¿Qué es la turismofobia?

El verano es el pico turístico en países del sur de Europa, como España. Sin embargo, también es cuando más se manifiestan los residentes de las principales ciudades destino contra los impactos de la masificación de los visitantes
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¿Qué es la turismofobia?
Pancarta contra los turistas en Barcelona en 2010. Fuente: Miltos Gikas (Flickr)

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La turismofobia es la aversión o rechazo al turismo, en especial al turismo masivo. No se trata tanto del rechazo directo de los habitantes de un lugar a quienes lo visitan, sino más bien a la llegada descontrolada de turistas, sea constante o estacional, la cual termina alterando la identidad, habitabilidad y sostenibilidad de los destinos locales. El concepto se ha extendido en la última década por las protestas contra esos impactos y la gestión pública en ciudades cuya economía depende en buena parte del turismo.

Malestar contra un fenómeno consolidado

Los problemas relacionados con el turismo masivo llevan décadas estudiándose. En 1975, el economista británico George Doxey presentó el “índice de irritación turística”, todavía referente, que divide la relación de los habitantes de un lugar con los turistas en cuatro etapas. La primera es la euforia, en la que los residentes de un destino turístico emergente acogen a los visitantes esperando beneficios. En cambio, la segunda es la apatía, pues el turismo está consolidado y la relación con los visitantes ya es sólo económica. La tercera etapa es la irritación por el aumento drástico del turismo. Por último, la cuarta es el antagonismo debido a las consecuencias del turismo masivo. Esto es lo que hoy en día se entiende como turismofobia.

Por otro lado, el geógrafo escocés Richard Butler propuso en 1980 un ciclo de vida de los destinos turísticos que también sigue en vigor. Este modelo se divide en seis fases: exploración, implicación, desarrollo, consolidación, estancamiento y declive. En este caso, la turismofobia aparece en la fase de consolidación, en la cual el número de visitantes incluso puede superar al de residentes, la economía ya depende en buena medida del turismo, y el entorno sociocultural, geográfico o urbanístico ha cambiado.

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No obstante, el término “turismofobia” es más reciente. Dos de las primeras alusiones fueron en la columna “Turistofobia”, publicada en 2008 en el diario El País, y la edición “Cuidado con la turismofobia” de la revista española Hosteltur, de 2010. En ambos casos se advertía de un fenómeno aún minoritario. Ya en 2012, el documental italoalemán Síndrome de Venecia puso sobre la mesa el caso de la ciudad italiana, muy castigada por el turismo masivo.

Con todo, el término “turismofobia” se extendió a raíz de las protestas contra el turismo masivo a mediados de  2017 en ciudades españolas como Barcelona o Palma de Mallorca. A ello empezaron a sumarse reclamos y manifestaciones en Berlín, Río de Janeiro, Nueva York o París, entre otras urbes. A finales de ese año la Organización Mundial del Turismo advertía del auge del fenómeno.

Consecuencias del turismo de masas

La turismofobia, por tanto, ha surgido sobre todo en ciudades y países consolidados como destinos turísticos. De hecho, Francia, España, Estados Unidos e Italia son cuatro de los cinco países que reciben más visitantes internacionales en el mundo. En el caso español, en los últimos años y en los anteriores a la pandemia, el país recibió más de ochenta millones de turistas al año. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, el turismo representó el 11,6% del PIB y generó el 9,3% del empleo en 2022 sólo en impacto directo. Este año se espera un nuevo récord con más de noventa millones de turistas.

Sin embargo, el turismo masivo también ha causado impactos negativos para las poblaciones locales y el medioambiente. Los primeros incluyen el aumento del coste de vida y la expulsión paulatina de los habitantes de los centros de las ciudades. Esto se debe en especial al aumento de viviendas para uso turístico, la saturación de las zonas más visitadas, la privatización de espacios públicos y el cambio en el entorno, donde los locales de barrios tradicionales se reemplazan por comercios enfocados al turismo. Asimismo, pese a la creación de empleo, también se generan una dependencia económica hacia el sector y en muchos casos unas condiciones laborales precarias. En cuanto a los impactos ambientales, van desde la contaminación del aire y del agua hasta la sobrecarga de los recursos y la destrucción de hábitats naturales.

Turismofobia, protestas y alternativas

Frente al turismo de masas ha habido distintas reacciones. Las principales son las protestas de residentes, trabajadores y organizaciones contra la turistificación descontrolada y la gestión pública del sector, que promueve o no regula ese modelo económico. En España, algunas de las más recientes se han dado en Canarias, Málaga, Baleares o Barcelona, con reclamos como el turismo sostenible o la priorización de las necesidades de los habitantes. Por otro lado, también ha habido actos vandálicos contra turistas y empresas del sector. Algunas de las más conocidas las ha protagonizado la organización juvenil catalana Arran.

Tanto el turismo de masas como la turismofobia han dado lugar a un debate cada vez más extendido acerca de los impactos del turismo y los modelos de ciudad, sobre todo con la reapertura después de la pandemia. Si bien el aporte económico del turismo es innegable en países como España, cada vez hay más conciencia sobre sus impactos colaterales. Para abordarlos se han planteado dos necesidades generales: por un lado, una estrategia que busque no sólo aumentar el turismo, sino armonizarlo con las necesidades locales; por otro, diversificar la economía para reducir la dependencia del sector en favor de otros.

José Manuel Cuevas

Bogotá, 1996. Editor en El Orden Mundial. Doble grado en Historia y Periodismo en la Universidad de Navarra.