La incertidumbre aumenta en el orden internacional. Retos como el retroceso de la democracia o el cambio climático son amenazas para el presente y el futuro de la humanidad, que se agravan con la incapacidad de los gobernantes para liderar las respuestas. El resultado no son sólo crisis simultáneas, sino también la incapacidad de abordarlas para ofrecer otros horizontes.
Moisés Naím (Trípoli, Libia, 1952), conocido analista y escritor venezolano, busca claves para entender esos retos. Doctor por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, fue ministro de Industria y Comercio, director del Banco Central de Venezuela y director ejecutivo del Banco Mundial, así como editor jefe de la revista Foreign Policy. Hoy es miembro distinguido del think tank Carnegie Endowment for International Peace y director del programa de televisión Efecto Naím, sobre asuntos internacionales. Su último libro, Lo que nos está pasando (Debate), recoge sus columnas y visión del mundo de 2016 a 2023.
PREGUNTA – En el prólogo del libro habla usted de años y acontecimientos que definen épocas: 1789, 1945, 1989… ¿Qué año y acontecimiento están marcando nuestro tiempo?
RESPUESTA – Las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Si gana Donald Trump y si tiene el control del poder legislativo, el mundo va a cambiar de manera significativa. También están los dos grandes temas que trascienden fronteras: el cambio climático y la inteligencia artificial. Todavía hay demasiada gente que no se ha dado cuenta de lo profundos, permanentes e inéditos que son los cambios que van a producir.
También hablaba usted de “movimientos telúricos” que crean amenazas pero que en el momento pasan desapercibidos. ¿Ha detectado usted alguno reciente que pueda generar amenazas en un futuro?
Sí, y lo estoy escribiendo en un libro que sale el primer trimestre de 2025 y sobre el cual no puedo hablar.
Pero estamos de acuerdo en que están pasando muchas cosas. Usted afirma que vivimos en una crisis de ansiedad precisamente por no saber lo que nos está pasando.
Le pedí prestada sin permiso la frase a Ortega y Gasset, que en los años treinta en Europa vio venir la inestabilidad y eventualmente la guerra: “No sabemos lo que nos está pasando, y eso es exactamente lo que nos está pasando”. Sabemos que hay problemas importantísimos que estaban allí, pero no habían entrado en ebullición.
El cambio climático es un ejemplo de una transformación profunda que va a sufrir la sociedad, la economía, las relaciones internacionales y el sistema mundial. La inteligencia artificial no ha sido suficientemente entendida y nos va a traer sorpresas constantemente, tanto positivas como negativas.
“Trump, Putin, Modi o Bolsonaro tienen en común las tres P: polarización, populismo y posverdad”
El punto es que están sucediendo muchas cosas por primera vez y para las que no estamos preparados. Mucha gente cree que esto no es nada nuevo, que el mundo está cambiando siempre y este es un cambio más. Yo difiero: creo que vivimos un cambio de época.
Sus dos libros anteriores mostraban ya un cambio de tendencia. ¿Trump, Putin, Modi, Bolsonaro y compañía son síntomas pasajeros de estos tiempos o es hacia donde nos dirigimos?
Lo que tienen en común es que son “líderes tres P”: la polarización, el populismo y la posverdad. Lo expliqué en el libro La revancha de los poderosos. El populismo ha existido siempre y es la vieja idea de “divide y vencerás”. Lo estamos viendo en el siglo XXI, pero es una idea muy antigua, y ha adquirido mayor importancia puesto que viene potenciado por la polarización.
¿Por qué cree que la democracia y el Estado de derecho han retrocedido a nivel internacional?
Por una razón muy potente: lo difícil que está resultando tener éxito para los gobernantes. Los resultados van a ser más importantes que en el pasado. Antes la gente parecía ser más inmune a las promesas que después no se cumplían. Ahora les están pidiendo que rindan cuentas.
Usted plantea que hay una crisis tanto de liderazgos como de seguidores; recesión de la democracia y falta de respuesta. Entonces ¿cómo protegemos las democracias frente a las tendencias autoritarias?
