La electricidad, como bien de consumo, es un bien estratégico, y para muchos países es un recurso más que exportar y con el que llenar sus arcas y apoyar su industria. Los mayores exportadores de electricidad del mundo lo saben, y para todos ellos el sector de la energía es un pilar clave de su economía.
Canadá, por ejemplo, exporta más de 67 billones de kWh —todos ellos a Estados Unidos— por valor de casi dos mil millones de dólares, lo que le convierte en el mayor exportador de energía eléctrica del mundo. Y es que, si bien la electricidad es un bien de consumo, también se trata de un recurso con características especiales que se debe de consumir en el mismo momento de producirse y que requiere una infraestructura muy específica para su exportación, lo que dificulta y, en muchos casos, impide, su comercio.
Sin embargo, el país que más rentabilidad saca a la exportación de electricidad es Alemania, el segundo exportador global, que ingresa 4.500 millones de dólares anuales por la venta de energía, que produce de forma muy barata gracias al carbón. No obstante, Alemania también importa energía cuando su demanda interna supera a su producción, lo que le hace descender a octava posición si se tiene en cuenta el saldo bruto de las exportaciones energéticas.
A Alemania le sigue Francia, potencia de la energía nuclear, con 64 billones de kWh exportados e ingresos de más de 3.500 millones de dólares. Y en cuarto lugar se encuentra Paraguay, gran potencia hidroeléctrica que comparte con Brasil la presa de Itaipú, la mayor central de energía renovable del planeta. Gracias a su bajo consumo eléctrico interno, Paraguay puede permitirse vender a Brasil y Argentina energía por valor de 1.570 de millones de dólares, lo que representa el 20% del valor de sus exportaciones.
Seis mapas para entender la producción de electricidad en el mundo
Entre los 15 mayores exportadores de electricidad del mundo, ocho de ellos también se encuentran en la lista de países con mayor capacidad hidroeléctrica instalada. China, Paraguay, Laos, Noruega, Suecia, Suiza, Austria o España, que conjuntamente exportan cerca de 220 billones de kWh, tienen también un importante sector hidroeléctrico. La gran ventaja de este tipo de electricidad es que, si bien su consumo y producción han de ser simultáneos, permite acumular agua en las represas para producir energía cuando la demanda lo requiera, y de forma limpia. Esto esta permitiendo que las represas de energía hidroeléctrica pueda server de inmensas baterías para producir electricidad en los momentos de mayor demanda.
No obstante, ser un gran exportador no supone que no se requiera importar energía eléctrica, ya que, al tener que consumirse y producirse a la vez, se dan momentos de sobreproducción y otros de sobredemanda. Esta última situación obliga a muchos países a importar energía. Tanto es así que países como Austria, España o Estados Unidos, que se encuentran entre los principales exportadores de energía del mundo, acaban importando más energía de la que exportan, teniendo balanzas eléctricas negativas.
Las dificultades en el transporte y comercio de electricidad hacen que la mayoría de exportadores la vendan únicamente a sus vecinos, y solo en mercados comunes como el europeo se puede exportar a miembros algo más lejanos, siempre y cuando los países intermedios no estén cubriendo ya esa demanda. Esto favorece el intercambio eléctrico en Europa, cuyos Estados son los más numerosos entre los mayores exportadores de electricidad.
Pero también hay que destacar el papel de países como China, que pese a ser un exportador neto, ante el sostenido crecimiento de su demanda interna, está apostando por países vecinos para producir electricidad que luego poder importar a China, como es el caso de Laos y sus represas en el río Mekong.