Europa necesita rearmarse ante la vuelta de Trump. No lo conseguirá

La guerra de Ucrania y el regreso de Donald Trump han reavivado el debate sobre la seguridad y defensa en la Unión Europea. En los últimos años se han lanzado iniciativas para fortalecer la industria, pero sigue faltando consenso entre los Estados miembros. Sin un proyecto claro, Europa será más débil en un mundo más inestable.
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Europa necesita rearmarse ante la vuelta de Trump. No lo conseguirá
Un soldado polaco durante un ejercicio de la OTAN en 2020. Fuente: Timothy Hamlin/Ejército de Estados Unidos (Wikimedia Commons)

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Si la anexión rusa de Crimea en 2014 avisaba de un cambio geopolítico que evidenciaba la fragilidad de la seguridad europea, la invasión de Ucrania en 2022 encendió todas las alarmas. Europa volvía a presenciar una guerra a gran escala. Desde entonces, el elevado consumo de municiones y el alto ritmo de las operaciones militares ha supuesto un golpe de realidad para muchos ejércitos europeos, evidenciando su incapacidad para defenderse de un conflicto de tal magnitud.
Por otro lado, Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca con su habitual estrategia de confrontación y sus reiteradas amenazas para que los aliados aumenten el gasto en defensa. A ello se suma su reciente impulso a unas negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, en las que Europa ha quedado relegada. El regreso del republicano ha impulsado a los líderes europeos a tomar conciencia de que la seguridad del continente depende de fortalecer sus capacidades militares y diseñar una nueva arquitectura de seguridad.
Sin embargo, aunque tiene iniciativas en marcha, la Unión Europea todavía no va en la dirección correcta. Todavía falta consenso, una visión estratégica clara y capacidades militares autónomas, mientras mantiene su dependencia de Estados Unidos. Todo ello indica que el bloque sigue lejos de poder asumir plenamente su propia defensa, al menos a corto y medio plazo.
Hacia una Europa más autónoma
Antes de la guerra en Ucrania, se consideraba que los conflictos de alta intensidad y la guerra industrial eran cosa del pasado. Las guerras en Afganistán, Irak y Siria, marcadas por la asimetría de fuerzas y las tácticas no convencionales, llevaron a los ejércitos europeos a orientar sus capacidades militares hacia operaciones expedicionarias y de baja intensidad. Eso, sumado a la dependencia de Estados Unidos, debilitó su capacidad para sostener guerras prolongadas. Hoy, muchos ejércitos europeos siguen sin contar con los medios necesarios para afrontar por sí solos un conflicto de gran magnitud y duración, ...

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Juan Rivas

Cádiz, 2000. Politólogo por la Universidad de Granada y Máster en Pensamiento Estratégico por la Universidad de Granada y el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra. Especializado en Estudios Estratégicos y Militares, con especial interés en Afganistán y sus dinámicas.