Con más democracia. La vieja tipología de izquierda y derecha no nos está ayudando. Hemos visto líderes de derecha tomando y adoptando políticas de izquierda, y políticos de izquierda adoptando políticas de derecha. Derecha e izquierda no te ayudan a entender qué debes hacer ni a pronosticar lo que va a pasar.
¿Qué sí funciona? Pensar en términos de “democracia versus autocracia”. Un problema en esa definición es que ahora todos quieren pasar por demócratas. ¿Por qué tienen que hacer tantos trucos Putin o Maduro para mostrar que son demócratas? ¿Por qué tienen que hacer elecciones? ¿Por qué Putin necesita hacer elecciones que va a ganar con el 90%? Son contorsiones institucionales para parecer, es un andamiaje de escenografía democrática que esconde prácticas autoritarias.
Hasta ahora el referente de la democracia ha sido Estados Unidos. Usted llegó a considerar el asalto al Capitolio como un posible resurgimiento democrático en el país. ¿Por qué?
Por la indignación que yo veía. Había mucha gente que estaba indignada por lo que estaba sucediendo. Era inaceptable: eso ocurre en repúblicas bananeras, no en la democracia del país más influyente del mundo. Por eso las elecciones de noviembre van a definir muchas cosas. Un Putin en la Casa Blanca va a cambiar el mundo de una manera mucho más profunda.
Casi cuatro años después del asalto al Capitolio, Trump puede volver al poder. ¿Sigue pensando lo mismo que pensaba en su momento respecto al asalto al Capitolio?
Sí. Hay un dato que no ha sido suficientemente mencionado: esos que violentaron el Capitolio fueron llevados a juicio y les han dado unas condenas larguísimas. Veinte años, treinta años, y con el apoyo y el aplauso de la gente salvo de Trump, que ha dicho que si es presidente les va a conmutar la sentencia. Pero a mí me sorprendió lo feroz que fue la penalización de quienes ilegalmente atacaron.
¿Cómo evalúa la democracia estadounidense de cara a estas elecciones?
Está en peligro de extinción. Trump ha retomado su idea de sacar del país a millones de inmigrantes ilegales. Solo la logística ya va a cambiar el país: anda tú a ver cómo haces para recoger doce millones de personas sueltas por Estados Unidos montándolas en aviones, autobuses y en camiones, y llevándolas a la frontera. ¿Qué va a pasar con México y Canadá si eso ocurre?
También se habla de que se está cocinando a fuego lento una guerra civil en Estados Unidos. Usted mismo lo ha planteado. ¿Cómo cree que podría darse?
Primero hay que reconocer que las guerras civiles son entre militares. En Estados Unidos está prohibido que las Fuerzas Armadas entren en conflictos internos. Trump no puede utilizar las Fuerzas Armadas, está prohibido por la Constitución, pero lo que sí podremos ver, si no es una guerra civil, es que [si pierde las elecciones contra Joe Biden] va a sacar a su gente en la calle. Vamos a ver cuántos salen, qué hacen y cómo manejan el registro y la logística electoral.
Y tanto con el precedente del asalto al Capitolio como con las milicias que están armadas, ¿una calentura de Trump si pierde las elecciones no se podría prestar para un levantamiento espontáneo?
Claro, la pregunta es si lo siguen o no. Si lo siguen 2.000 tipos radicales de derecha y de la supremacía blanca, si son 2.000 personas o 10.000, si están concentrados o desperdigados… Hay todo tipo de preguntas, pero lo va a determinar su guía espiritual, que es Trump.
Hablamos de China. Usted advierte del dominio económico y el modelo autoritario chinos y de cómo sus crisis internas podrían afectar al mundo. ¿Nos dirigimos hacia un conflicto entre ambas potencias?
El conflicto ya existe, está en plena formación. No es un conflicto abierto, pero a nivel económico hay una guerra comercial importante. No es una hipótesis.
¿Puede trasladarse a otros frentes?
Yo creo que no, pero uno nunca sabe. Ahí está la trampa de Tucídides, que dijo que la tensión entre una potencia arraigada y un adversario nuevo siempre genera guerras. Hay quienes creen que eso sigue siendo válido y otros que no. Yo espero que no. Esta es la relación bilateral más importante de la humanidad. Va a haber todo tipo de desencuentros, conflictos, fricciones…, pero no alcanza una guerra importante. Estos dos países están condenados a estar enfrentados y coordinados.
