El turismo es el principal sector económico de España: en 2018 aportaba el 12% del PIB y es el que más empleos generaba, casi el 13%. Es tan importante que, en un país que carece de grandes regiones industriales más allá de País Vasco y Cataluña, se ha convertido en el motor de transformación de las últimas seis décadas. El turismo ha condicionado el éxodo rural, ha empujado a la población a la costa mediterránea y los archipiélagos de Baleares y Canarias, cambiando la distribución de población del país, y ha hecho surgir nuevas ciudades costeras como Benidorm o Marbella. Sin embargo, el sector turístico español está obsoleto y se enfrenta a una grave crisis que el coronavirus va a empeorar.
Para ampliar: “La España de la despoblación”, El Orden Mundial, 2019
Un modelo obsoleto
Aunque los españoles consideran su país como un gran destino para el turismo cultural, lleno de lugares patrimonio de la humanidad, con diversidad de paisajes, una larga historia y gran riqueza gastronómica y de folclore, hasta hace muy poco el turismo internacional en España ha estado más interesado en las playas. España es eminentemente un destino de sol y playa, un modelo turístico que, aunque atrae a muchos visitantes, está entre los que genera menos ingresos por por turista. Este modelo surgió en los años 60, cuando España se abrió al turismo internacional. Entonces, la estrategia era atraer al mayor número de turistas posible para dar trabajo a una población creciente y que abandonaba el campo. Y el turismo de playa cumplía perfectamente este cometido.
La población española se concentra en Madrid y en las provincias costeras, en gran medida por las mayores oportunidades económicas que se dieron allí durante por el auge del turismo.
No obstante, este modelo tiene una gran desventaja, su alta estacionalidad: centra el grueso de la actividad en verano, con la única excepción de Canarias, cuyo clima subtropical permite una menor estacionalidad y que su máximo de afluencia llegue en ot...