Pocos sectores económicos tienen un peso tan importante en España como el turismo: solo en 2024, el negocio vacacional generó más de 207.000 millones de euros y 72.000 nuevos empleos en el país, donde representa el 13,4% del PIB.
Estas cifras fueron posibles gracias a los 94 millones de turistas internacionales que visitaron el país durante el año pasado, un récord para España que le ha llevado a superar a otras potencias turísticas como Estados Unidos o China. Solo Francia resiste el empuje del modelo de sol y playa del país ibérico, aunque puede que no dure demasiado.
Según un informe presentado por Google y Deloitte, de continuar con esta tendencia ascendente España alcanzaría los 110 millones de turistas anuales en el año 2040, superando a Francia como el país más visitado del mundo.
La irrupción de España como potencia turística se inició durante los años cincuenta. El auge del turismo se vio facilitado por el crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de los transportes de la época. Así, la España de la dictadura franquista vio en el sector una oportunidad para abrirse al exterior. La creación del Ministerio de Información y Turismo en 1951 y el Plan Nacional de Turismo fueron los cimientos de esta apuesta económica.
Pese a esto, el boom del turismo español se dio en la década de los sesenta, con Manuel Fraga como ministro y su famoso eslogan “Spain is different”. Durante su mandato facilitó el crecimiento del sector turístico español y promovió un modelo de sol y playa, posicionando a España como uno de los principales destinos de los turistas internacionales.
Más tarde, en los ochenta y noventa, el proceso de internacionalización español se vio fuertemente impulsado por el proceso de transición democrática y el ingreso del país en la Comunidad Económica Europea en 1986. La organización de eventos internacionales en España, como los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1982 o la Exposición Internacional de Sevilla de 1992, también dieron una imagen de modernización que fomentó aún más el turismo.
Sin embargo, la crisis financiera de 2008 supuso un duro golpe para el modelo turístico imperante en el país, estrechamente vinculado con la burbuja inmobiliaria y la corrupción urbanística, sobre todo en las regiones de la costa.
Tras una recuperación progresiva, el turismo español volvió a una tendencia ascendente y consiguió posicionarse en 2018 como el segundo país más visitado del mundo, alcanzando los 80 millones de turistas y superando a Estados Unidos. La dependencia de la economía española en su sector turístico se evidenció con la pandemia de la covid-19. El cierre de las fronteras y las limitaciones de movimiento redujeron el turismo internacional en España a menos de 20 millones de visitantes en 2020. El turismo nacional ayudó a que el sector no se desplomara por completo, pero aún así sufrió fuertes pérdidas que afectaron a la economía nacional.
Con la llegada de las vacunas y la reapertura de fronteras, el turismo volvió a reactivarse y en 2024 alcanzó máximos históricos. Aunque España recibe visitantes de todo el mundo, los turistas de Reino Unido, Francia y Alemania representan los mayores flujos turísticos del territorio español.
Fallas en el modelo turístico
A pesar de la importancia económica del turismo internacional en España, el sector se enfrenta a fuertes desafíos como consecuencia de recibir un número tan elevado de visitantes. La gentrificación turística de las principales ciudades ha generado importantes protestas en regiones como las Islas Canarias o Cataluña, donde los habitantes se han posicionado contra de la masificación turística y el aumento de los precios de la vivienda, que empuja a la población local a la periferia. La presión sobre los comercios tradicionales también es habitual, dando lugar a servicios dirigidos a los turistas.
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Además, el turismo de baja calidad, que atrae a jóvenes de todo el mundo a disfrutar del ocio nocturno español, impacta fuertemente en la vida cotidiana de los habitantes de ciudades costeras y de los archipiélagos. El ruido a altas horas de la noche, la inseguridad o prácticas como el balconing son algunas de las principales quejas.
Pese a la gran cantidad de turistas que llegan al país cada año, la estacionalidad del modelo, que se concentra en los meses de verano, también supone un lastre para la estabilidad laboral. El sector destaca por sus altas tasas de parcialidad y sobrecualificación y por salarios especialmente bajos.


Muy pertinente análisis. Esto demuestra una clara paradoja: mientras se vea el beneficio económico, en términos del porcentaje de PIB, no se tomarán en cuenta las necesidades específicas de la población.
Yo vivo fuera de España y es muy común cómo, por un lado, siguen promocionando activamente el país como destino turístico al mismo tiempo que, por otro lado, aumentan las noticias de las protestas que se han generado a consecuencia de la masificación del turismo.
Entonces, queda finalmente la pregunta: ¿qué hacer? Puesto que el turismo sigue siendo importante para España y no se ve algo que, a corto o mediano plazo, pueda servir para reemplazarlo en cuestiones como los ingresos económicos y los beneficios que reciben quienes se vinculan a actividades derivadas del mismo turismo