muchas zonas del mundo, creándose grandes llanuras marinas poco profundas. Precisamente estas llanuras son ricas en bancos de pesca —un recurso estratégico—, así como en recursos energéticos y minerales fáciles de explotar en comparación con los que existen bajo los fondos oceánicos. Porque cuando estas plataformas continentales bajo el mar se terminan lo hacen de forma abrupta, con enormes barrancos submarinos llamados taludes continentales. A partir de ahí comienzan las plataformas oceánicas, que se extienden por debajo de los 3.000 metros de profundidad.

El fácil acceso que permiten las plataformas continentales en su vertiente marítima, así como sus recursos, las ha convertido en un espacio codiciado. Por ello los países costeros han ido reclamando extender sus zonas económicas exclusivas hasta el límite de estas plataformas. Por ejemplo, con el deshielo del Ártico, Rusia, Canadá o Estados Unidos han financiado expediciones para cartografiar la plataforma continental y reclamar así nuevas aguas.

Cuando dos Estados superponen su proyecciones fronterizas sobre el mar pueden llegar a chocar o solaparse. Por ello es necesario establecer un límite hasta el que se puede extender cada uno. Ese trazado máximo hasta el que pueden reclamar queda fijado con una línea equidistante entre sus dos líneas de base. En la teoría esto puede parecer claro, pero en la práctica los diferendos marítimos son muy habituales ante fronteras poco claras o discutidas y tienen que ser los tribunales internacionales los que establezcan de forma definitiva esos límites. Ocurre por ejemplo en el Ártico, en Asia oriental y, especialmente, en el mar de la China Meridional, donde la reclamación china de la “Línea de los nueve puntos” —la cual rompe con el Derecho del mar— entra en conflicto con las reclamaciones del resto de Estados ribereños.

Los cambios en las costas, como la construcción artificial de islas y puertos, las variaciones de las costas por la extracción de áridos o por el aumento del nivel del mar, hacen replantearse la validez y la duración de la Convención del Mar 

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