2023 se presentaba como un año esperanzador para la economía china. Tras años de estancamiento por la pandemia, el final de la política de “cero covid” hacía presagiar su recuperación. Sin los estrictos confinamientos, la reactivación de la actividad productiva volvería a impulsar el crecimiento económico del país. Los datos del primer trimestre invitaban al optimismo: el PIB creció por encima de las previsiones y el consumo aumentó un 10,6% con respecto al año anterior. Incluso el sector inmobiliario, en crisis, parecía reflotar.
Sin embargo, todo era un espejismo. Las cifras del segundo trimestre han vuelto a constatar la ralentización de la economía china y han confirmado que este fenómeno no es coyuntural. El gigante asiático, que durante décadas se ganó la admiración del mundo con su milagro económico, se ha dado cuenta de que su modelo ya no funciona. Las virtudes que un día propiciaron el crecimiento chino se han convertido ahora en su mayor defecto. Pekín lucha por revertir esto, pero abandonar el viejo sistema no será tarea fácil.
Los males de la economía china
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