El Volga es el río más largo y más caudaloso de Europa, y a pesar de ello solo fluye a través de un país, Rusia. Se trata de su corazón histórico, su motor económico y su alma cultural, la madre Volga —Волга-матушка o Volga Matushka—. Su cuenca es la más extensa del continente y cubre un tercio de la Rusia europea con solo pequeñas áreas internándose en Kazajistán, por lo que el mapa del río Volga es también la representación del núcleo geopolítico de Rusia.
En sus orígenes la Rus de Kiev, fundada en el año 882 y origen común de rusos, bielorrusos y ucranianos, era un país organizado en su lugar sobre la cuenca del Dniéper, con su centro en las actuales Ucrania y Bielorrusia y territorios periféricos en la cuenca alta del Volga y el Báltico, conexión de Kiev con la Escandinavia de la que procedían sus dirigentes.
Pero tras el colapso de la Rus provocada por las invasiones mongolas y tártaras surgieron varios principados independientes periféricos, los cuales dominaron la región hasta que el principado de Moscovia (o de Moscú) unificó la cuenca superior del río Volga a principios del siglo XV. Así, cuando Iván IV el Terrible (1547-1584) conquistó los kanatos de Kazán y Astracán el mundo ruso se alejó definitivamente del río Dniéper y pasó a vincularse estrechamente a la geopolítica del Volga, dando lugar al Imperio ruso.
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La inmensidad de Rusia es indiscutible pero pena que la centralización que siempre ha sufrido la lleva a errores como el explicado en este artículo. Una muestra más es la actual guerra contra Ucrania que debió haberse debatido y pensado mejor y así haber evitado miles de muertes de civiles y militares.