En noviembre de 2022, con Ucrania en plena contraofensiva en su guerra contra Rusia y Europa aún en shock, Viktor Orbán apareció en un partido amistoso celebrado en Budapest entre las selecciones de fútbol de Hungría y Grecia con una bufanda que incluía un mapa de la Gran Hungría al cuello. Símbolo del irredentismo húngaro que reclama las fronteras imperiales previas a la derrota del Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, el gesto del primer ministro húngaro fue condenado rápidamente por Rumanía, Eslovaquia y Ucrania.
El mapa de la Gran Hungría muestra en concreto las fronteras del país antes del tratado de Trianón, el acuerdo de paz firmado en 1920 entre los Aliados y el Reino de Hungría tras el fin de la Gran Guerra. En él, Hungría se vio obligada a ceder dos tercios de su territorio a los actuales Austria, Eslovenia, Croacia, Serbia, Rumanía, Ucrania, Polonia y Eslovaquia, una partición que se traduce en la actualidad en una diáspora de más de tres millones de húngaros étnicos, la mayoría de ellos en Rumanía y Eslovaquia.
Aunque el mapa de la Gran Hungría refleja sus fronteras durante su unión con Austria, la historia del Reino de Hungría se extiende a lo largo de casi un milenio —desde la coronación de su primer rey, Esteban I, alrededor del año 1000—. En el siglo XII se convirtió en una de las principales potencias europeas, papel que recuperó tras la ocupación otomana del siglo XVI de la mano de los Habsburgo, que consiguieron reunificar el reino en 1686 y situarlo bajo la esfera de influencia germánica.
En 1867, tras una serie de derrotas militares austríacas que evidenciaron la necesidad de fortalecer el imperio y ante las exigencias húngaras de mayor participación en los asuntos del Estado, se firmó el compromiso austrohúngaro. Este acuerdo equiparó el estatus del Imperio austríaco con el del Reino de Hungría —o Transleitania, como se le conoció en alemán por encontrarse en su mayor parte al este del río Leita— y unificó su monarquía bajo Francisco José I, quien recibió los títulos de Emperador de Austria y Rey de Hungría.
A pesar de ello, el Imperio austrohúngaro nunca llegó llegó a integrar completamente ambos territorios, sino que mantuvo su administración independiente con parlamentos, gobiernos y tribunales diferenciados. Fue en su lugar en temas de defensa y relaciones exteriores, como la Primera Guerra Mundial en la que conformó la Triple Alianza junto con Alemania e Italia, en lo que Austria-Hungría actuó realmente como un único Estado.
El revisionismo histórico húngaro
Desde su primer ascenso al poder en 1998, Viktor Orbán ha coqueteado frecuentemente con la idea de la Gran Hungría, abriendo viejas heridas y remando en contra de la integración europea. Pero fue a partir de su regreso en 2010 cuando Trianón se convirtió en una obsesión para el primer ministro magiar, hasta el punto de que ese mismo año aprobó una ley que permite a cualquier persona descendiente de un ciudadano húngaro antes de 1920 y con conocimientos del idioma magiar reclamar la ciudadanía húngara. Además, el Parlamento húngaro declaró el 4 de junio, fecha en la que se firmó el tratado de Trianón, el Día de la Unidad Nacional.
A ello hay que sumar una larga lista de provocaciones, como en 2011, cuando Hungría ocupó la presidencia rotatoria del Consejo Europeo y el Gobierno de Orbán instaló una alfombra en la sede del organismo con un mapa de Hungría en 1848, cuando dominaba gran parte de Europa central. O en 2020, antes de la época de exámenes en el país magiar, cuando el primer ministro publicó en Facebook un mapa de la Gran Hungría para desear aparentemente suerte a los estudiantes. Desde ese mismo año, además, cerca del Parlamento en Budapest se erige el Monumento a la Solidaridad Nacional, donde figura el nombre de 12.485 ciudades y pueblos que pertenecieron al Reino de Hungría.
Sin embargo, el revisionismo histórico que propugna Viktor Orbán debe ser interpretado como una táctica electoral más que como una amenaza territorial para sus vecinos. Dentro de la estrategia de su partido Fidesz para convertirse en la formación hegemónica de la derecha húngara figura la asimilación del discurso irredentista de Jobbik, su gran competidor de extrema derecha. La idea de crear un Día de Unidad Nacional figuraba de hecho antes en el manifiesto de esta formación.
Así, las críticas que Orbán recibe en el plano internacional por enseñar el mapa de la Gran Hungría le sirven al líder ultranacionalista para mostrarse a nivel interno como un defensor de la patria húngara que busca reparar las injusticias cometidas en el pasado contra su pueblo.







