Las heridas que había dejado la guerra franco-prusiana de 1870 todavía seguían abiertas en la Francia de final de siglo. El sentimiento revanchista contra Alemania llevó a los servicios de contrainteligencia a vigilar la correspondencia de la embajada en París. En septiembre de 1894, dieron con una carta anónima que filtraba información del Ejército alemán. Las pesquisas del comandante Paty de Clam, encargado de la investigación, culparon al capitán Alfred Dreyfus de traición, pero en el fondo se escondía un profundo antisemitismo y nacionalismo. Condenado a cadena perpetua en la isla del Diablo (Guayana Francesa), la opinión pública aceptó su culpabilidad pese a la falta de pruebas. El 13 de enero de 1898, sin embargo, el famoso escritor Émile Zola publicó J’accuse!, una carta en defensa de Dreyfus que dividió a la sociedad francesa entre dreyfusistas y antidreyfusistas.
Antisemitismo en Francia: el caso Dreyfus
Con la connivencia de la cúpula del Ejército francés, la acusación se construyó sobre la similitud entre la letra de Dreyfus y la de la carta anónima, y otras pruebas falsificadas. Al ser de Alsacia, región que había pasado a Alemania tras 1870, de buena posición y judío, el nacionalismo y el antisemitismo se reafirmaron en su culpabilidad. La elección de Dreyfus como cabeza de turco servía para ocultar la incompetencia del propio Ejército y de los servicios de contrainteligencia en el proceso de investigación.
Sin embargo, las incoherencias del caso empezaron a salir a la luz cuando el nuevo director de contrainteligencia, Georges Picquart, decidió investigarlo de nuevo. Hasta sus manos llegó otra nota, dirigida al comandante Ferdinand Esterházy. Picquart trasladó a sus superiores en el Estado Mayor francés sus sospechas sobre él, y se convenció al descubrir que la letra de Esterházy coincidía con la primera carta anónima. No obstante, la cúpula del Ejército quería olvidar el caso Dreyfus y le destinó a Túnez en 1896. Un año más tarde, su hermano Mathieu llevó la información de Esterházy a la prensa, ganando simpatizantes a la causa dreyfusista. Aunque Esterházy fue absuelto en un consejo de guerra el 11 de enero de 1898, el caso seguía dividiendo a la opinión pública francesa. Esto evidenciaba el enfrentamiento entre los sectores conservadores, católicos y defensores del Ejército y uno más progresista y laico.
J’accuse!: carta al presidente de Francia
Aunque intelectuales como Marcel Proust se pronunciaron en favor de Dreyfus, quien cambió el devenir del caso fue el escritor Émile Zola. A finales de 1897 ya había publicado artículos contra la prensa antisemita, hasta que dos días después de la absolución de Esterház, el 13 de enero de 1898, el periódico L’Aurore publicó en portada una carta suya. Bajo el título J’accuse! (‘Yo acuso’) y dirigida al presidente de Francia, Zola describió la investigación fraudulenta y señaló a aquellos integrantes del Ejército que creía responsables y cómplices de acusar falsamente a Dreyfus.
Como anticipó en su carta, Zola fue juzgado por calumnias y condenado a un año de prisión, que eludiría exiliándose en el Reino Unido. Pese a que la situación se agravó y se sucedieron ataques contra judíos por todo el país, Zola había logrado internacionalizar el caso y forzar una nueva investigación.
La verdad está en marcha
En un principio, la investigación aspiró a probar la culpabilidad de Dreyfus, pero acabó revelando las irregularidades en torno al caso. Detrás de las pruebas manipuladas se descubrió que estaba el teniente coronel Hubert-Joseph Henry, que se suicidó en prisión. Además, la investigación apuntaba a la complicidad de la cúpula del Estado Mayor. En un ambiente de tensión social, el intento de golpe de Estado del antidreyfusista Paul Déroulède precipitó la decisión del Gobierno de poner fin al caso. El 7 de agosto de 1899, Dreyfus compareció ante el nuevo consejo de guerra, que lo declaró culpable y le redujo la condena a diez años, poniendo de manifiesto la resistencia de la cúpula militar a admitir su error.
Para avanzar en una solución pactada, el Gobierno ofreció a Dreyfus un indulto, pero que implicaba reconocer la culpabilidad. Dreyfus aceptó y, cinco años después de su condena, recobró la libertad. Aunque la resolución alivió la tensión, el caso siguió influyendo la política francesa. Finalmente, Dreyfus fue rehabilitado en 1906 en su puesto militar y Picquart fue restituido y nombrado ministro de Guerra por el entonces primer ministro, Georges Clemenceau. Las secuelas del caso en la sociedad francesa llegaron hasta 1908, cuando Dreyfus fue objeto de un atentado antisemita del que salió herido.
Zola, por su parte, no pudo ser testigo de la cruzada que había emprendido con la publicación de J’accuse. Falleció en 1902 al inhalar monóxido de carbono de su chimenea por accidente. Su muerte estuvo envuelta en un halo de misterio, pues se rumoreó que el accidente había sido provocado por un antidreyfusista.







