21 de noviembre de 1995

21 de noviembre de 1995: se aprueban los Acuerdos de Dayton, que acabaron con la guerra de Bosnia

Después de tres años de guerra en Bosnia-Herzegovina, serbios, croatas y bosnios musulmanes llegaron a los Acuerdos de Dayton el 21 de noviembre de 1995 para cesar las hostilidades. Sin embargo, el resultado también sería un país frágil y dividido.
21 de noviembre de 1995: se aprueban los Acuerdos de Dayton, que acabaron con la guerra de Bosnia
Firma de los Acuerdos de Dayton. Fuente: U.S. Air Force (Wikimedia Commons)

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La desintegración de Yugoslavia en los años noventa fue una sucesión de guerras civiles marcadas por las diferencias étnicas y religiosas de los pueblos que la conformaban. El caso de Bosnia-Herzegovina fue uno de los más sangrientos. Esta república yugoslava era la más diversa del país: el 44% de la población eran bosnios musulmanes o bosniacos, el 32% serbobosnios ortodoxos y el 17% bosniocroatas católicos. Siguiendo el ejemplo de Eslovenia y Croacia, Bosnia-Herzegovina declaró su independencia en mayo de 1992, y los serbobosnios respondieron con su propio territorio independiente, la República Srpska, precipitando el estallido de la guerra entre los tres grupos.

Serbia, entonces aún República Federal de Yugoslavia y liderada por Slobodan Milosevic, y Croacia, presidida por Franjo Tudman, no tardaron en inmiscuirse en el conflicto, apoyando a serbobosnios y bosniocroatas, respectivamente. Durante los tres años que duró el conflicto, los grupos llevaron a cabo limpiezas étnicas en los territorios que controlaban. La más conocida fue el genocidio de Srebrenica de 1995, en la que las fuerzas serbobosnias lideradas por el general Ratko Mladic asesinaron a más de 8.000 hombres y niños bosniacos, la mayor matanza en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En total, la guerra se saldó con alrededor de 100.000 muertos. Al final, la dureza del conflicto llevó a la OTAN a intervenir militarmente y forzar a que serbios, croatas y bosniacos llegasen a un acuerdo de paz.  

Los Acuerdos de Dayton: la construcción de un Estado dividido

Tras los bombardeos de la OTAN a los serbobosnios y los esfuerzos diplomáticos de la Administración de Bill Clinton, Milosevic, Tudman y el bosniaco Alija Izetbegovic aceptaron reunirse en la base militar de Dayton, en Ohio, para negociar el fin del conflicto. Después de veinte días de negociaciones, serbios, croatas y bosniacos llegaron a los Acuerdos de Dayton el 21 de noviembre de 1995, y firmaron la paz oficial el 14 de diciembre en París.

Los Acuerdos establecieron, por un lado, mecanismos para poner fin a las hostilidades, como la desmilitarización y la reconstrucción del país, la celebración de elecciones libres, la creación de una nueva constitución y el traslado de refugiados a sus hogares. Para ello, instauraron una Corte de Derechos Humanos, comisiones de transporte, administraciones públicas y de preservación de monumentos nacionales, la Fuerza de Implementación bajo el mando de la OTAN para consolidar la paz y la figura del alto representante, encargado de supervisar el aspecto civil de lo pactado.

Sin embargo, lo más significativo de Dayton fue la configuración territorial de la futura República de Bosnia-Herzegovina. Las partes acordaron que el país se compondría de dos entidades autónomas: la Federación de Bosnia-Herzegovina, de población bosniaca y croata, y la República serbobosnia de Srpska, con Sarajevo como capital del país y de la Federación. El distrito de Brcko, en la frontera con Serbia, pasó a ser un territorio especial bajo la soberanía de ambas entidades, fruto del arbitraje internacional. Este distrito es una de las pocas zonas del país donde las tres etnias conviven, mientras que en el resto están segregadas. 

Bosnia después de Dayton

Los Acuerdos de Dayton trajeron la paz a Bosnia-Herzegovina a costa de consolidar la división étnica, tanto a nivel territorial como político y legal. De entrada, la Constitución designa a serbios, croatas y bosniacos como pueblos soberanos, con lo cual no existe una nación bosnia, y el pasado bélico, la educación segregada y la propia distribución territorial complican que eso ocurra. Por lo mismo, la gobernabilidad en Bosnia-Herzegovina es difícil, ya que cuenta con tres presidentes, uno por etnia, y los Gobiernos de la Federación y la República de Srpska abarcan muchas más competencias que el central.

Por otro lado, la presencia internacional en el país para asegurar la paz ha decaído con los años, con menos efectivos sobre el terreno y con cada vez más casos de reparación de las víctimas en manos de los tribunales nacionales, lo que ralentiza el proceso. Además, a pesar de las condenas de la Corte Penal Internacional a los genocidas de Srebrenica, muchos criminales no han sido procesados, y la figura del alto representante es casi decorativa, sin poder real. Mientras, miles de personas siguen sin recuperar los restos de sus familiares desaparecidos o mantienen el estatus de desplazados, al no poder volver a sus hogares por miedo a la discriminación. Muchos serbobosnios se niegan a reconocer el genocidio, pese a que la ley lo prohíbe, promoviendo una guerra por el relato que intensifica las divisiones.

A todo ello se suma una economía frágil a la que le costó recuperarse de la guerra y cambiar al modelo capitalista. Con un sector público sobredimensionado y lleno de redes clientelares, empresas poco competitivas y los altos porcentajes de corrupción y desempleo, miles de bosnios han optado por emigrar. Además, la proyección de que Bosnia entre en la Unión Europea, que podría ser un estímulo, lleva años congelada.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

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