“La Unión Europea no puede cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo en Gaza”: copresidenta del Partido Verde Europeo

La griega Vula Tsetsi, líder del Partido Verde, cree que Europa debe apostar por la defensa para ganar autonomía, y por una política exterior común sin “dobles raseros”
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“La Unión Europea no puede cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo en Gaza”: copresidenta del Partido Verde Europeo
Vula Tsetsi. Fuente: Partido Verde europeo

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La Unión Europea afronta un contexto internacional incierto. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha forzado un impulso del rearme europeo por parte de la Comisión Europea, pero esta apuesta puede poner en entredicho la agenda verde. La UE también enfrenta importantes divisiones en política exterior, como el doble rasero entre el apoyo a Ucrania y la pasividad ante los crímenes en Gaza. 

Vula Tsetsi es copresidenta del Partido de los Verdes Europeos, después de más de veinte años siendo su secretaria general. El partido afronta una legislatura complicada, con una mayoría conservadora en el Parlamento que amenaza la agenda climática, y discrepancias internas en la posición hacia Israel. Hablamos con ella sobre todos estos retos a finales de abril en la sede del partido en Bruselas. 

PREGUNTA – La Unión Europea ha dado mucha importancia a la transición verde en los últimos años. Sin embargo, los planes de rearme anunciados por la Comisión Europea auguran un mayor enfoque en la defensa. Ustedes, los Verdes, han apoyado este rearme. ¿Por qué? ¿Siente que hay un cambio de prioridades, está de acuerdo con ello?

RESPUESTA – Todo ha cambiado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Nadie pensaba que la mayor potencia militar nos retiraría su apoyo y exigiría que nos organizáramos por nuestra cuenta. Vean cómo trató a Zelensky, cómo interfiere en Groenlandia, Canadá o Panamá. Y más allá de Trump, basta con mirar a nuestro alrededor: Erdoğan, Putin, Netanyahu, y dentro de la UE, Viktor Orbán y compañía. En un contexto así, con el multilateralismo en crisis, nuestra línea es decir sí a la defensa. Necesitamos más autonomía, pero de forma holística. 

Queremos una política y estrategia común de defensa a medio-largo plazo, lo cual va de la mano de una política exterior común. Una Unión Europea sin una política exterior sólida y con dobles estándares es insuficiente. Para nosotros, la defensa también incluye la lucha climática y la independencia energética. Lo vimos con las lluvias torrenciales de Valencia o con el gran apagón en la península ibérica. Son  recordatorios de que debemos reforzar nuestras energías renovables y nuestra capacidad local para responder a las crisis. No podemos volver a una dependencia como la que teníamos del gas ruso cuando estalló la guerra de Ucrania. 

Es muy importante que la flexibilidad de las reglas fiscales no se aplique solo a la defensa, sino también a la transición justa y la lucha contra el cambio climático. Antes de las elecciones europeas, nuestro grupo hizo todo lo posible para lograr esa flexibilidad fiscal, asegurarnos de favorecer las inversiones verdes. Creemos que esta transición no debe ser sólo ecológica, sino también social: tenemos que lograr que la población y las industrias se puedan adaptar a un nuevo modelo más amable con el medio ambiente. Pero perdimos esa batalla por culpa de los socialistas. [Tsetsi se refiere a la aprobación del nuevo marco de gobernanza fiscal de la Unión Europea en 2024, en la que el grupo socialista europeo votó a favor de mantener el rigor fiscal, una postura rechazada por los Verdes]. 

Ahora la Comisión quiere revisar el marco financiero plurianual para planes de defensa. Estamos abiertos a explorarlo, pero esos planes no pueden perjudicar a la población. No podemos pedir recortes en sanidad o educación para financiar la defensa. Esa no es nuestra línea. Como griega, sé lo que sufrimos con la austeridad, ustedes en España también.

¿Qué medidas fiscales proponen implementar?

Cuando sufrimos la pandemia de covid-19 de repente todo se volvió posible. Antes nadie quería hablar de mutualizar la deuda o de bonos comunes. La salud estaba lejos de ser una competencia de la Unión Europea. Todavía no lo es, pero hoy está sobre la mesa. Lo mismo podemos decir de la vivienda: antes se veía como un imposible, hoy en el Parlamento Europeo existe una comisión especial que estudia cómo regular los alquileres a nivel europeo. Esto nos demuestra que si hay voluntad política todo es posible. Cada vez tenemos una idea más clara de que los problemas ahora son globales y comunes. Los países frugales también quieren hacer frente a la contaminación, modernizar sus industrias, evitar movilizaciones sociales porque su gente no logra llegar a fin de mes. Y, al mismo tiempo, financiar la defensa.

