El 8 de mayo de 1945, tras meses de intensos combates y el avance imparable de las tropas aliadas desde el oeste y del Ejército Rojo desde el este, Alemania firmaba su rendición incondicional, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Se iniciaba así una nueva etapa en la historia de Alemania, marcada por una difícil posguerra y una división de su territorio —revertido a las fronteras de 1937— entre las potencias victoriosas: la zona este bajo control soviético; Estados Unidos en el sur y sureste, entre el río Meno y los Alpes bávaros; Reino Unido al noroeste, desde el Elba y a lo largo del bajo Rin; y la zona francesa del suroeste, en la región fronteriza con Alsacia y Lorena. Además, dos pequeños enclaves dentro de la zona británica quedaron bajo control estadounidense: la ciudad de Bremen y su puerto marítimo, Bremerhaven, tras la petición de Estados Unidos de contar con un acceso propio al mar.
A su vez, la capital, Berlín, que caía en la zona soviética, quedaba también dividida en cuatro zonas de control. La partición, inicialmente concebida en la conferencia de Yalta (Febrero de 1945) como una solución temporal para evitar una recuperación rápida del poder militar y político de Alemania, acabaría sentando las bases de la división política de Europa durante la Guerra Fría, por las tensiones en aumento entre los Aliados en la posguerra.
En el sector francés, el protectorado de Sarre era un enclave diferente al resto. Este pequeño territorio tuvo, desde el Tratado de Versalles y el fin de la I Guerra Mundial, un estatus especial como territorio administrado por la Sociedad de Naciones. Se encontraba separado temporalmente de Alemania debido a su importancia estratégica y económica, principalmente por sus minas de carbón. En 1935, tras un plebiscito, el Sarre se reincorporó a Alemania, lo que se convirtió en una de las primeras operaciones territoriales del Tercer Reich. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, y bajo la ocupación de las fuerzas aliadas, la zona pasó a estar bajo control francés. En 1947 se estableció el protectorado del Sarre, con una administración autónoma pero dependiente de Francia. Fue solo en 1957, tras un acuerdo entre Francia y la República Federal Alemana, cuando el Sarre se reincorporó definitivamente a Alemania, poniendo fin a su estatus especial.
La división inicial de Alemania en cuatro zonas de ocupación no duró demasiado. En 1947, Estados Unidos y el Reino Unido integraron sus territorios en la llamada Bizona, a la que poco después se sumó Francia —aunque con reservas ante una posible reunificación alemana—. A partir de ese momento comenzaron a sentarse las bases de un nuevo Estado liberal en el oeste de Alemania, con reformas políticas y económicas que contradecían las aspiraciones soviéticas. La fractura entre las potencias vencedoras reflejaba ya las dos visiones opuestas que se imponían en Europa: por un lado, la reconstrucción capitalista impulsada por el plan Marshall; por otro, el afán de Stalin por asegurar su influencia mediante la creación de estados socialistas en Europa del Este.
Esta tensión terminó desembocando en el bloqueo soviético de Berlín en junio de 1948: la URSS, contraria a los planes occidentales, clausuró todos los accesos terrestres a Berlín occidental. Sin embargo, durante casi un año los Aliados lograron mantener la conexión con la ciudad gracias a un puente aéreo que abasteció a la población mediante miles de vuelos, operados a través de tres aeropuertos: Tempelhof, situado en el sector estadounidense; Gatow, en el sector británico; y Tegel, construido durante el bloqueo en el sector francés para aumentar la capacidad de suministro.
Aunque el bloqueo duró solo once meses, sería el paso previo a la fractura total del país. En 1949 se crearon dos Estados alemanes: la República Democrática Alemana (RDA), un ente socialista bajo influencia soviética que se extendía por los estados de Brandeburgo, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia, Mecklemburgo-Pomerania Occidental y con el centro de mando en Berlín oriental; y la República Federal Alemana (RFA) del oeste, que abarcaba los estados de Renania del Norte-Westfalia, Hesse, Renania-Palatinado, Baden, Württemberg, Baviera, Schleswig-Holstein, Baja Sajonia, Bremen y Hamburgo y con capital provisional en Bonn.
Tras la creación de los dos Estados, Berlín mantuvo su división, aunque era posible pasar de un sector a otro a través de distintos puntos de control. Sin embargo, esta situación causó un grave problema para la RDA: miles de personas emigraban desde el este al oeste aprovechando que Berlín occidental era una «isla» capitalista dentro del bloque socialista. Para frenar estos flujos, en agosto de 1961 se ordenó finalmente la construcción del famoso Muro de Berlín, el gran símbolo de la división de Alemania y de la Guerra Fría. Solo era posible cruzar con permiso por limitados pasos fronterizos, el más famoso de ellos el Checkpoint Charlie. El muro mantendría la ciudad dividida casi treinta años, hasta su demolición en 1989.