20 de enero de 1942

20 de enero de 1942: quince dirigentes nazis deciden la “solución final” en la Conferencia de Wannsee

La “solución final de la cuestión judía”, autorizada en la Alemania nazi, supuso el exterminio de millones de personas en las cámaras de gas. Su aprobación dio lugar al Holocausto, uno de los mayores genocidios de la historia.
20 de enero de 1942: quince dirigentes nazis deciden la “solución final” en la Conferencia de Wannsee
Entrada al complejo nazi de Auschwitz-Birkenau, en la actual Polonia, construido para exterminar a miles de judíos en las cámaras de gas. Fuente: RonPorter (Pixabay)

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El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) alcanzó el poder en Alemania en 1933. Bajo el liderazgo de Adolf Hitler, los nazis transformaron el régimen democrático en una dictadura totalitaria. El Tercer Reich se caracterizó por una política nacionalista, pangermanista, anticomunista y racista, en especial contra los judíos. El nazismo convirtió el antisemitismo en su pilar ideológico y desarrolló diferentes iniciativas para segregar y perseguir a esta población. El proceso se llevó a cabo antes y durante la Segunda Guerra Mundial, y culminó con la “solución final”, aprobada el 20 de enero de 1942 mediante la Conferencia de Wannsee. Su materialización propició el Holocausto, el genocidio que acabaría con la vida de seis millones de judíos.

La aceptación social del antisemitismo en Europa

El antisemitismo estaba extendido en las sociedades europeas de primera mitad del siglo XX. A los judíos se les consideraba un grupo aislado del conjunto social: la comunidad vivía en sus propios barrios, desarrollaba sus actividades financieras y se encontraba dispersa por todo el planeta. Los vínculos con la banca y su influencia internacional convirtieron a los judíos en los principales prestamistas de las autoridades estatales. Esas relaciones privilegiadas con el poder político alimentaron la animadversión del resto de la sociedad, que les veía como verdaderos amos del orden mundial capitalista. El auge del imperialismo y del nacionalismo intensificó esa hostilidad.

Francia fue el primer país europeo donde el antisemitismo se propagó con fuerza. El caso Dreyfus demostró ese sentimiento que se desarrollaba a finales del siglo XIX. Este escándalo judicial se había producido en 1894 cuando el capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío, fue acusado de espionaje a favor de Alemania y condenado a cadena perpetua. Sin embargo, las investigaciones posteriores demostraron que las pruebas habían sido falsificadas. Pese a ello, la justicia castrense no le absolvió, aunque sí recibió el indulto presidencial en 1899. La polémica dividió al país y exacerbó la tensión con el pueblo judío.

El Holocausto como fin de un proceso gradual

Como en Francia, el sentimiento antisemita era un fenómeno arraigado en Alemania. Ya en Prusia, la Gran Depresión de 1873 y la abolición de las estructuras feudales habían generado una fuerte hostilidad contra los judíos entre campesinos y aristócratas. Algunos llegaron a respaldar la restricción de la igualdad constitucional que el canciller Otto von Bismarck había concedido al pueblo judío. Décadas después, los nazis utilizaron ese antisemitismo latente como instrumento político desde su mismo programa fundacional, que defendía la segregación de los judíos de la sociedad aria.

La primera fase de la persecución nazi a los judíos fue una legislación que institucionalizó las políticas antisemitas. Las Leyes de Núremberg prohibieron las relaciones sexuales y matrimoniales entre los judíos y el resto de alemanes. Además, los relegaron como ciudadanos de segunda clase. El punto de inflexión se produjo en la “noche de los cristales rotos” del 9 de noviembre de 1938, cuando civiles y las fuerzas de asalto nazis (SA) hostigaron a los judíos y saquearon sus negocios. La revuelta se inició como protesta por el asesinato en París del diplomático Ernst vom Rath a manos del judío Herschel Grynszpan, y dejó 91 judíos fallecidos, miles de tiendas destrozadas y más de 26.000 detenidos que fueron deportados. Este suceso desató la violencia antisemita que desembocaría en el Holocausto.

La Conferencia de Wannsee: una decisión sin mayores represalias

La llamada “solución final de la cuestión judía” empezó a gestarse en verano de 1941. Durante la Segunda Guerra Mundial, el jefe de las fuerzas paramilitares nazis (SS), Heinrich Himmler, consideró que la única salida a la problemática racial del Tercer Reich pasaba por el genocidio de los judíos europeos. El plan evolucionó de una reubicación forzosa en Madagascar hasta la aprobación de fusilamientos masivos perpetrados por los escuadrones de las SS. Pero fue en el suburbio berlinés de Wannsee donde se adoptó la decisión definitiva. Quince oficiales nazis liderados por el antiguo jefe de la Gestapo, Reinhard Heydrich, y su mano derecha, Adolf Eichmann, acordaron el asesinato en masa de los judíos en las cámaras de gas de los campos de exterminio.

La ejecución de la “solución final” ocasionó el asesinato del 75% de los judíos que perecieron en el Holocausto: a lo largo de 1942, casi dos millones de personas murieron en lugares como Majdanek o Auschwitz. Pese a ello, la Conferencia de Wannsee nunca se sometió a juicio. Algunos de sus principales ideólogos, como Himmler y Heydrich,  murieron antes del final de la guerra, y otros fueron procesados por diversos delitos. A Eichmann, por su parte, el Mosad lo secuestraría en 1960 en Argentina, adonde había huido. Dos años después, el exdirigente de las SS fue procesado y ejecutado en Israel por crímenes de lesa humanidad.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.

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