La batalla de Trafalgar fue un enfrentamiento naval que se desarrolló el 21 de octubre de 1805 entre el Reino Unido y la alianza de Francia y España. Como parte de la tercera coalición antinapoleónica junto a Austria, Rusia, Nápoles y Suecia, el objetivo de los británicos era acabar con el poder del emperador Napoleón Bonaparte en Europa.
Los hechos que precipitaron la batalla derivan del intento fallido de Napoleón de invadir las islas británicas, al haber tratado de alejar a la flota inglesa del canal de la Mancha. Pero el plan fue un fracaso y las fuerzas franco-españolas cayeron en otra batalla en Finisterre en julio de 1805, antes de la derrota definitiva de Trafalgar en octubre.
España y Napoleón se alían contra el Reino Unido
El origen de la batalla de Trafalgar se encuentra dos años antes, en 1803, cuando los británicos habían reanudado los ataques contra la Francia de Napoleón por sus ansias expansionistas, a pesar de haber firmado la paz el año anterior. Por aquel entonces, España, que contaba con la tercera mayor flota del mundo después del Reino Unido y Francia, no tenía una postura establecida en el conflicto. Napoleón pidió la colaboración española, pero el Gobierno de Madrid, a cargo de Godoy, primer ministro de Carlos IV, aceptó hacerlo aportando dinero para así evitar una participación directa en un conflicto tan costoso.
Sin embargo, los británicos consideraron que los españoles habían roto la neutralidad, por lo sus tropas pasaron registrar los navíos españoles con los que se topasen, desencadenando múltiples incidentes y llegando a atacar y hundir una fragata con pasajeros civiles. Como consecuencia, España declaró la guerra al Reino Unido el 12 de diciembre de 1804 y se alió con Francia en un tratado firmado el mes siguiente.
Napoleón, recién proclamado emperador, tenía la intención de dar un golpe contra los británicos, que tanto esfuerzo dedicaban a hundir sus planes en el continente. Para ello reunió a 200.000 hombres que tratarían de desembarcar en Inglaterra y así ganar el control del canal de la Mancha. A tal fin España puso a disposición de Francia unos treinta buques de guerra entre los más poderosos de la época, pero la operación fracasó y los combates se desplazaron a las costas españolas.
Desastre histórico en Trafalgar
En septiembre de 1805, Napoleón ordenó al vicealmirante Pierre Villeneuve navegar hacia Nápoles para liberar el Mediterráneo del acoso británico, pero este desobedeció la orden y, sospechando que iba a ser sustituido, partió rumbo a Cádiz el 18 de octubre. Los 33 buques de la flota franco-española —dieciocho franceses y quince españoles, entre ellos el más grande del momento, la Santísima Trinidad de la Real Armada Española— se toparon con la flota del almirante británico Horatio Nelson frente al cabo de Trafalgar.
La flota de Nelson, decidida a hundir la combinada de Francia y España, bloqueaba la bahía de Cádiz. Al amanecer del 21 de octubre, y pese a que los suaves vientos ralentizaban las maniobras, Nelson demostró una clara superioridad táctica ante Villeneuve —que pasaría a la historia como un símbolo de incompetencia—, pues dividió su flota en dos y cortó la fila de buques franco-españoles. Con esta estrategia, los británicos lograron sobreponerse a sus rivales, cuyos buques rezagados no estaban tan próximos como para asistir a sus compañeros caídos.
La flota franco-española, derrotada, perdió veintitrés de sus 33 barcos, mientras que los británicos no perdieron ninguno y además capturaron ocho navíos que pasarían a ondear la Union Jack. El desastre de la batalla causó más de 5.000 muertos y 4.000 heridos. Horatio Nelson, considerado héroe nacional, también murió durante los enfrentamientos, lo cual ensombreció el resultado para los británicos. Por su parte, Villeneuve regresó ante Napoleón tras ser liberado por los británicos y, al ser repudiado, se suicidó. Los británicos todavía conmemoran la victoria con la columna de Nelson de Trafalgar Square, en Londres.
La derrota de Trafalgar se considera como el final del poderío naval de España. No obstante, otros historiadores argumentan que la marina española ha sufrido derrotas mayores, como la pérdida de La Habana en 1762, también contra los ingleses. Con todo, la España de principios del siglo XIX fue incapaz de recuperarse, pues el estallido de la guerra de la Independencia contra Francia en 1808 desató una crisis política y económica. Para 1815, un año después de terminada la guerra, la deuda del Estado era veinte veces mayor que los ingresos.