El 12 de diciembre de 1979 pasó a la historia de Corea del Sur como un punto de inflexión para el proceso democrático que empezaba a crecer en el país. El golpe de Estado perpetrado por el general Chun Doo-hwan y sus cómplices truncó la apertura que quería iniciar el presidente en funciones, Choi Kyu-hah.
Los gobiernos militares de Chun Dooh-hwan (1980-1988) y su sucesor, Roh Tae-woo (1988-1993), se caracterizaron por la persecución de los opositores y la falta de libertad, pero lo que más marcó sus mandatos fue la masacre de Gwangju en 1980. Para consolidar su poder, Chun y sus aliados reprimieron unas manifestaciones en favor de la democracia que habían comenzado en esa ciudad. Los surcoreanos todavía piden una investigación sobre los responsables.
De los intentos de democratización a la represión
Antes de aquel 12 de diciembre, Corea del Sur llevaba ya dieciocho años bajo la dictadura del general Park Chung-hee. Aunque fue reelegido presidente hasta en tres ocasiones entre 1961 y 1971, suspendió la constitución vigente en 1972 y declaró el Estado de emergencia para consolidar su régimen dictatorial. Seis años después, los surcoreanos votaron a favor de Kim Young Sam, líder de la oposición que defendía la apertura política y social del país. Sin embargo, el Gobierno ignoró los resultados electorales y expulsó a Kim de la Asamblea Nacional. Esto desató una oleada de manifestaciones en Busan, la ciudad natal de Kim, que se extendieron por el resto del país y fueron reprimidas. La negativa de Park a abandonar el poder le valió su muerte en octubre de 1979, cuando el director del servicio de inteligencia le asesinó de un disparo mientras cenaban en una fiesta que él había organizado.
Tras la muerte de Park Chung-hee, el jefe del Estado Mayor del Ejército estableció la ley marcial en algunas zonas de Corea del Sur, y Choi Kyu-hah, diplomático y antiguo primer ministro del Gobierno de Park, fue elegido presidente en funciones por la Asamblea Nacional en diciembre. A pesar de haber formado parte de la anterior dictadura, Choi entendió que debía ceder a las demandas populares de democratización si quería mantenerse en el poder. Esto, sin embargo, disgustó a una parte del Ejército, que quería volver a la dictadura. Por esta razón, el general Chun Doo-hwan y los Hanahoe, un grupo de militares de la primera promoción (1955) de la Academia Militar surcoreana, ocuparon Seúl el 12 de diciembre de 1979, dando un golpe de Estado que los colocó al mando del Ejército y de la ley marcial.
La masacre de Gwangju
Aunque Choi Kyu-Hah siguió siendo presidente durante algunos meses, Chun Doo-hwan y sus aliados empezaron a influir cada vez más en la política surcoreana. De hecho, el dominio militar de la política fue tal, que en abril de 1980 Choi nombró a Chun director del servicio de inteligencia, pero lo que demostró el poder de facto del Ejército fue lo que ocurrió un mes después en Gwangju.
El 18 de mayo, Chun Doo-hwan y los Hanahoe dieron otro golpe de Estado para extender la ley marcial a todo el país y destituir al presidente Choi. La reacción de la sociedad no se hizo esperar: al día siguiente, cerca de 600 estudiantes se congregaron en la Universidad Nacional de Chonnam para manifestarse en contra de la dictadura de Chun y pedir democracia. El Ejército respondió enviando a las tropas especiales, tanques y helicópteros para sofocar las manifestaciones, que se prolongaron durante nueve días. Según fuentes oficiales, murieron 200 personas, pero la población cuenta al menos 2.000.
En cualquier caso, la masacre de Gwangju forzó la dimisión de Choi en agosto de 1980 y consolidó en el poder a Chun Doo-hwan, que restauró la dictadura militar. El general fue elegido presidente por un colegio electoral restringido, aunque la decisión no fue muy difícil: era el único candidato. Poco después, en octubre de 1980, aprobó una nueva constitución que apuntaló su régimen. Corea del Sur tendría que esperar hasta 1993 para volver a ver a un civil en la presidencia: el antiguo líder de la oposición al régimen de Park, Kim Young Sam.