China, el nuevo líder mundial de la exportación de coches

Los fabricantes del gigante asiático han cuadriplicado sus envíos al extranjero en los últimos tres años y en 2022 ya tenían una cuota de mercado del 16%
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Durante muchas décadas, el «Apple versus Android» de la industria automovilística ha sido el «Toyota versus Volkswagen». Los coches japoneses —incluyendo Honda, Nissan, Mazda o Suzuki— destacaban por su fiabilidad y su excelente relación calidad-precio, mientras que los alemanes —BMW, Mercedes-Benz, Opel, Porsche…— lo hacían por su velocidad y potencia. Hasta la llegada de la pandemia, eran los grandes dominadores mundiales de la industria a una distancia a priori insalvable de sus rivales.

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Pero en los últimos años las casas japonesas y alemanas han visto cómo un competidor emergente ha multiplicado sus ventas en un tiempo récord y les ha arrebatado el trono mundial de la exportación de coches: China. Los fabricantes del gigante asiático, impulsados por préstamos a coste casi nulo, subsidios públicos y concesiones de terrenos a precios irrisorios, han cuadriplicado sus envíos al extranjero en los últimos tres años y en 2022 ya tenían una cuota de mercado del 16%.

Durante este 2023, a juzgar por los datos mensuales recopilados por el Financial Times, China se ha convertido en el primer exportador global de automóviles, un dominio que no hará si no aumentar a lo largo de la década hasta protagonizar el 30% de las ventas en 2030, según predicciones de la consultora AlixPartners. Y lo más curioso es que lo hará casi por casualidad: el giro de las automovilísticas chinas hacia el exterior se debe más bien a un error de cálculo, un parche a la sobrecapacidad de la industria.

Las fábricas del país han sido incapaces de predecir el fulgurante ascenso de los coches eléctricos en detrimento de los que utilizan motores de combustión interna, así como la caída de la demanda de coches privados ante una creciente población urbana que prefiere el transporte compartido, y han inundado el mercado interno de automóviles que los chinos ya no quieren.

Las ventas dentro del país, de hecho, tocaron techo en 2017, un frenazo que obedece a la ralentización del crecimiento de la clase media y debilidades estructurales internas como la fragilidad del mercado inmobiliario. Es por eso que los coches chinos han empezado a llegar en cascada a mercados emergentes de Europa y Asia, principalmente, con Rusia como principal destino en lo que va de año.

China, líder indiscutible de la industria de coches eléctricos

Hasta el 74% de todas esas exportaciones son coches diésel y de gasolina, según datos correspondientes al mes de julio de la Asociación China de Fabricantes de Automóviles, aquellos precisamente que gozan de menor popularidad en el mercado chino.

En los próximos años, sin embargo, a medida que la industria del país se consolide —los subsidios han sostenido artificialmente a multitud de fabricantes que no son rentables— y se acople a los nuevos patrones de consumo, serán los coches eléctricos los que impulsarán las ventas del gigante asiático.

Se trata al fin y al cabo de un sector en el que las casas chinas sí tienen una ventaja competitiva gracias a la ingente inversión en tecnología eléctrica y ofrecen precios más comedidos que sus rivales japoneses y alemanes. Europa, por las tensiones entre Pekín y Washington pero también por la dependencia europea del minado y procesamiento chino de tierras raras, es el gran mercado a conquistar por marcas como SGMW, BYD, GAC, Chery o NIO.

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