La minería ha vuelto a la Unión Europea. Ya no es por el carbón, expulsado del mix energético por sus excesivas emisiones, sino por recursos como el grafito o el litio, fundamentales para sectores en auge como el automóvil eléctrico, las energías renovables y las tecnologías de defensa. Por el momento, tanto la Unión Europea como Estados Unidos dependen ampliamente de China para el suministro de dichos materiales. El gigante asiático refina más del 60% del litio, níquel y cobalto mundial. También domina hasta el 90% del refinado de tierras raras y fabrica el 71% de las celdas de baterías y el 57% de los vehículos eléctricos.
Ante esta situación, no es de extrañar que los conocidos como recursos estratégicos o críticos se hayan convertido en uno de los ejes de la guerra comercial entre EE.UU. y China. La vuelta de Trump a la Casa Blanca ha llegado acompañada de una política explícita y coercitiva para asegurar depósitos en terceros países. En las negociaciones de paz en Ucrania, de hecho, el presidente republicano ya ha usado los yacimientos de tierras raras y minerales ucranianos como moneda de cambio por la ayuda militar aportada al país.
Para salvar la dependencia de las dos potencias, y en vista de los recientes acontecimientos geopolíticos, la Unión Europea está promoviendo por su parte la reactivación de la minería con el objetivo de asegurar un suministro comunitario de estos materiales clave. El primer paso ha sido impulsar 47 nuevos proyectos en suelo comunitario, de los cuales siete se desarrollarán en España.
España, ¿potencia minera de la UE?
En España, los yacimientos de minerales estratégicos se concentran especialmente en el sur y el oeste del país. España es el segundo productor de cobre de la Unión Europea y el 15º del mundo. El cobre es uno de los metales catalogados como estratégicos por su uso intensivo en infraestructuras eléctricas.
La provincia de Huelva, en Andalucía, agrupa las mayores reservas de España de este material, en lo que se conoce como la faja pirítica ibérica, una vasta extensión de 250 kilómetros, rica en cobre, pero también en plomo o zinc. De hecho, Andalucía es responsable de un tercio de las exportaciones minerales de España, y se espera que el sector crezca aún más. En 2023, el Instituto Geológico y Minero de España ya había localizado en la región diecisiete minerales de los considerados estratégicos por Bruselas.
Otro de los recursos más codiciados es el litio, apodado «oro blanco», de amplio uso en baterías. La provincia de Salamanca, en la región que hace frontera con Portugal, concentra las reservas más importantes de España. El cobalto, el níquel y el manganeso, también claves en la industria tecnológica y de almacenamiento energético, están más repartidos por el territorio nacional.
Por otra parte, las famosas tierras raras, un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la fabricación de productos electrónicos avanzados, imanes de alta potencia y tecnologías de defensa, han sido otro de los grandes reclamos de los últimos años. Se denominan «raras» no porque sean escasas, sino porque su extracción y procesamiento resultan complejos. En España, su viabilidad es limitada, aunque se han identificado posibles yacimientos menores en Ciudad Real y Pontevedra, según la Infraestructura Europea de Datos Geológicos (EGDI).
Salvo el cobre, la minería en España ha perdido protagonismo en las últimas décadas debido a sus altos costes y al impacto ambiental. Muchas explotaciones han cerrado o carecen de incentivos para su reactivación. Sin embargo, el impulso de Bruselas a la minería estratégica y la financiación de siete proyectos en España podrían marcar el inicio de una nueva etapa, con Extremadura y Andalucía como epicentros.
Pese a esto, la presencia de reservas no garantiza su explotación a gran escala ni su rentabilidad a largo plazo. A pesar de las promesas y estudios en marcha, España sigue lejos de la autosuficiencia minera: de las 34 materias primas esenciales para la transición verde, en España solo contamos con minas activas de ocho de ellas.
Extractivismo y transición verde
Aunque estos recursos críticos son esenciales para asegurar el abastecimiento y cumplir los objetivos de descarbonización del continente —la UE aspira a producir la mayor parte de las baterías para coches eléctricos hacia 2030—, la reactivación de la minería ha levantado sus propias polémicas medioambientales.
Es el caso de las explotaciones de litio, con numerosas protestas contra los nuevos proyectos mineros en Serbia, Alemania o en España. En Cáceres, Extremadura, más de 4.000 personas se manifestaron en noviembre de 2024 en contra de la mina de litio que la empresa australiana Infinity Lithium pretende construir en la Sierra de Valdeflores, cercana a la ciudad.
De hecho, tres de los proyectos sobre minerales estratégicos seleccionados por la Unión Europea en España se sitúan precisamente en Extremadura: se trata de Aguablanca, en Badajoz; Las Navas (Cáceres) y Almoharín, también en Cáceres, donde se prevé la reapertura de una mina a cielo abierto.
La controversia no se detiene en el impacto ambiental de las extracciones, sino también a la financiación y control de estos recursos. Gran parte de las explotaciones mineras europeas están en manos de grandes compañías canadienses y australianas, con un creciente peso del capital chino en sus accionariados. Es el caso de la mina de las Cruces, en Sevilla, propiedad de la canadiense First Quantum Minerals, cuyo principal accionista es la estatal china Jiangxi Copper.
La paradoja es evidente: la UE impulsa la minería para reducir su dependencia de China, pero buena parte de las inversiones provienen de empresas extracomunitarias, incluidas estatales chinas. De los siete proyectos estratégicos de la UE en España, la gallega Doade es de las pocas de propiedad enteramente nacional.







