Si vives en Europa y coges el autobús a diario, es probable que sea chino. La marca BYD empezó en 1995 produciendo baterías para móviles y ahora fabrica los autobuses eléctricos más vendidos del mundo. Su crecimiento la ha convertido en el tercer fabricante de automóviles con mayor capitalización bursátil, detrás de la estadounidense Tesla y la japonesa Toyota. La descarbonización del transporte es una prioridad de la nueva política industrial internacional, y China ha asumido el liderazgo a nivel tecnológico y de mercado.
El gigante asiático habrá producido trece millones de vehículos eléctricos entre 2018 y 2023, más que Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia y Corea del Sur juntos. En 2022 tuvo más de la mitad de las ventas globales. Le siguió el fragmentado mercado europeo, con uno de cada tres ejemplares, y lejos de la demanda estadounidense, con uno de cada diez. BYD domina el mercado chino, y aunque Tesla lidera el podio eléctrico global, China supone un 40% de sus ventas. Con precios competitivos y una cadena de valor integrada, BYD se prepara para desembarcar en Europa e inaugurar una edad dorada del automovilismo chino.
Una industria made in China
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