El sucre fue, durante más de un siglo, la moneda oficial de Ecuador, pero tras una grave crisis económica a finales de los años noventa, el Gobierno de Jamil Mahuad decidió que el dólar se convirtiera en la divisa oficial del país en 1999. Al igual que Ecuador, en la actualidad existen otros 17 territorios que usan de forma oficial el dólar norteamericano, muchos de ellos tras abandonar su propia moneda nacional y ceder toda su soberanía monetaria. Se trata de un proceso conocido como dolarización y que demuestra el enorme poder y la influencia que es capaz de ejercer la primera economía mundial.
Aunque la dolarización se ha extendido por todo el mundo durante las últimas décadas, ninguna región ha sido más propensa a adoptar la moneda estadounidense que Latinoamérica, donde el uso del dólar se ha impuesto tanto formal como informalmente.
Así, países como Ecuador, El Salvador o Panamá están oficialmente dolarizados, mientras que otros como Venezuela o Argentina se consideran dolarizados de forma informal o espontánea. La profunda crisis económica que vive el país venezolano y la elevadísima inflación de su moneda, el bolívar, ha terminado extendiendo el uso del dólar como moneda de transacción habitual, mientras que en Argentina, donde el llamado dólar blue o dólar informal también está muy asentado, el candidato ultraderechista a la presidencia Javier Milei ha prometido dolarizar oficialmente la economía para escapar de la crisis inflacionista.
En este sentido, los debates sobre la dolarización son una constante en la esfera pública latinoamericana, donde la estabilidad y el prestigio internacional del dólar se presentan como una solución a los problemas económicos que azotan la región. Argentina no es el primero en barajar el cambio de moneda, ni será el último. En muchos casos, sin embargo, la dolarización no es el camino de rosas que Milei propone.
A Ecuador el cambio al dólar le fue relativamente bien: consiguió disminuir la inflación a la larga, aunque es el segundo país de Latinoamérica que más dinero debe al FMI tras la propia Argentina. Las exportaciones, de las que los países latinoamericanos dependen ampliamente, sufrieron mucho con el cambio debido a la brecha monetaria con los países vecinos, aunque se abarataran las importaciones. Además, al venir de una fuerte crisis económica, la transición al dólar desplomó los ahorros, pensiones y salarios de los ecuatorianos y obligó al Estado a endeudarse fuertemente para sostener la infraestructura pública.
Los efectos de una dolarización formal en Argentina, en línea con la experiencia ecuatoriana, incluirían probablemente la devaluación de los salarios y ahorros en un primer momento. Sin embargo, la familiaridad de los argentinos con el dólar como moneda de ahorro podría contribuir a que la adaptación fuera menos abrupta y, potencialmente, más manejable, si bien soólo el 19% de la población confirmó contar con ahorros en 2021.
Fuera de Latinoamérica, uno de los casos más recientes de dolarización oficial es el de Zimbabue. El país sudafricano abandonó su moneda en favor del dólar en 2009 con la intención de disminuir la inflación, pero acabó introduciendo de nuevo el dólar zimbabuense en 2019, pues la escasez de dólares hizo que el país entrara en recesión. Actualmente, y tras el fracaso de la dolarización formal, en Zimbabue se mantiene el uso de monedas como el dólar estadounidense, el rand sudafricano o incluso el euro.