Con la Segunda Guerra Mundial a punto de terminar, una de las preocupaciones principales de los países vencedores era el destino de Alemania. El Tratado de Versalles de 1919 ya había demostrado las consecuencias de cargarle toda la culpa de lo ocurrido durante la Gran Guerra, así que los Aliados no podían permitirse el mismo error en 1945. En las conferencias de Yalta y Potsdam de ese año decidieron dividir Alemania en cuatro zonas de ocupación, de manera que el oeste pasó a estar controlado por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, y el este por la Unión Soviética.
No obstante, las potencias occidentales acabaron inconformes con el reparto porque Berlín había quedado dentro del sector soviético. Acordaron entonces que la capital también se dividiría en cuatro zonas y que Moscú permitiría la comunicación entre la zona oeste de Berlín y Alemania occidental. Como garantía de este pacto, el Consejo de Control Aliado, que reunía a las cuatro potencias ocupantes, consintió a finales de 1945 que se estableciesen tres corredores aéreos entre la capital y la parte que ocupaban estadounidenses, británicos y franceses cuando fuese necesario. Tres años después, los aliados occidentales se ampararon en este acuerdo para salvar el bloqueo de Berlín que la Unión Soviética impuso en verano de 1948.
El bloqueo de Berlín, en medio de la reconstrucción
La ocupación de Alemania fue una empresa costosa para las potencias occidentales. Solo al Reino Unido, mantenerse en el territorio llegó a suponerle unos 80 millones de dólares al año. Por esta razón, británicos y estadounidenses unieron sus administraciones para aumentar el comercio entre ellas y con el exterior. Crearon así una unión económica en enero de 1947, conocida como la Bizona, que firmó acuerdos con Grecia, Suiza y los países del Benelux e incrementó la producción de acero para fomentar su desarrollo.
En vista del éxito obtenido, los anglosajones anunciaron en junio de 1948 que emprenderían una reforma monetaria para culminar la integración económica de la Bizona. El objetivo era sustituir el devaluado marco imperial por el alemán para estabilizar la economía de Alemania occidental. En la práctica, esto significaba que la mitad soviética del país tenía que adoptar la nueva moneda si quería seguir comerciando la otra. Sin embargo, el líder de la URSS, Iósif Stalin, no quería privilegiar la economía de sus rivales.
Como contramedida, las autoridades soviéticas empezaron a detener el tráfico rodado y de ferrocarril dirigido a Berlín occidental, y el 23 de junio anunciaron su propia moneda en toda su zona de ocupación, incluida la capital alemana completa. Ante la protesta de los aliados occidentales, Stalin ordenó al día siguiente bloquear todas las comunicaciones terrestres y fluviales con Berlín oeste, así como el corte de la electricidad. Quería que la mitad occidental de la capital no tuviera más remedio que unirse a Berlín este, controlado por la URSS.
Salvados por el aire
Apenas 48 horas después de que Stalin impusiese el bloqueo de Berlín, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, que ya habían formado la Trizona, organizaron un puente aéreo para abastecer de alimentos y combustible a los dos millones de personas que quedaron atrapadas en la zona oeste de la capital. Mediante los tres corredores aéreos acordados en el Consejo de Control Aliado de 1945, los países occidentales transportaron 2,3 millones de toneladas de mercancías durante 322 días. En total llegaron cerca de 278.000 vuelos que recorrieron 175 millones de kilómetros, unas 4.400 vueltas al mundo.
El puente aéreo fue tan efectivo que Stalin levantó el bloqueo de Berlín el 12 de mayo de 1949, aunque los vuelos de suministro continuaron hasta septiembre por precaución. No obstante, el suceso marcó un punto de inflexión en las relaciones internacionales, pues contribuyó a consolidar la división ideológica de Europa entre el oeste capitalista y el este comunista que daría paso a la Guerra Fría. Tras el bloqueo, Alemania quedó dividida entre la República Federal Alemana, formada por las zonas de ocupación estadounidense, británica y francesa, y la República Democrática Alemana, en el sector soviético.