Hablemos también de América Latina. Usted ha criticado el continuismo por las experiencias populistas de la región, sobre todo haciendo énfasis en la necesidad de un solo periodo presidencial. ¿Por qué en la región ha vendido tanto el populismo?
El populismo no es latinoamericano, es mundial. Los latinoamericanos lo han practicado con fruición e irresponsabilidad, pero aquí el tema es continuismo versus populismo. El populismo, por supuesto, tiene dimensiones inaceptables, cuando adopta orientaciones autocráticas y violentas. Pero yo puedo perfectamente vivir con el populismo si sé que tiene fecha de caducidad. Tuviste tus cinco años, gobernaste mal o bien y vete, tú y tus familiares.
No es del todo bueno, pero tiene ventajas: nadie puede llegar a la presidencia pensando que se va a quedar. Pero lo que estamos viendo es que estos populistas lo primero que hacen cuando llegan al poder es socavar la democracia y olvidarse de que la democracia no es lo que ocurre entre un día y otro de elecciones, sino de lo que ocurre durante.
¿Por qué se da el fenómeno en América Latina?
Por la falta de desempeño de todos estos Gobiernos. Han hecho promesas que no han cumplido, tienen emergencias y problemas que no saben resolver, no están cerca del pueblo, son corruptos… Hay una larga lista de quejas y reclamos contra los Gobiernos que no rinden. Como la gente reacciona, para tener resultados y legitimidad se inventan las “tres P”.
Usted dice en el libro que “cuando el sistema político aprende a defenestrar los jefes de Estado, se acostumbra a hacerlo periódicamente”. Y menciona los ejemplos de países centroamericanos y Perú. ¿Cómo estabilizar las democracias en la región?
Hay que hacer la política menos tóxica. Yo creo mucho en los límites: te voy a dar cinco años, trata de hacer lo mejor que puedas. Eso para mí es una prioridad más allá de las elecciones. Y cuidado con la antipolítica: la idea de que todo es malo, todo fracasó, todo es corrupto, todo es inaceptable… Tiene mucho de verdad, pero hay que tener mucho cuidado de que se convierta en la narrativa de un país. La antipolítica es muy peligrosa y la estamos viendo en Perú, Argentina, Colombia…
No puedo dejar de preguntarle por Venezuela. En una columna titula que “el problema en Venezuela no es el socialismo”. ¿Qué ha llevado a Venezuela a colapsar?
No quiero decir que los instintos socialistas y comunistas de Hugo Chávez no tuvieron un rol, pero lo fundamental no fue solo eso. Se acompaña del hecho de que Venezuela es un país ocupado por una potencia extranjera, Cuba. Llevan veinte años de una colaboración estrecha. Pocas decisiones importantes se toman en el Gobierno de Maduro no pasan por los cubanos, que proponen o aprueban. Ahí también hay muchas cosas, como un crimen organizado de ambas partes.
El próximo domingo 28 de julio habrá elecciones y la oposición se ha unido en torno a Edmundo González Urrutia, que según algunos sondeos supera en intención de voto a Nicolás Maduro. ¿Qué espera de estas elecciones?
“No veo que el chavismo vaya a ceder el poder tras unas elecciones. Pero la vida te da sorpresas”
Primero, ojalá no haya violencia. Segundo, que los abusos que está cometiendo el régimen de Maduro en torcer el proceso electoral sean conocidos por el mundo y que Maduro sea reconocido como un dictador nefasto y torturador. Cuando pensábamos que en América Latina la tortura ya no era un instrumento de Estado, Maduro está siendo, con la ayuda tecnológica y el conocimiento cubano, un practicante eximio de la tortura selectiva, del terrorismo, etcétera. Van a tener que hacer de todo para continuar en el poder y vamos a ver si lo logran.
¿Se imagina una Venezuela sin chavismo?
Depende de qué signifique el chavismo. Los militares que manejan la tortura y la represión son chavismo, pero al mismo tiempo serán algo difícil de tragar. Yo no veo que el chavismo, el grupo, la oligarquía que ahora domina la política en Venezuela ceda el poder con base en unas elecciones. Pero la vida te da sorpresas.





