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Cuando Rusia arrestó en 2022 a la jugadora de la NBA femenina Brittney Griner y la sentenció a nueve años de cárcel por un delito de drogas que en otros países habría sido considerado menor, todo apuntó a una motivación política. Moscú quería usarla como moneda de cambio. Tras diez meses de negociaciones con Washington, Griner acabó siendo intercambiada en diciembre por el traficante de armas ruso Víktor Bout, detenido en Tailandia en 2007 y encerrado en Estados Unidos desde 2011 por narcoterrorismo.
Se llama "diplomacia de rehenes" o "de los secuestros": encarcelar bajo cargos dudosos o ilegítimos a ciudadanos extranjeros para intercambiarlos por individuos detenidos en aquellos países o lograr concesiones. A diferencia de los secuestros a manos de grupos criminales o terroristas, los perpetradores son Gobiernos cuyo objetivo final son otros Gobiernos y los secuestrados son daños colaterales. Estados Unidos, el país más perjudicado, ha creado una distinción legal entre “rehenes” —secuestrados por actores no estatales— y “detenidos injustamente”, víctimas recientes como el periodista Evan Gershkovich de un fenómeno en aumento.
La diplomacia de los secuestros
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