Mapa de los masones en el mundo

El mapa de la masonería en el mundo

Cerca de noventa países cuentan con al menos una Gran Logia, una especie de gobierno supremo federal que regula la actividad masónica dentro de un Estado
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Con 101 metros de altura, una escultura de una escuadra y un compás visible desde los aviones que aterrizan en la ciudad y un diseño que emula el del antiguo faro de Alejandría, el George Washington Masonic National Memorial rinde homenaje «al hombre, el masón y el padre» de Estados Unidos desde una colina a las afueras de Washington D. C. Su ostentoso diseño simboliza el poder de la masonería estadounidense, la más numerosa del mundo con casi 900.000 miembros, pero también el anacronismo de una organización en declive y marginada que conserva ritos cada vez más desactualizados y que ha perdido el 63% de su comunidad en el país norteamericano en las últimas tres décadas.

La masonería o francmasonería es una organización de corte internacional, humanista y fraternal que hunde sus raíces en los gremios medievales de canteros encargados de construir las grandes catedrales góticas de Europa, cuyos talleres recibían el nombre de logias. Ante la falta de miembros, estas sociedades comenzaron a aceptar la inclusión de compañeros desvinculados del gremio, conocidos como masones «aceptados» o «especulativos», y poco a poco las logias fueron ampliando su horizonte intelectual e introduciendo los ideales de universalidad y tolerancia.

La masonería moderna toma forma sin embargo durante la Ilustración, en el siglo XVIII, cuando los ingleses más formados comenzaron a asociarse para debatir cuestiones filosóficas y religiosas de manera organizada. Fue, concretamente, en 1717 cuando cuatro logias londinenses formaron la Gran Logia de Londres y Westminster, que además de ser la única que podía autorizar la creación de otras nuevas documentó los ritos de los antiguos masones para redactar las Constituciones de Anderson de 1723 y sentar las bases de la masonería especulativa.

En las siguiente décadas el ejemplo inglés se extendió por toda Europa en un intento de combatir la ignorancia y el fanatismo religioso —azuzado por las guerras de religión— con la educación y la filantropía. El objetivo último era crear una sociedad secreta de pensamiento paralela a la religión y a la política. Con todo, esta vocación se ha vinculado históricamente con la conspiración y el oscurantismo.

¿Qué es la masonería?

La masonería, cierto es, jugó un papel fundamental en el desarrollo de ciertos países occidentales, especialmente en América: las redes de contactos de sus miembros los convertía en funcionarios coloniales muy útiles para las potencias europeas, y la ideología masónica caló en los padres fundadores de Estados Unidos o libertadores como Simón Bolívar o José de San Martín. Sin embargo, su supuesta relevancia suele obedecer más acusaciones y leyendas creadas desde el exterior de la organización que a una influencia real.

Adolf Hitler, por ejemplo, se apropió de la teoría judeo-masónica para aplicar su plan de exterminio. Del mismo modo, Francisco Franco persiguió durante toda su vida política a la masonería, a la que consideraba una suerte de sociedad satánica y comunista causante de todos los males de España. Los islamistas, por su parte, sostienen que la masonería está detrás del sionismo.

En la actualidad, son cerca de noventa los países que cuentan con al menos una Gran Logia —o Gran Oriente para la tradición francesa—, el órgano de gobierno supremo y de carácter federal que rige el funcionamiento de la actividad de los masones dentro de un Estado o de forma excepcional una región, como ocurre en Estados Unidos, Brasil o Australia. Cada una de ellas funciona de manera independiente y puede establecer sus propias reglas y rituales, así como elegir qué otras Grandes Logias reconoce.

A pesar de ello, la mayoría comparten unos códigos comunes, como una serie de “usos y costumbres ancestrales”, el secretismo acerca de sus procesos internos o la necesidad de ser un varón recomendado por otro miembro de la Logia o la de creer en Dios, o al menos en un ser supremo, para poder entrar en la organización. También emblemas como la escuadra y el compás, que representan la moralidad; el ojo de la providencia o que todo lo ve, que representa la vigilancia de Dios; o la colmena, que representa la cooperación. Existen sociedades masónicas que escapan de estas prácticas generales, admitiendo por ejemplo a mujeres, pero cualquier desviación suele provocar el rechazo de la comunidad regular de Grandes Logias.

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