22 de octubre de 1884

22 de octubre de 1884: la Conferencia Internacional del Meridiano establece Greenwich como referencia

En octubre de 1884, veinticinco países se citaron en Washington para establecer un meridiano cero a partir de un punto geográfico de referencia. Esa línea imaginaria, fijada en Greenwich, Inglaterra, permitiría medir la longitud, clave para la navegación y para fijar los husos horarios.
22 de octubre de 1884: la Conferencia Internacional del Meridiano establece Greenwich como referencia
Fuente: Karen Roe (Flickr)

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La Conferencia Internacional del Meridiano fue un encuentro en octubre de 1884 en Washington D.C., donde veinticinco países establecieron el primer meridiano internacional. El resultado de la Conferencia, convocada por el entonces presidente de Estados Unidos, Chester A. Arthur, fue la elección del meridiano de Greenwich, que funcionaría como línea imaginaria de longitud cero y determinaría los husos horarios.

Hasta entonces, cada país determinaba su propio meridiano en los mapas. Algunos marinos  establecían como punto de referencia Jerusalén o Roma, mientras que algunos científicos seleccionaban París o Filadelfia, lo cual dificultaba la navegación y el tráfico marítimo. Por su parte, los marineros españoles usaban como referencia los observatorios de Cádiz y San Fernando. Pero con la modernización del transporte y la creciente globalización comercial, la necesidad de traducir las coordenadas entre territorios hacía problemática la diversidad de meridianos. Se tomó conciencia, por tanto, de seleccionar un meridiano cero, en una época en la que el comercio y la ciencia también impulsaban la estandarización de pesos y medidas.

Antes de Greenwich se consideró la isla canaria de El Hierro

El problema es que no había muchos argumentos científicos para establecer el meridiano en un punto específico, por lo que la decisión debía ser política, entrando en juego las dinámicas de poder e influencias internacionales. Así, Greenwich partía con ventaja, dada la hegemonía del Imperio británico y la practicidad para los navegantes.

Francia, que establecía el meridiano en París, trató de evitar que triunfara la propuesta ubicada en el Reino Unido, y propuso alternativas neutrales como la isla canaria de El Hierro, que ya había sido considerada. El astrónomo griego Claudio Ptolomeo estimaba en las Islas Canarias el punto más occidental del mundo conocido, y en 1634 el cardenal Richelieu, al servicio del rey francés Luis XIII, reunido junto a astrónomos y otros expertos opinaron que El Hierro sería un punto adecuado para establecer un meridiano cero.

Más de dos siglos después, en la Conferencia Internacional del Meridiano que comenzó en Washington el 13 de octubre de 1884, la delegación internacional de geógrafos y astrónomos optaron por un punto de la geografía británica, después de considerar El Hierro, París y otras alternativas. Este nuevo punto sería la referencia para medir las longitudes terrestres y marcaría la división del planeta en veinticuatro husos horarios de quince grados cada uno.

Como la propuesta de Francia no se ajustaba a la condición de que el meridiano pasara por un observatorio astronómico, los estadounidenses propusieron el enclave londinense de Greenwich, donde se ubica el Real Observatorio de la ciudad desde 1675. La opción fue elegida con veintidós votos a favor, mientras que Francia y Brasil se abstuvieron y solo República Dominicana votó en contra.

Un meridiano para medir la distancia y el tiempo

La elección del meridiano de Greenwich, también llamado meridiano cero o base, tuvo lugar durante la séptima y penúltima sesión de la Conferencia, el 22 de octubre. Este meridiano, que atraviesa la Tierra pasando por diversos puntos de Europa, África o la Antártida, puso fin al problema de la longitud, que desde entonces se calcula como la distancia en grados entre el meridiano de Greenwich y cualquier otro punto del globo terráqueo.

En cuanto a los husos horarios, el límite entre las cero y las veinticuatro horas quedó fijado en el meridiano 180º, el opuesto a Greenwich, situado en el océano Pacífico. Esto se tomó como base para el tiempo universal —desde 1972 tiempo universal coordinado, el estándar de tiempo que regula la mayor parte de los relojes del mundo—, sincronizado con el tiempo medio de Greenwich o Greenwich Mean Time (GMT).

La implantación de los husos horarios tras la Conferencia de Washington duraría casi un siglo. Por ejemplo, en los siguientes diez años se unificaron en Europa los horarios de trenes —como ya habían hecho Inglaterra y Escocia, y Estados Unidos y Canadá—, afectando al día a día de millones de ciudadanos. Desde entonces, también ha habido países que han decidido cambiar sus husos horarios, como la España de Franco en la Segunda Guerra Mundial, e incluso otros que se han salido del sistema internacional, como Venezuela en 2007, cuando el entonces presidente Hugo Chávez retrasó la hora del país treinta minutos.

Más allá de lo técnico, la Conferencia Internacional del Meridiano fue una demostración de prestigio internacional en un contexto geopolítico en el que las potencias se jugaban otros logros diplomáticos. No en vano, por ejemplo, el mes siguiente, en noviembre de 1884, comenzaría la Conferencia de Berlín, en la que se decidiría el reparto colonial de África.

Jaime Villamuera

Santander, 1999. Relaciones Internacionales y Comunicación Corporativa en la Universidad Antonio de Nebrija, con Estudios Europeos en la Sorbonne Université de París. Apasionado de la geopolítica, la seguridad y el descubrimiento de otras culturas, además del cine, la música y la literatura.

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