¿Qué es un Estado nación?

Los Estados nación son la entidad político-territorial predominante en el mundo. Surgieron con hitos como la Paz de Westfalia y la Revolución francesa, y proliferaron entre los siglos XIX y XX. Hoy en día enfrentan retos externos, como la globalización, e internos, como el secesionismo
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¿Qué es un Estado nación?
Sede de Naciones Unidas en Ginebra. Fuente: Wikimedia Commons

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El Estado nación es el modelo de organización política caracterizado por un territorio delimitado, una población estable, un Gobierno efectivo y soberanía propia. Aunque antes había sociedades organizadas, la base del Estado moderno fue la Paz de Westfalia en 1648. Esta finalizó la guerra de los Treinta Años, articuló un nuevo equilibrio entre Estados y el principio de soberanía territorial, y dio origen a las relaciones internacionales modernas. Por tanto, dio pie a que el Estado fuera el primer sujeto de derecho internacional, entendido como la organización política de un territorio. El concepto de “nación”, por su parte, se refiere al conjunto de personas que comparten historia, geografía y cultura.

Francia, tras la Revolución de 1789, se considera el primer Estado nación. Este acontecimiento fue el principio del fin del Antiguo Régimen en Europa, caracterizado por las monarquías absolutas, y aportó los cimientos del Estado de derecho actual, basado en la libertad e igualdad ante la ley. El pensamiento revolucionario se inspiró en El espíritu de las leyes, de Montesquieu, que desarrolla la separación de poderes, el imperio de la ley, el concepto de “soberanía nacional” y las bases de la democracia representativa. Esta obra también influyó en la independencia de Estados Unidos en 1776.

Requisitos para ser un Estado 

Según el derecho internacional público, un Estado necesita cuatro elementos para ser considerado como tal: territorio delimitado, población estable y permanente, un Gobierno efectivo y la soberanía de la que emana personalidad jurídica. Son elementos interrelacionados. Por ejemplo, que el Gobierno sea efectivo requiere que tenga independencia para tomar decisiones y soberanía propia. Además, debe poseer el monopolio de la violencia. En 1933, la Convención Panamericana sobre Derechos y Deberes de los Estados también estableció como requisito la capacidad de relacionarse con otros Estados, aunque no enumeró la soberanía. 

En la práctica, un Estado también debe ser reconocido por otros para poder actuar y relacionarse con ellos. Pero el reconocimiento del Estado y de los Gobiernos difiere. El primero es un acto jurídico que implica el surgimiento de derechos y obligaciones entre el nuevo Estado y el que lo reconoce. Aun así, se trata de un acto discrecional y voluntario. El problema que plantea un Estado nación no reconocido es su propia supervivencia en el orden internacional. Mientras tanto, un Gobierno puede no ser reconocido, por ejemplo, tras haber llegado al poder de forma antidemocrática, pero eso no influye en la consideración del Estado.

Por lo general, se considera que el número de los Estados es el de aquellos que integran Naciones Unidas. Junto a los dos observadores (Palestina y la Santa Sede), suman 195. Sin embargo, hay Estados con los cuatro elementos constitutivos que no pertenecen a la ONU, como Kosovo o Taiwán. Por otro lado, en la organización hay Estados que no son reconocidos por otros, como Israel, Armenia o incluso China.

Globalización y secesionismo: retos para los Estados nación

El Estado nación es el modelo de organización político-territorial predominante en el mundo. Sin embargo, enfrenta retos que podrían poner en jaque su supervivencia. Por un lado, la globalización pone en riesgo la cohesión de sus fronteras, debido a los elevados flujos de personas, capitales, bienes y servicios. Asimismo, el auge de las organizaciones supranacionales en el siglo XX ha supuesto que los Estados deleguen ciertas competencias, como en la Unión Europea, o que se establezcan límites y controles a su actuación.

Otro desafío es mantener la cohesión nacional. Las aspiraciones secesionistas de ciertos grupos minoritarios, como distintas etnias, grupos religiosos o nacionalismos en regiones concretas, pueden provocar conflictos sociales que afecten al sentimiento de comunidad de un Estado nación. Lo mismo sucede por la unión de personas de distintas partes del mundo. Por ejemplo, a través de las redes sociales para afrontar problemas comunes, como el cambio climático o la lucha por los derechos de ciertos colectivos, favoreciendo un sentimiento de comunidad más allá de las fronteras.

Marina Acebes

Soria, 2000. Graduada en Relaciones Internacionales y Economía por la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Interesada en la macroeconomía, la geopolítica y las curiosidades sobre los países.