Podemos ejercer sobre el marco financiero plurianual por un lado y los fondos de cohesión por otro.  Estos fondos deben servir para viviendas, hospitales, no para proyectos inútiles como puertos para ricos o autopistas que no sirvan para nada. Por otro lado, tenemos que tener muy presente el coste del cambio climático: hablamos de miles de millones de euros. Por eso, además de tener en cuenta los presupuestos, necesitamos crear narrativas que movilicen a más personas. Así entenderán que se trata de sus vidas y que la Unión Europea está ahí para protegerlas. También es una forma de frenar a los populismos y a la extrema derecha, que se alimentan del miedo y la incertidumbre. La Unión Europea necesita refundarse en estos momentos de crisis: peor que ahora no podemos estar. 

El Pacto Verde europeo es esa gran estrategia para lograr la neutralidad de emisiones en 2050. Teniendo en cuenta el contexto actual, ¿cómo van esos planes? ¿Qué pasos se deberían tomar a futuro? 

Es un trabajo en curso. Ya se ha aprobado la mayor parte de la legislación, ahora toca implementarla. Y no será fácil porque nos enfrentamos a una guerra abierta por parte del Partido Popular Europeo, con Manfred Weber a la cabeza, que acaba de ser reelegido como presidente. Su discurso es muy anti-Pacto Verde y está presionando mucho a Ursula von der Leyen [presidenta de la Comisión Europea] para cambiar el calendario de implementación de objetivos como el de prohibir los nuevos coches de combustión interna. ¡Lo quiere retrasar a 2035! 

Desde mi punto de vista, lo que propone Weber no se diferencia mucho de la extrema derecha, que lleva tres años atacando el Pacto Verde. Si encuentra mayorías, puede pactar con ellos. Entonces estaremos en problemas. Por eso debemos defender lo logrado en la legislatura pasada. Ni siquiera se trata de ser ambiciosos, hay que asegurar lo que conseguimos en la legislatura anterior. 

Entonces, ¿diría que la composición actual del Parlamento Europeo es un problema para las políticas climáticas? Von der Leyen fue quien promovió el Pacto Verde y pertenece al Partido Popular Europeo. 

Es un gran problema. También para las industrias. Necesitan estabilidad legislativa, saber cuándo ocurrirán los cambios, cómo modernizarse y competir frente a China. Ahora están en un limbo, promovido por el partido más grande del Parlamento. Así que sí, es una situación difícil.

Pero no nos rendiremos. Necesitamos crear narrativas, hablar con la gente, explicar lo que está ocurriendo y generar la movilización adecuada. Es una cuestión económica. La energía, por ejemplo, ha demostrado ser un asunto geopolítico, ecológico y social: ¡hay pobreza energética en todas partes! Si no gestionamos esto bien, no cumpliremos los objetivos climáticos. A Trump no le importará, pero a nosotros no nos puede dar igual. La UE debe asumir su responsabilidad.

Hemos perdido el multilateralismo y el orden internacional tal y como lo conocíamos

Hablando de Trump, él es muy hostil hacia las políticas climáticas, al contrario que su antecesor. Uno de los momentos más críticos para el Pacto Verde Europeo fue cuando Joe Biden anunció el Inflation Reduction Act, un plan que buscaba atraer inversiones hacia las industrias verdes en Estados Unidos, compitiendo de forma directa contra la estrategia europea. ¿Es el cambio de postura con Trump una oportunidad para que la UE avance más con sus políticas climáticas?

Por supuesto. Esto es un llamado de atención. Se trata de independencia, soberanía y de reforzar nuestros valores. Porque Trump no solo está luchando por intereses económicos; combate nuestros valores. Vuelvo a los democristianos: es su responsabilidad no aliarse con los amigos de Putin. Putin no está solo. Tiene a Orbán, a Giorgia Meloni y a otros. Estos líderes de extrema derecha necesitan explicar a sus ciudadanos por qué son amigos del líder ruso. Lo hemos visto recientemente en Países Bajos: Geert Wilders ha perdido apoyo por su cercanía a Putin. 

Y sobre el cambio climático, estuve en Groenlandia la semana pasada hablando con su ministro de Energía. Los groenlandeses, que solo quieren paz, ven cómo Trump va a por sus minerales. No es una cuestión de interés militar: Estados Unidos ya tiene una base militar en la isla. Es una visión imperialista y caótica. Hemos perdido el multilateralismo y el orden internacional tal y como lo conocíamos. 

Si la UE no toma esto como una oportunidad para reconstruir la confianza y actuar, no sé qué haremos.
La política exterior es un tema clave. No podemos tener doble rasero, ni con Ucrania ni con Gaza. La política exterior no puede significar silencio sobre Erdoğan, que metió en prisión a su principal opositor, el alcalde de Estambul. Algunos no se atreven a criticarlo por el potencial militar de Turquía, porque contiene la migración o porque es un socio comercial atractivo. Eso es inaceptable.

