El turismo ha sido un sector en auge en las últimas décadas. Hasta el parón de la pandemia de coronavirus —que supuso una caída del 72% de las llegadas internacionales—, el número de turistas no había dejado de crecer. Cuatro años después, 2024 pone el broche final a la recuperación, con 1.400 millones de turistas internacionales en todo el mundo y unos ingresos totales que alcanzaron los 1,6 billones de dólares estadounidenses, un 4% más que en 2019, según los datos recogidos por ONU Turismo.
Los dos países más visitados son europeos. Francia y España, con 102 y 94 millones de turistas en 2024, hacen que el Viejo Continente siga siendo la región que sustenta la industria turística mundial, con más de la mitad de las llegadas de turistas internacionales. Si en Francia el atractivo principal es París, ciudad más visitada de Europa, en España el turismo se concentra en las costas. El modelo de sol y playa, especialmente concentrado en la islas y el Levante peninsular, hacen de España una potencia turística mundial, pero también muy dependiente de la estacionalidad. La cifra de visitantes de 2024 es además la mayor de la historia, en un sector que supone el 12% del PIB del país.
Tras los dos destinos europeos, Estados Unidos es el tercer país más visitado del mundo, acumulando 72 millones de visitantes en 2024. Le sigue China, con 66 millones, Turquía, que adelanta posiciones superando los 60 millones de turistas, e Italia, con casi 58 millones. A más distancia, México, con 45 millones, o Alemania y Reino Unido, con cifras cercanas a los 40 millones.
De los 15 países más visitados del mundo, ocho se encuentran en Europa. A favor del continente juega su espacio de libre circulación de personas, una extendida moneda común y un entorno político con muchos Estados pequeños y medianos, además de una amplia riqueza patrimonial, con playas y buen clima en el sur.
La recuperación posterior a la pandemia del sector se debe principalmente a nuevos récords de llegadas en los destinos líderes y a la progresiva recuperación del Sudeste Asiático, zona que concentraba en 2019 un cuarto de todas las llegadas, pero que en 2023 aún no había alcanzado el 20%. La principal causa del descenso es la reducción de los viajeros de ese continente estos años, especialmente el desplome de los turistas chinos.
España, entre los países con más trabajadores en el sector del turismo
Japón, Tailandia y Malasia son los primeros destinos asiáticos en la lista de los países más visitados en 2024. De hecho, Japón es uno de los recién llegados a la industria. Se abrió al turismo como forma de impulsar su economía en una campaña coordinada desde el Estado para fomentar su poder blando.
A diferencia de los que sucedió en Asía, en América la pandemia no afectó demasiado a las cifras relativas de la región, que se mantuvo entre 2019 y 2023 como el destino del 15% de todos los turistas internacionales.
Oriente Próximo y África son las regiones que menos turismo reciben. Sin embargo, Oriente Próximo es la región con mejores resultados en comparación con los niveles anteriores a la pandemia, con un aumento de las llegadas internacionales del 32 % en 2024. El turismo en estos países se concentra en los países del golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos, Catar o Arabia Saudí, con especial énfasis en el viajero de lujo y de negocios. La expansión de las aerolíneas de la región ha sido clave en este crecimiento, como facilitadoras de los viajes hacia y desde Oriente Próximo, lo que le posiciona como hub internacional.
España: la potencia mundial del turismo se enfrenta a su propio éxito
Sin embargo este rápido crecimiento del turismo en el mundo, unido a la concentración de los turistas en destinos muy concretos, también ha tenido consecuencias negativas. Un ejemplo es la gentrificación, origen de una verdadera crisis de la vivienda que ha expulsado a los vecinos de barrios y comunidades históricas. Ha pasado en ciudades europeas como Barcelona o París, pero también en islas sobreexplotadas del sudeste asiático, como Bali, o del Mediterráneo, como Santorini o Mallorca.
Frente a esto, algunos gobiernos han tomado medidas: Indonesia, por ejemplo, prohíbe a los extranjeros comprar tierras en propiedad —sólo pueden acceder a derechos de uso a largo plazo—; Japón o Tailandia han introducido nuevas tasas turísticas; y Nueva York ha impuesto duras restricciones a Airbnb —entre ellas que el anfitrión esté presente en la vivienda—.
A estos desafíos se suman los efectos de la geopolítica, que afectan directamente al turismo internacional. El conflicto en Gaza ha reducido drásticamente la llegada de viajeros a países vecinos como Egipto o Jordania, como ya ocurrió en Túnez tras los atentados de 2015, o en Grecia, durante los años más duros de la crisis económica.








