El avance alemán en la Segunda Guerra Mundial comenzó a estancarse hacia 1942 con las derrotas en el frente oriental contra la Unión Soviética. Las pérdidas generaron fisuras en la fe alemana en Adolf Hitler, que provocaron disidencias entre los propios dirigentes, así como algunos movimientos de resistencia contra el régimen nazi. La manifestación más visible de oposición pacífica fue la Rosa Blanca, fundada por estudiantes de la Universidad de Múnich.
Esta pequeña organización luchó por la libertad, la tolerancia y la justicia, denunciando el autoritarismo y la violencia a la que el nazismo había arrastrado al pueblo alemán. Su acción principal fue distribuir panfletos en Múnich y en otras ciudades, cuya repercusión en las universidades alemanas preocupó al régimen por la importancia que tenían para consolidar el sentimiento nazi. Aunque esquivaron a la Gestapo durante meses, su actividad apenas duró un año: sus líderes, los hermanos Sophie y Hans Scholl, fueron descubiertos cuando repartían la sexta edición de folletos el 18 de febrero de 1943.
La Rosa Blanca: resistencia dentro del autoritarismo nazi
Bajo el liderazgo de Hitler, el Partido Nazi se había extendido por Alemania durante el periodo de entreguerras hasta llegar al poder en 1933. Entonces acabó con la democracia de la República de Weimar para instaurar el Tercer Reich, una dictadura pangermanista, anticomunista y racista. Un pilar del nuevo régimen era la política de coordinación para nazificar la sociedad alemana, adoctrinándola y eliminando otras influencias. La vida de los jóvenes estaba atravesada por las Juventudes Hitlerianas y su rama femenina, la Liga de Jóvenes Alemanas. Como la mayoría, los hermanos Scholl formaban parte de ellas, pero pronto se desilusionaron con su actividad.
Hans Scholl, que estudiaba Medicina, fue reclutado en el frente oriental, donde vio la muerte y los daños de la guerra. Sus convicciones morales y religiosas fueron reforzadas por el obispo de Münster, que denunciaba la violencia del régimen nazi en sus sermones. Además, su hermana Sophie empezó la universidad en mayo de 1942, y las clases de su profesor de filosofía, Kurt Huber, que camuflaba críticas al nazismo, también captaron su atención y la de sus compañeros. Juntos decidieron crear entonces el grupo de discusión Rosa Blanca.
Convencidos de que debían actuar y ser la conciencia de Alemania que alertase sobre los crímenes nazis, los estudiantes de la Rosa Blanca comenzaron a repartir panfletos por buzones y cabinas telefónicas. Con referencias históricas y filosóficas, hacían un llamamiento a los alemanes y criticaban los crímenes masivos tras la aprobación de la “solución final” a principios de ese año, que consideraban en contra de la dignidad humana. Incluso calificaron a Hitler de mentiroso y denunciaron la vergüenza que daba el régimen.
Delatados, ejecutados y homenajeados
Tras ser enviados de nuevo al frente oriental, Hans y algunos compañeros presenciaron la batalla de Stalingrado. Al regresar retomaron su activismo con más fuerza, advirtieron sobre la derrota inevitable de Alemania y realizaron pintadas con lemas como “abajo Hitler” y “libertad” en la avenida principal de Múnich durante las noches del 8 al 15 de febrero. Entonces la Gestapo ya investigaba sus acciones.
Solo unos días después, la noche del 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie colocaron nuevos panfletos en la universidad, pero el encargado de mantenimiento, simpatizante nazi, los descubrió y llamó a las autoridades. Trasladados al cuartel general del palacio de Wittelsbach, la Gestapo los interrogó durante días para identificar al resto del grupo. Aunque se negaron a hablar, otro líder, Christoph Probst, también fue descubierto. Los tres fueron sentenciados a muerte por alta traición el 22 de febrero. Antes de ser guillotinada ese mismo día, Sophie dejó unas palabras para sus verdugos que se harían realidad: “Sus cabezas caerán también”.
El resto de líderes de la Rosa Blanca corrieron la misma suerte. Además, otros colaboradores y amigos que recaudaron fondos para los familiares de los ejecutados fueron condenados a prisión. Pese a que los Aliados consiguieron el último folleto para lanzar millones de copias sobre Alemania desde un avión en 1943, los alemanes ignoraron la resistencia de la Rosa Blanca, considerada antinacional, hasta que fue homenajeada después de la guerra, tanto en la partición de la Guerra Fría como en el país reunificado.







