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Casi un sueldo completo: lo que tienen que pagar los jóvenes en España para alquilar una casa

En Baleares, Canarias y Cataluña el alquiler medio de una vivienda completa sobrepasa con creces el salario íntegro de los menores de 30 años
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En España, la comunidad autónoma en la que los jóvenes tienen más accesible el alquiler de una vivienda es Castilla-La Mancha. Aun así, alquilar una casa en solitario en esa región implica gastar cada mes el 57,6% del salario mediano joven.

Para no realizar un sobreesfuerzo económico, el Banco de España recomienda no gastar más del 35% del sueldo en vivienda, ya sea en el pago de la hipoteca o del alquiler. Sin embargo, como revelan los datos del último semestre de 2023 proporcionados por el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, alquilar en solitario se ha convertido en una tarea imposible para las personas menores de 30 años que viven en el país. Teniendo en cuenta los precios actuales del alquiler en España, los jóvenes deben destinar un 92,1% de su salario neto —la mediana nacional se sitúa en unos 12.000 euros netos anuales — para alquilar una casa. Si cuentas, además, los gastos de suministro, el coste se sitúa por encima del 100% del sueldo.

El asunto es especialmente insostenible en las comunidades autónomas costeras con mayor afluencia turística: Baleares, Canarias y Cataluña, dónde el alquiler medio de una vivienda completa sobrepasa el salario íntegro de los jóvenes. Para alquilar en dichas comunidades, un joven menor de 30 años debería gastarse, de media, el 122,6%, el 121% y el 112% de su sueldo, respectivamente.

El problema del alquiler en estas zonas tiene mucho que ver con la falta de viviendas disponibles para alquilar por largas temporadas, así como por la elevadísima demanda. En Canarias y Baleares, la demanda turística dificulta el acceso a la vivienda para los locales, sometidos a un alquiler estacional o turístico mucho más lucrativo que el de larga duración.

En Cataluña, Barcelona es el lugar con el mercado más tensionado. La ciudad, la segunda urbe europea que acumula más noches reservadas a través de plataformas como Booking, Expedia o Airbnb, cuenta con un acuciante problema de acceso a la vivienda. Al ser un importante centro de atracción turística y laboral, los jóvenes que buscan oportunidades en la ciudad se enfrentan a alquileres desorbitados. De hecho, incluso para alquilar una habitación en una vivienda compartida un joven tendría que destinar de media el 42,4% de su sueldo, muy por encima del 35% recomendado.

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En la Comunidad de Madrid el asunto es igualmente problemático, con alquileres que se comen el sueldo íntegro mediano de los jóvenes. En la Comunidad Valenciana, Andalucía y el País Vasco, alquilar también suponía más del 85% del salario mediano de los jóvenes de esas regiones a finales del año pasado.

El desajuste entre los ingresos y el coste de la vivienda ha generado una situación en la que los jóvenes cada vez tienen más problemas para abandonar el hogar de sus padres. España es, de hecho, uno de los países de la Unión Europea donde la emancipación juvenil es mas tardía.

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No es de extrañar si se tiene en cuenta que el precio del alquiler en España ha aumentado un 77% en la última década, mientras que los ingresos de los hogares solo han crecido un 33%. Esta disparidad ha convertido la tenencia de vivienda en un importante motor de desigualdad económica, hasta el punto de que los inquilinos tienen una renta media anual de 19.758 euros, apenas un 40% de lo que perciben los propietarios (51.007 euros).

Junto a esto, la crisis del alquiler que se vive en el país también está estrechamente vinculada a la creciente mercantilización de la vivienda, con un número cada vez mayor de inmuebles en manos de grandes corporaciones y fondos de inversión especulativos. En Madrid, por ejemplo, el 23,2% de las viviendas en alquiler pertenecen a empresas con más de 50 inmuebles. A nivel nacional, cerca de la mitad de las viviendas registradas entre 2008 y 2020 pertenecían a empresas con más de 8 inmuebles.

Esta situación también supone una barrera casi insalvable para quienes intentan acceder a su primera vivienda en propiedad. Los inquilinos, con ingresos ajustados y necesidad de firmar hipotecas, compiten con inversores que compran al contado: según un informe del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona, publicado en 2024, entre el 56% y el 60% de las compras de viviendas en los últimos años se han hecho sin financiación.

A esto se une la paupérrima situación de la vivienda pública en el país, donde el alquile social solo representa el 1,1% del parque de vivienda. En otros países de la esfera europea, como Francia o Dinamarca, cuentan con hasta un 14% y un 21,4%, respectivamente.

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