Venezuela vive una nueva crisis política desde el pasado 28 de julio. El Gobierno de Nicolás Maduro se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales sin pruebas y el candidato opositor, Edmundo González, ha tenido que pedir asilo en España. La ONU acaba de publicar un informe que recoge la represión estatal tras las elecciones. Ahora la oposición liderada por María Corina Machado, que publicó las actas electorales que demuestran el fraude de Maduro, busca el reconocimiento internacional de González como presidente electo. Ya lo han hecho de manera simbólica el Parlamento Europeo y el español, por iniciativa del Partido Popular, en oposición al Gobierno de Pedro Sánchez.
Una de las figuras más vocales de la oposición venezolana en el exilio ha sido Julio Borges (Caracas, 1969). Fue presidente de la Asamblea Nacional, recibió el Premio Sajárov en 2017 y después se encargó de las relaciones exteriores del Gobierno paralelo de Juan Guaidó. Borges ha responsabilizado al régimen de Maduro y al expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero de coaccionar a González para que saliera de Venezuela. Desde España, atiende a El Orden Mundial para hablar sobre la crisis actual en su país.
PREGUNTA – Han pasado semanas desde las elecciones en Venezuela y usted ha dicho que Maduro no tiene “ni piso político, ni piso internacional, ni piso militar”. ¿Por qué entonces sigue en el poder?
“Maduro está en una posición de equilibrio que se le rompe en cualquier momento”
RESPUESTA – Hay una razón fundamentalmente geopolítica. El problema de Venezuela desde hace muchos años dejó de ser entre venezolanos, como han podido vivir Colombia, Argentina o Chile, donde eran problemas locales que estaban en un contexto internacional. Pero hoy por hoy en el caso de Venezuela se está gestando la nueva geopolítica del siglo XXI. Y es el hecho de que Venezuela, simplemente por el afán de Maduro de conservar el poder y su alianza con socios como Cuba, le ha abierto las puertas a países ajenos a la realidad latinoamericana y que representan un soporte muy importante. Me refiero principalmente a Rusia e Irán, y dejaría a China un poco apartado pero también es parte de ese ecosistema.
Venezuela es un territorio sumamente atractivo, es un socio para estos países. ¿Qué le dan a Maduro? En un primer momento dinero, préstamos. Hoy ese flujo de dinero legal ha parado, pero sigue habiendo ayuda en términos de economía negra, evasión de sanciones y, lo más importante, el aparataje de asesoría y represión totalitaria que está instalado en Venezuela. Mucha gente pensará que es una exageración, pero esa presencia y esa asesoría es a mi modo de ver la causa principal por la cual Maduro se mantiene en el poder.
En estos años la situación de Maduro ha cambiado. Las elecciones de 2013 fueron cuestionadas, las de 2018 fueron muy poco reconocidas, después hubo un Gobierno paralelo de Juan Guaidó y ahora Maduro está atrincherándose en el poder. ¿Está cada vez más acorralado o cuál es su estrategia?
Maduro ha tenido tres elecciones presidenciales y las tres han sido cuestionadas. La primera fue con Henrique Capriles en 2013, donde claramente se logró vencer a Maduro y ellos mantuvieron los resultados finales en una zona gris. Luego en 2018 boicoteamos la elección tras no haber llegado a un acuerdo en República Dominicana donde yo era jefe en las negociaciones, y el mundo entero deslegitimó a Maduro. Eso abrió la puerta al periodo de Guaidó. Y esta tercera elección él se la ha robado abiertamente.
Maduro ha tenido avances y retrocesos de legitimidad, pero ahora perdió todo lo que había logrado. Está retrocediendo aceleradamente y va a quedar aislado incluso de la izquierda democrática del mundo, como México, Colombia, Brasil y España. Son grandes interrogantes, pero la expresión que han tenido es de ir también contra el robo de las elecciones, y eso coloca a Maduro en una situación internacional e interna muy frágil. Está en una posición de equilibrio que se le rompe en cualquier momento.
Y si Maduro está en esa situación y ha pasado por otras complicadas, ¿por qué la oposición no ha conseguido llegar al poder?
