Rusia es un país rico y desarrollado, al menos desde que en 2013 superó el 0,8 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Un valor que se considera muy alto y propio del primer mundo. No obstante, Rusia guarda importantes diferencias internas, con un mapa divido entre zonas que todavía tienen valores propios de un país en desarrollo y otras con niveles comparables a los de Francia, España o Dinamarca.
El IDH, elaborado por el PNUD de Naciones Unidas, es el índice más extendido pata mediar el desarrollo de un Estado o una región, y se basa en tres variables: economía (PIB per cápita en PPA), educación (años de escolarización) y salud (esperanza de vida). El índice va de 0 a 1, de más bajo a muy alto, aunque en realidad todos los países se encuentran entre el 0,962 de Suiza y el 0,385 de Sudán del Sur.
Si bien Rusia en su conjunto entraría en la categoría de países con un IDH muy alto, internamente hay importantes diferencias regionales. Mientras la ciudad de Moscú tiene un IDH similar al de Dinamarca, la República de Tuvá tiene un desarrollo similar al de Mongolia, con la que comparte frontera. En el mapa de Rusia las mayores puntuaciones de desarrollo se encuentran en las ciudades de Moscú y San Petersburgo, y en las prósperas regiones gasíferas de Janti-Mansi y Yamalia-Nenetsia, en la parte noroccidental de Siberia, justo al este de los Urales.
En el lado opuesto se encuentran las repúblicas caucásicas y una amplia franja de regiones siberianas fronterizas con Kazajistán, Mongolia y China. La mayoría de ellas son, además, regiones de grupos étnicos minoritarios. Tres de ellas, Tuvá, Chechenia y el Óblast Autónomo Hebreo, tienen un IDH alto, paralelo al de Mongolia y Ecuador, propios de países en vías de desarrollo.
Entre los tres componentes del IDH, Rusia tiene un competente sistema educativo desde la época soviética, con una escolarización generalizada y duradera, pero una esperanza de vida baja para un país rico y una muy desigual distribución de la riqueza. Y es aquí donde se profundizan las diferencias internas.
La esperanza de vida media en Rusia es de 73 años, pero con una gran brecha de género. Mientras que las mujeres viven de media unos 78 años, los hombres lo hacen una década menos, con importantes problemas de violencia, alcoholismo y tabaquismo que lastran la salud y esperanza de vida de los varones. Un problema que afecta en mayor medida a las regiones más pobres del mapa de Rusia y resta aún más puntos al índice de desarrollo.
El reparto de la riqueza es otro problema en el mapa del desarrollo en Rusia, pero también en la medición del IDH, pues este índice no tiene en cuenta la desigualdad en su distribución. Así, extensas regiones del Ártico y Siberia, ricas en hidrocarburos y materias primas, pero poco pobladas, acaban teniendo un PIB per cápita muy elevado, inflando el IDH, aunque esa riqueza acabe en muy pocas manos y en muchos casos acabe fluyendo hacia Moscú.
Esto es visible en el mapa de Siberia, donde hay un contraste norte-sur en su puntuación de IDH paralelo al contraste que hay en la distribución de la población.