No podemos repetir errores del pasado. Si queremos reconstruir la UE, no podemos crear monstruos como hicimos con Putin. Angela Merkel no hizo nada cuando Rusia invadió Crimea en 2014 por esa dependencia energética del gas ruso. Los nuevos socios de la UE deben compartir valores fundamentales. No digo que al 100%, pero no de forma ambigua. Y cuando hablo de valores no me refiero a la protección al consumidor o a los estándares medioambientales, sino a valores democráticos reales y compartidos. 

Una forma de combatir esa dependencia del gas ruso fue firmar acuerdos de importación con Israel o Azerbaiyán, dos países que han violado los derechos humanos en Palestina y el Alto Karabaj, respectivamente. ¿Dónde trazamos la línea entre el pragmatismo y la defensa de los valores compartidos? ¿Somos aún capaces de una transición y una autonomía justas dado el contexto geopolítico actual? 

Es una cuestión de perspectiva. Sabemos que la transición justa no sucederá de un día para otro, pero necesitamos ir en la dirección correcta. En lo que respecta a la energía, hemos demostrado que podemos aumentar significativamente las energías renovables. Se trata de invertir y hacer los acuerdos adecuados, y combatir la agenda de la extrema derecha y los conservadores que luchan contra la migración y las políticas verdes. 

Por eso necesitamos encontrar voces de emprendedores, sociedad civil y políticos que podamos presentar para mostrar que la apuesta renovable es posible. España es un buen ejemplo: el potencial de sus renovables es enorme. En Grecia perdimos años, podríamos haber promovido las renovables mucho antes para no enfrentar los costos del gas y la electricidad que sufrimos hoy. Tenemos un gran problema de pobreza energética. Así que sí, lleva tiempo, pero es una cuestión de voluntad política.

Me interesa su viaje a Groenlandia, porque es un caso que ejemplifica muy bien el dilema entre explotar los recursos estratégicos o no. La isla tiene una gran riqueza mineral, pero muchos se resisten a explotarla por el impacto medioambiental. El debate también existe en Europa, lo vemos en España con movimientos como el de “Renovables sí, pero no así”. Queremos que se preserven nuestros bosques y montañas, pero también necesitamos recursos para la transición energética. ¿Cómo enfrenta este dilema su partido?

Una de las conclusiones que sacamos de ese viaje es que será extremadamente importante tener una asociación estratégica más sólida —ya está en los planes— entre la UE y su sector de los minerales y materias primas. Ellos quieren trabajar con la Unión Europea, pero de una manera responsable. El riesgo cero no existe, somos realistas, pero minimizar los riesgos es extremadamente importante y posible mediante una cooperación responsable con las comunidades locales. 

El otro elemento es el precio. Por supuesto, esta es una cuestión más compleja porque no se puede crear un monopolio de explotación ni nada parecido. Pero Groenlandia es uno de esos casos donde la Unión Europea puede demostrar un modelo responsable de explotación de materias primas, y ellos están abiertos a eso siempre que haya garantías de que su entorno no será destruido.

Si queremos tener una voz creíble, la Unión Europea no puede cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo en Gaza

Antes ha mencionado también el doble rasero de la Unión Europea para Ucrania e Israel. Sin embargo, ustedes los Verdes también están divididos al respecto. Hay unidad en el apoyo a Ucrania, pero algunos representantes no critican a Israel, incluso lo defienden, y no están tan dispuestos a defender a Gaza. ¿Cómo están gestionando esta división interna?

Muchos partidos sufren esta división. Está muy ligada al contexto nacional y no debemos esconderlo. Es cierto que tenemos muchos debates dentro del grupo al respecto de Palestina. Pero puedo decir que en el nuevo comité que copresido junto con mi compañero Ciarán Cuffe, de Irlanda, reconocemos que lo que está ocurriendo en Gaza no solo es inaceptable, es insoportable a todos los niveles. La Unión Europea no puede seguir mirando hacia otro lado.

Debemos elevar nuestra voz y aceptar que no podemos tener dobles estándares. Nuestro partido cada vez tiene una voz más unida, como hemos expresado en diferentes congresos. Esto no es solo una cuestión política, es una cuestión de conciencia. Si queremos tener una voz creíble en la Unión Europea, no podemos cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo en Gaza. La falta de acceso a alimentos, el asesinato de personas inocentes, el ataque a hospitales… es inaceptable. Y lo peor es que Netanyahu se siente reforzado por el apoyo de Donald Trump. 