Esto es un juego con varios tableros. En el tablero de la política hemos logrado cosas heroicas, y no sólo la oposición: me refiero al pueblo venezolano. La gente salió a votar sin miedo a pesar de las represalias. Sabiendo que Maduro gobierna y controla todo el aparato de represión, la gente votó en las primarias, en las elecciones y después salió a protestar. Ahora hay una situación de hecho en la cual la política queda corta y toca responder también con la misma presión con la que Maduro está actuando, buscar que las grietas del régimen se terminen convirtiendo en fracturas y que haya una implosión que permita una transición. Ha sucedido en muchas dictaduras y Maduro no va a quedar exento de esa dinámica.
¿Cuáles son esas grietas del régimen?
Hay una grieta que quedó muy en evidencia, y es que Maduro no tiene apoyo popular ni internacional. Pero hay otra muy importante, que es la de las Fuerzas Armadas y su círculo de apoyo político. Una grieta con el movimiento chavista original que hay que convertir en fractura. Maduro se ha divorciado del grupo chavista y ha convertido esto en su propio proyecto. Un ejemplo: el embajador en México, Francisco Arias Cárdenas, es un general del movimiento original de Chávez y salió a decir que aquí hubo trampa, que había que contar las actas y que el proceso estaba totalmente viciado. Maduro nunca le contestó, sigue siendo el embajador y una de las figuras más importantes del chavismo. Eso es una muestra clara de que ya hay un cortocircuito grande sobre el cual hay que seguir insistiendo a nivel político y militar.
¿Cómo piensa la oposición convertir esas grietas en rupturas?
Es un trabajo de orquesta. Ahí entran los países del mundo libre, las reuniones de la Asamblea General de Naciones Unidas que comienzan ahora en septiembre y el Parlamento Europeo reconociendo a Edmundo. También los Gobiernos de izquierda diciendo que Maduro se robó la elección, haciendo una clara ruptura y aislándolo a ese cuadrante totalitario y tóxico, y la presión interna, que pese a la represión sigue viva. La suma de esas relaciones, más la necesidad de sanciones sobre gente que maneja el negocio petrolero, de la corrupción o de la droga, va generando ese impacto y creando esa posibilidad de fractura. Y uno no sabe: el ladrillo que menos espera en un momento dado termina por tumbar el edificio. Lo importante es perseverar.
¿Esperan a estas alturas que el oficialismo y el Consejo Nacional Electoral publiquen las actas o ya es más bien un eslogan?
Bueno, es que las actas ya están publicadas. La estrategia de Maduro era quitarnos la posibilidad de tener las actas, pero se logró recuperar prácticamente el 100% y tener los mecanismos para certificar que eran reales. Ellos han hecho toda una cantidad de operativos donde llevan cajas, se ponen tapabocas, revisan unos papeles y al final nunca mostraron nada porque no lo tienen. Y no lo tienen porque saben que las actas verdaderas están publicadas, son las que dan el triunfo a Maria Corina y Edmundo duplicando en votos a Maduro. Probablemente ellos no presenten nada, y si lo hacen será comprobable que es falso.
Mientras tanto, a nivel internacional el Gobierno de España le otorgó asilo al candidato Edmundo González, pero ha surgido un debate sobre si reconocerlo como presidente electo entre el Ejecutivo del PSOE y la oposición del PP. ¿Qué le conviene a la oposición venezolana?
A nosotros nos conviene que sobre el tema venezolano haya un consenso de todas las visiones políticas. Ya logramos deslegitimar a Maduro en 2018 y después hubo el reconocimiento a la Asamblea Nacional en la inmensa mayoría de los países. Para nosotros es muy importante que eso se mantenga, por ejemplo, a nivel de demócratas y republicanos en Estados Unidos o del PSOE y el PP en España. En el caso de España, Sánchez tiene una papa caliente y debería reconocer a Edmundo González como presidente electo.
Usted también mencionaba la resolución del Parlamento Europeo sobre el reconocimiento a Edmundo González. ¿Qué diferencia esperan con el caso de Juan Guaidó?
Ahí quizá la gente tiene cierta confusión. En el caso de Juan Guaidó nos negamos ir a unas elecciones de 2018 que estaban totalmente amañadas, Maduro corrió solo y la comunidad internacional las desconoció. Eso legitimó al único órgano representativo que existía, la Asamblea Nacional, y le dio esa plataforma política del Gobierno interino.
