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La masonería o francmasonería es una organización internacional humanista que actúa como centro de unión y amistad entre sus miembros basada en el sentimiento de fraternidad. Defensora de la dignidad humana, la tolerancia y la igualdad, su objetivo es impulsar la verdad, el progreso social y el desarrollo moral e intelectual del ser humano a través de las ciencias. Por eso puede entenderse como una escuela de formación donde los masones buscan transformarse en hombres buenos y de honor.
Los masones tienen aspiraciones universales y se organizan de forma federal, agrupándose en cada país en asociaciones denominadas “logias”. Pese a que en la masonería existen diferentes ramas, las logias comparten lenguaje y simbología, como el logo de la escuadra, el compás, el libro sagrado y las iniciales del Gran Arquitecto del Universo. También tienen en común su carácter iniciático, de forma que los nuevos miembros deberán superar unas pruebas de purificación para ser aprendiz, el primer grado masónico. Un ritual de iniciación es el juramento de discreción, por el que se jura no revelar los procesos de los masones. Este secretismo ha permitido manipular el imaginario sobre la masonería con mitos y teorías conspirativas.
Los orígenes de la masonería moderna
Las primeras sociedades masónicas se relacionan con los gremios dedicados a construir las grandes catedrales góticas europeas, cuyos talleres se conocían como “logias”. Esta masonería operativa comprendió del siglo XIII al XVI, cuando comenzaron a admitir miembros honoríficos desvinculados del gremio, llamados “masones aceptados”, que introdujeron los ideales de tolerancia y universalismo. Durante el siglo XVII las organizaciones adquirieron una vocación intelectual y espiritual, evolucionando hacia la masonería especulativa que conocemos hoy.
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Esta etapa comenzó en 1717, cuando cuatro logias conformaron en Londres la primera Gran Logia, la única que podía autorizar la creación de otras nuevas. Su gran maestro recopiló documentos sobre la historia, reglas y usos de la antigua masonería para redactar las Constituciones de Anderson de 1732. En los años siguientes las logias se expandieron para combatir la ignorancia y el fanatismo religioso con la educación y la filantropía en una Europa que había sufrido las guerras de religión entre católicos y protestantes.
La masonería se desarrolló en el preludio de la Ilustración, mientras el empirismo, el racionalismo y el antropocentrismo empezaban a dominar la filosofía. Su objetivo en el siglo XVII era formar una sociedad de pensamiento que reuniese a hombres que respetaran la moral natural, creyeran en Dios y trabajaran juntos al margen de la religión y la política. Era necesario jurar ante el Gran Arquitecto del Universo, lo que implicaba creer en el Dios de la Biblia, pero había libertad para pertenecer a cualquier confesión cristiana. La masonería ofrecía un espacio a los pensadores ilustrados, como Montesquieu y Voltaire, donde vivir los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, lejos de las supersticiones del Antiguo Régimen.
Entre leyenda y realidad
Aunque la masonería no es una organización secreta, sí mantiene el secretismo sobre sus procesos internos. Esto ha rodeado su historia de teorías conspirativas, que van desde su participación en crímenes y atentados a la teoría sobre el nuevo orden mundial. Muchas teorías incluyen sus símbolos, relacionados también con otras organizaciones secretas, como los Illuminati. Sin embargo, la masonería fue fundamental en el desarrollo de ciertos Estados occidentales. Las redes de contactos convertían a sus miembros en los perfectos funcionarios coloniales de los imperios europeos, como el británico. En Estados Unidos, un país creado durante la Ilustración, el legado masónico se aprecia en la arquitectura o los billetes.
No obstante, distintos regímenes autoritarios han aprovechado las leyendas masónicas. En Alemania, Adolf Hitler se apropió de la conspiración judeo-masónica sobre una élite financiera judía que controlaba todo, y Francisco Franco le siguió en España añadiendo la defensa de la Iglesia católica. La Unión Soviética y China también la prohibieron por considerarla una asociación de burgueses e imperialistas, y entre los islamistas se relaciona con el sionismo.
Además, la masonería no siempre ha estado a la altura de sus ideales. Durante siglos sólo podían acceder los intelectuales de la aristocracia y la alta burguesía. Hoy en día, las mujeres aún no son admitidas en las logias masculinas de la vertiente anglosajona, que apenas han evolucionado desde su creación. Hasta 1983 no se formó la primera logia mixta en Francia, dentro de la corriente continental, que concede más libertad y permite el laicismo. La masonería también ha estado atravesada por el racismo: en Estados Unidos, la segregación llevó a que hubiera una masonería blanca y otra de afroamericanos aún vigente.