Nos comprometemos a presionar a través de la Corte Penal Internacional tanto a Netanyahu como a otros implicados. Y queremos ver que sus actos tienen consecuencias. Si la Unión Europea sigue hablando sin actuar, tendremos un serio problema. Hay formas de presionar económica y políticamente. No basta con decir que la UE es el mayor donante a los palestinos. Muchas gracias, pero eso no es suficiente.

¿Qué acciones concretas proponen?

Hay que abordar el Acuerdo de Asociación UE-Israel. En el partido estamos debatiendo qué hacer con él, creo que optaremos por apoyar congelarlo o revisarlo. Es lo mínimo. Luego está el tema de las armas que algunos países siguen vendiendo a Israel. Eso debe terminar. No podemos seguir alimentando las acciones de Netanyahu.

La Unión Europea debe dejar de cargarle toda la responsabilidad a los estadounidenses. El problema es que Europa no habla con una sola voz. Josep Borrell [el anterior alto representante para la Política Exterior de la UE] publicó recientemente un artículo muy bueno denunciando los crímenes en Gaza, pero en su partido, los socialistas, también existen divisiones al respecto. En mi propio país, denuncié al primer ministro Mitsotakis cuando fue recientemente a Israel y le dijo a Netanyahu que “compartimos los mismos valores”. 

Esto conecta con tu primera pregunta: la política de defensa y la política exterior no deben estar separadas. La UE debe tener una política exterior común. De lo contrario, siempre dependeremos de Estados Unidos. Los votantes, especialmente los jóvenes, no entienden este doble rasero. Han perdido la confianza en nosotros. Preguntan, con razón: ¿cómo podemos creer en los valores europeos cuando Gaza está siendo tratada así? No nos lo podemos permitir. 

Los Verdes perdieron alrededor de veinte escaños en el Parlamento Europeo en las últimas elecciones, en 2024. ¿Estamos ante un retroceso en el apoyo verde? 

Sí. Soy muy crítica con lo que pasó porque he sido secretario general del grupo durante mucho tiempo. He visto los momentos de auge de 2019 y los de caída en 2024. Es fundamental que el Partido Verde Europeo abra un debate profundo sobre por qué perdimos apoyo y cómo podemos abordar nuestras contradicciones. El cambio climático y las crisis medioambientales están en lo más alto de la agenda, son nuestros temas, y sin embargo no hemos logrado capitalizarlos.Tenemos que cambiar nuestro relato, debe estar más conectado con la vida de la gente. Las soluciones existen, pero tenemos que comunicarlas de otra manera. 

No todo ha sido negativo. Gracias al trabajo del Partido Verde Europeo en los últimos cinco años logramos incorporar a diez nuevos eurodiputados del sur y este de Europa, lo cual ayudó a compensar las pérdidas en Francia y Alemania. Parte de la pérdida también proviene de estar en el Gobierno en Alemania. La gente acepta las concesiones que hacen los socialdemócratas o de los democristianos, pero no de nosotros. Esperan que cumplamos íntegramente nuestros principios, pero si somos el socio minoritario en una coalición, tendremos que llegar a compromisos. Además, hemos sido blanco durante los últimos dos años y medio de una campaña de la derecha y la extrema derecha contra el Pacto Verde, una campaña simplista, pero efectiva. 

Aun así, tengo confianza en que nos vamos a recuperar. Recuperaremos a los votantes jóvenes si mostramos claramente en qué nos diferenciamos de los demás partidos. El greenwashing no es suficiente. Nosotros no somos solo medioambiente: también somos la familia política más proeuropea y la única que no colabora con Gobiernos de extrema derecha. Luchamos contra la corrupción. Tenemos estándares éticos muy altos. Creo que hay espacio político para nosotros.

El partido debe empezar a hacer campaña ya pensando en 2029. Hemos acordado identificar los mensajes comunes que queremos transmitir a la ciudadanía, para que entiendan claramente qué queremos lograr, incluso en estos tiempos difíciles. Y le adelanto que España es una de nuestras prioridades. 

¿Por qué España es prioritario para los Verdes?

Es un país muy importante, tenemos muchos socios allí. Tres formaciones son miembros plenos o asociados de nuestro partido. Tenemos una excelente relación con Sumar y Yolanda Díaz. Vemos a España con esperanza, porque ha resistido el avance de la extrema derecha. Creemos que en los países del sur hay un verdadero potencial para nuestra agenda política, especialmente entre los sectores proeuropeos. Invertí cinco años en Italia antes de que lográramos cuatro eurodiputados, y hoy los italianos ya no nos necesitan. Amo el sur, y España es nuestro próximo objetivo.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.

Jara Monter

Monzón, 2000. Graduada en Periodismo y Humanidades y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos, ambos por la UC3M. Interesada en la geopolítica, la seguridad, Oriente Próximo y la vinculación entre política, cultura y dinámicas sociales.