Ahora la situación es muy distinta y mucho más clara. Tenemos una elección en la cual se votó 70-30 y que hubiera sido 90-10 si se agregaran los venezolanos que están afuera y que no pudieron votar. Estamos hablando de tres millones de venezolanos. Esa realidad electoral hace que el juego sea totalmente diferente. Pero para ser muy claro: no está planteado repetir una especie de Gobierno interino de Edmundo González en el exterior. Esa idea no tiene oportunidad en este momento, aunque haya mucha más fuerza porque nació en las elecciones. Se trata de reconocer que Edmundo Gonzalez y María Corina Machado lograron vencer y que Edmundo es el presidente electo por los venezolanos.
Toda esta situación también ha generado una tensión diplomática entre España y Venezuela. Incluso las autoridades venezolanas detuvieron a dos ciudadanos españoles acusándolos de “terroristas” y de estar vinculados con el CNI. El Gobierno español negó las acusaciones. ¿Usted cómo lo interpreta?
Es algo aberrante porque es jugar con la dignidad de las personas y convertirlas en objetos, como hemos visto en otros procesos. Aquí no se trata de personas detenidas por un sistmea judicial, son secuestrados: ciudadanos norteamericanos, españoles y uno de la República Checa. Se hace simplemente para meter más fichas en la negociación y presionar en este caso a Estados Unidos y España. Yo he estado en procesos de negociación y, al final, ellos quieren que tengan como centro a los presos políticos. Es decir, juegan con su libertad sin ir al fondo de las condiciones electorales o de los derechos humanos. Es un sistema de puertas giratorias: sueltan a unos presos políticos, pero meten otros y siempre tienen esa mercancía humana.
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El presidente de la Asamblea venezolana pidió romper relaciones con España y el ministro de Exteriores llamó a consultas al embajador. [Más recientemente, Maduro acusó al Gobierno de Sánchez de querer derrocarlo]. ¿Espera que la relación entre los dos países se afecte aún más?
Es una prueba de fuego para el Gobierno de España. Maduro, Jorge Rodríguez y toda esa cúpula podrida que gobierna Venezuela está poniendo en el precipicio las relaciones España-Venezuela al tratar de echar para atrás el reconocimiento a Edmundo González como presidente electo. Lo sensato es que el Gobierno español no caiga en ese chantaje sino que esté por encima y que prevalezcan los valores de la defensa de la democracia y los derechos humanos.
¿Cómo valora el papel del expresidente Zapatero tanto en las negociaciones como en la relación de España con Venezuela?
Nos preocupa mucho la figura de Zapatero. Ha estado en la sombra haciéndole de nuevo el lobby y la negociación a Maduro. Es un perturbador completo del interés democrático de Venezuela y es increíble que a estas alturas siga haciendo ese daño, lo cual también debería tener un repudio muy claro del Estado y las instituciones españolas.
Es muy sospechoso que Zapatero estuviera el día de las elecciones como “observador” y no ha dicho qué pasó. ¿Qué fue lo que vivió? ¿Piensa absurdamente que ganó Maduro o vio a un pueblo que votó por un cambio democratico? Increíblemente no ha respondido y, en vez de hacerlo, ahora parece ser el mediador de la salida de Edmundo. Yo lo describo como el policía bueno y el policía malo de las películas. Maduro es el policía malo: le pone una pistola en la cabeza a Edmundo, amenaza a su familia y con meterlo preso y torturarlo. Después se va y viene el policía bueno, Zapatero, y le dice “mira, estás metido en un problema grave, yo te puedo ayudar”, y termina siendo tan perverso como el malo. Los dos están jugando en equipo.
Los Gobiernos de Colombia, Brasil y México también han estado involucrados en la crisis política venezolana. ¿Están haciendo lo suficiente o tendrían que seguir los pasos de Chile?
El caso de Chile es un ejemplo que apreciamos. Se trata de un presidente de izquierda que es demócrata, que ha llamado las cosas por su nombre. Recordemos que ha habido venezolanos en Chile asesinados por el régimen. Es decir, Chile ha vivido la dictadura de Maduro, y por eso la posición del presidente [Gabriel] Boric es ejemplarizante para otros Gobiernos de izquierda democrática como los de [Gustavo] Petro o Lula. Espero que lleguen a ser nítidos y que ayuden a solucionar o que tengan una posición a rajatabla de desligarse y presionar a Maduro. Maduro no es un tema de derecha o izquierda, sino de un ser repugnante, corrupto, totalitario, enmarcado en una agenda geopolítica que tampoco es de derechas o de izquierdas, sino antidemocrática, anti-Occidente. La izquierda internacional debería medirlo sobre ese prisma.
Hablando de Occidente, Donald Trump y Kamala Harris están compitiendo por la presidencia en Estados Unidos. De hecho, la toma de posesión sería diez días después de la de Maduro o González en Venezuela en enero. ¿Qué postura cree que tomen uno u otra frente a la crisis política venezolana?
Trump fue muy a la ofensiva con el tema venezolano. Si gana las elecciones, esperamos que mantenga una posición de lograr esa como sea la salida de Maduro. Pero como hablábamos antes, esperamos que el tema venezolano sea bipartidista. Si gana Kamala Harris, que sepa que no se puede convivir con Maduro y que la única posibilidad de lograr algo positivo en Venezuela es con su salida. No hay manera de avanzar o de lograr estabilidad y democracia, de parar la migración o de producir petróleo para Occidente sin la salida de Maduro. La izquierda internacional tiene que entenderlo para que no se le permita hacer lo que le da la gana, como ha pasado con Cuba. Hoy por hoy Cuba es el origen de la enfermedad venezolana.
Sin embargo, el Gobierno de Joe Biden llegó a restablecer relaciones con Maduro para mantener el suministro del petróleo a raíz de la guerra de Ucrania. En un mundo cada vez más pragmático, ¿no podría repetirse este escenario con el nuevo Gobierno estadounidense?
Hablamos mucho de la debilidad internacional, política y militar de Maduro, pero también está la debilidad económica. Maduro tiene un país quebrado por la corrupción, sometido a la economía negra y a la economía criminal. Desde que se robó las elecciones ha habido una nueva devaluación gigantesca entre el dólar oficial y el dólar negro; eso significa para la gente inflación automática y brutal. Entonces los venezolanos esperamos que Estados Unidos o cualquier socio internacional del mundo libre no se preste a darle oxígeno incondicionalmente a Maduro, sino que todo esté sometido a presionarlo. Repito, no puede haber cambio real en Venezuela sin la salida de Maduro. Pero detrás hay un proyecto geopolítico de largo calado que pasa por Rusia, Irán, China, Cuba, Nicaragua y que busca desestabilizar la región entera.
¿Qué espera que pase a partir del 10 de enero? Si Maduro sigue en el poder, ¿qué pasos deberían dar la oposición y la comunidad internacional? Y si González Urrutia llega al Gobierno, ¿cuáles serán sus primeros grandes retos?
“Venezuela hoy por hoy ha dejado de ser un Estado”
La fecha del 10 de enero puede convertirse en una trampa para nosotros. En la narrativa pública se ha tratado de instalar que hay que ver el año que viene, pero es un problema de hoy. Los venezolanos todavía vivimos el 28 de julio, cuando Maduro perdió y se robó las elecciones. Lo que debemos lograr es mayor presión interna e internacional, mayor aislamiento y mayor fuerza para fracturar las grietas que tiene. Nosotros elegimos el voto y la democracia, que existe fundamentalmente para que pueda haber cambios de gobierno. El que escogió la violencia y la presión, el que ha cerrado las puertas a la paz, ha sido Maduro, no los venezolanos. Entonces desde ya esa presión tiene que intensificarse.
Y en el caso de Edmundo González, si asume la presidencia el 10 de enero, siempre he pensado que el principal reto que va a tener un Gobierno venezolano es el control territorial. Venezuela hoy por hoy ha dejado de ser un Estado. Lamentablemente, es un terreno gigantesco abierto a cuanta experiencia se pueda imaginar de narcotráfico, grupos irregulares, minería ilegal, corrupción, lavado de dinero, feudos de poder y países que están pululando con intereses en diferentes áreas. Entonces el principal reto es tan básico como lograr un control territorial para a partir de allí poder tener gobernabilidad.








Está clarísimo que Maduro no ganó. Pero oficializar y reconocer a Edmundo sin disponer de actas / pruebas puede ser un precedente muy peligroso para casos futuros.